China sigue acelerando su programa de exploración lunar tripulada. El portavoz de la Agencia Espacial Tripulada de China (CMSA), Zhang Jingbo, declaró esta semana que el país asiático «no escatimará esfuerzos» para lograr el primer alunizaje chino antes de 2030, integrando los esfuerzos existentes en tres áreas clave: misiones, recursos y equipos.
Las declaraciones, recogidas por Space.com, se produjeron tras el exitoso lanzamiento de la misión Shenzhou-23, que se acopló a la estación espacial Tiangong el pasado fin de semana. Según Zhang, la estación espacial china lleva casi cuatro años funcionando de forma continua en órbita y ha desplegado y verificado tecnologías clave necesarias para el alunizaje tripulado.
El plan chino prevé el uso de dos vehículos principales para la misión lunar: la nave Mengzhou (que significa «Nave de ensueño»), diseñada para reemplazar a las actuales Shenzhou en viajes a la Luna, y el módulo de aterrizaje Lanyue («Abrazar la Luna»). Ambos deberán acoplarse de forma autónoma en la órbita lunar, un procedimiento que la Shenzhou-23 está perfeccionando en la Tiangong mediante encuentros rápidos automatizados.
Antes del alunizaje tripulado, China tiene previsto lanzar las misiones robóticas Chang’e 7 y Chang’e 8 entre este año y 2028, con el objetivo de investigar el polo sur lunar. La primera de estas podría despegar en agosto de 2026.
La carrera lunar se intensifica en paralelo con Estados Unidos. Mientras China avanza, la NASA enfrenta demoras en su programa Artemis —con el primer alunizaje desde 1972 previsto para principios de 2028—, y los recientes accidentes del Starship de SpaceX y del cohete New Glenn de Blue Origin pusieron de manifiesto los desafíos técnicos que aún enfrenta la agencia estadounidense.
China también trabaja en la construcción de la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS), una base científica habitada en la superficie de la Luna cuyo primer módulo estaría listo antes de 2035. Excluida de la Estación Espacial Internacional por decisión de Estados Unidos en 2011, China optó por desarrollar su propia infraestructura orbital y hoy consolida su camino hacia el satélite natural.
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