El expresidente Alberto Fernández reapareció en la escena pública con un fuerte descargo político en el que defendió los logros de su administración en materia laboral y arremetió contra el rumbo económico de la gestión de Javier Milei.
Con una frase tajante dirigida hacia el electorado, el exmandatario afirmó que «votaron a su verdugo», contrastando el escenario adverso en el que le tocó gobernar con la actual parálisis de la actividad que golpea a los sectores productivos y genera despidos diariamente. Además, denunció que en el último período cerraron 30.000 empresas, el 90% de ellas pymes de menos de 10 empleados.
«Dejé la tasa de desempleo más baja de la democracia»: la defensa de Fernández
En su argumentación, Fernández reconoció que la inflación durante su mandato fue «dramática y un trauma», pero rescató que su gobierno priorizó la protección del poder adquisitivo de los trabajadores. «Dejé a la Argentina con la tasa de desempleo más baja de la historia de la democracia y con las paritarias funcionando siempre», subrayó, remarcando que nunca le puso límites a las negociaciones colectivas.
Según sus cifras, esa dinámica permitió que el salario real registrara un crecimiento de entre el 2% y el 2,5% en sus cuatro años de gestión, logrando ganarle formalmente a la suba de precios. El exmandatario intentó diferenciar su gestión de la actual, marcando que él priorizó el empleo y el poder adquisitivo por encima del ajuste fiscal.
Durísima crítica a Milei: «Votaron a su verdugo»
El eje central de su crítica se enfocó en el alarmante deterioro del entramado industrial y comercial del presente. El expresidente ironizó sobre los discursos oficiales que prometían soluciones mágicas para la macroeconomía y advirtió que el plan vigente ha sumido al país en un profundo estancamiento.
«Estamos en una economía estancada, sin crecimiento, sin producción y desatendiendo las economías regionales», denunció Fernández. Y lanzó su frase más contundente: «Votaron a su verdugo», en clara alusión a quienes apoyaron a Milei en las urnas. El exmandatario sostiene que el electorado eligió a quien terminaría perjudicando a los propios trabajadores y sectores populares.
El dato alarmante: 30.000 empresas cerraron, el 90% eran pymes
Para dimensionar la gravedad de la recesión interna, Fernández aportó un dato contundente sobre la destrucción de empresas en el último período: «Cerraron 30.000 empresas, y el 90% de ellas eran pymes de menos de 10 empleados». El dato, si se confirma, representaría una sangría para el tejido productivo argentino, históricamente compuesto por pequeñas y medianas empresas.
Con este diagnóstico, el dirigente peronista posicionó a su mandato como un período de resguardo para la industria nacional y el empleo formal, alertando que las políticas de ajuste actuales están desmantelando los sectores que sostienen el consumo y la clase media.
La inflación como trauma: Fernández reconoció el principal problema de su gestión
Fernández no eludió el principal fantasma de su gobierno: la inflación. Reconoció que fue «dramática y un trauma» para la sociedad argentina. Sin embargo, defendió que su administración logró mantener el empleo y el poder adquisitivo a pesar de la suba de precios.
«El salario real creció entre 2 y 2,5 puntos en cuatro años», afirmó. Para el exmandatario, ese es el principal diferencial con el gobierno de Milei: mientras en su gestión los trabajadores perdieron contra la inflación pero no contra el empleo, hoy estarían perdiendo en ambos frentes.
Un nuevo capítulo en la grieta: Fernández vuelve a la carga
La aparición de Alberto Fernández marca un nuevo capítulo en la grieta política argentina. El ex presidente, que había mantenido un perfil bajo desde el final de su mandato, decidió romper el silencio con duras críticas al gobierno de Javier Milei. Sus declaraciones buscan posicionarlo como un referente de la oposición peronista, en un momento donde el espacio político aún no definió sus liderazgos de cara a 2027.
La frase «votaron a su verdugo» ya comenzó a circular en redes sociales y generó reacciones encontradas. Mientras sus seguidores la celebran como una advertencia necesaria, sus detractores la califican como una muestra más de la falta de autocrítica del ex mandatario. El debate, como siempre, está servido.
