El fallo de la Corte Suprema que ejecutó la pena de prisión domiciliaria e inhabilitación perpetua contra la ex presidenta marcó un quiebre absoluto en el mapa político argentino
Entre reclamos de «proscripción» y fuertes tensiones internas en el peronismo, el kirchnerismo consolidó una campaña permanente por su liberación.
Este miércoles se cumple el primer aniversario del histórico fallo judicial de la Corte Suprema en la causa Vialidad, el cual ejecutó la condena a seis años de prisión e inhabilitación perpetua contra la ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner. Aquella resolución judicial generó un profundo cimbronazo en el tablero político e institucional del país, sumergiendo a las bases del kirchnerismo en un estado de shock y movilización constante. Las jornadas previas y posteriores a la confirmación de la pena se desarrollaron bajo un clima de marcada tensión social, con un Partido Justicialista —que la había ungido como su presidenta— en estado de alerta deliberativo ante lo que denunciaron públicamente como un intento de proscripción electoral.
El último discurso, tensiones internas y el búnker de Constitución
Días antes de que se formalizara el arresto, el 9 de junio, la ex jefa de Estado pronunció su último discurso de manera presencial en la emblemática sede partidaria de Matheu 130. En esa oportunidad, definió su inminente detención domiciliaria como un «certificado de dignidad» frente al acoso del que denominó el «Partido Judicial». Aquel acto también expuso las fisuras del peronismo: el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, se hizo presente para manifestar su solidaridad en medio de su conocida disputa política con Máximo Kirchner, pero fue recibido con hostilidad y provocaciones por parte de la militancia de La Cámpora.
Aunque inicialmente se evaluaron estrategias de resistencia colectiva para impedir el arresto, la idea fue rápidamente descartada por la propia ex mandataria, quien optó por recluirse a esperar la notificación en su departamento ubicado en San José 1111, en el barrio porteño de Constitución. Desde el 10 de diciembre, fecha en que se conoció el veredicto del máximo tribunal, esa esquina se transformó en un santuario de peregrinación militante, donde miles de seguidores instalaron guardias y vigilias que se prolongaron durante semanas. Entre el 10 y el 12 de junio, el conflicto social escaló con cortes masivos en los principales accesos a la Capital Federal promovidos por sindicatos y movimientos sociales. Finalmente, el 17 de junio, Cristina Kirchner recibió la notificación del arresto por vía virtual e inició formalmente el cumplimiento de la pena.
La controversia por las apariciones y el régimen de visitas
El cumplimiento de la prisión domiciliaria no estuvo exento de polémicas. El Tribunal Oral Federal 2 (TOF 2) dispuso el uso de una tobillera electrónica y severas restricciones para recibir visitas, medidas que desde el entorno kirchnerista catalogaron como un «trato degradante». No obstante, la atención pública se centró en el balcón del departamento de Constitución. Mientras desde el oficialismo conducido por Javier Milei celebraban la detención, la ex presidenta utilizaba ese espacio para saludar, gesticular e incluso bailar ante la militancia apostada en la calle, provocando el malestar de detractores y vecinos que acusaban una trivialización de la condena. La controversia se disipó luego de que las autoridades judiciales determinaran que podía hacer uso del balcón bajo criterios de «buen juicio, prudencia y sentido común».
El foco de conflicto más agudo se trasladó posteriormente al plano de las reuniones políticas domiciliarias. Al principio, la ex mandataria mantenía encuentros casi diarios con dirigentes en su vivienda, pero la filtración de una reunión política con nueve economistas encendió las alarmas de la oposición y de la Justicia, que argumentaban la incompatibilidad de tales actividades con su condición de condenada e inhabilitada. Ante esto, el TOF 2 endureció el régimen permitiendo un máximo de tres visitantes en simultáneo por un límite de dos horas. Hasta la fecha, según confirmaron fuentes judiciales a la Agencia Noticias Argentinas, todos los recursos presentados por la defensa para flexibilizar el confinamiento han sido rechazados. Al día de hoy, la consigna «Cristina Libre» comanda las acciones del ala dura del movimiento, profundizando las distancias con los sectores del peronismo que responden a Kicillof.
