Un informe de la consultora PxQ de Emmanuel Álvarez Agis encendió la polémica: advierte que los indicadores oficiales suben por el fuerte encarecimiento de las tarifas y los servicios básicos
El verdadero estado del consumo en la Argentina se ha convertido en el nuevo eje de una profunda disputa económica y política. Mientras el presidente Javier Milei defiende de forma categórica que la actividad se encuentra en máximos históricos apoyándose en la reactivación de ciertos sectores y la concurrencia a centros comerciales o pizzerías, las mediciones del sector privado y la oposición encienden las alarmas por una marcada recesión en las góndolas.
Un informe de la consultora PxQ, dirigida por el exviceministro de Economía Emmanuel Álvarez Agis, desnudó una llamativa «disociación» entre las estadísticas del Gobierno y la realidad del mercado interno. El estudio recuerda que, si bien el consumo privado cerró el año 2025 con una suba anual del 7,9%, esta supuesta bonanza convive con una masa salarial real que se ubica un 11% por debajo de su máximo histórico de 2015. Además, las ventas en supermercados arrastran un desplome del 9% respecto a 2023 y están un 27% por debajo del techo alcanzado hace una década.
El truco de la billetera: Por qué gastar más no significa vivir mejor
Para explicar esta contradicción técnica, PxQ apeló a una fórmula macroeconómica básica: conceptualmente, todo ingreso de un hogar que no se destina al ahorro pasa a ser considerado estadísticamente como consumo. A modo de ejemplo, si una familia destina un dinero extra que antes ahorraba para cubrir los brutales aumentos del alquiler o de las tarifas de luz, gas y agua, el ahorro familiar cae a cero pero el consumo global «aumenta» en las planillas oficiales, aunque en términos reales no se haya comprado un solo bien de primera necesidad más.
Para transparentar el escenario, la consultora recalculó el indicador descontando el gasto en servicios públicos, el turismo en el exterior y las importaciones. El resultado fue contundente: el verdadero «consumo del mercado interno» avanzó apenas un modesto 1,4% en lugar del 7,9% que celebra la Casa Blanca. Esta distorsión explica las profundas diferencias sectoriales en el largo plazo: desde 2017 a la fecha, las ventas en supermercados se hundieron un 16,7%, mientras que el consumo de energía eléctrica subió un 18,7% y las importaciones de bienes finales crecieron un 13%.
Paritarias en alza y el peso de los servicios obligatorios
En el plano laboral, mayo trajo un leve respiro. Según estimaciones de la consultora Synopsis, los salarios paritarios registraron un aumento promedio del 2,5%, ganándole por primera vez a la inflación mensual tras casi un año de caídas ininterrumpidas, ya que el IPC de mayo se proyecta entre el 2,1% y el 2,5%. A pesar de este freno en la sangría, en el acumulado de los últimos doce meses los salarios formales registran una pérdida neta del poder adquisitivo del 4%. Además, gremios mayoritarios como Empleados de Comercio (1,3%) y Camioneros (1,7%) cerraron acuerdos que quedaron por debajo de la inflación del mes.
El estrangulamiento de la clase media y los sectores vulnerables se explica principalmente por el cambio en la matriz de gastos fijos. Un revelador informe de Ecolatina detalla que, mientras a fines de 2023 los servicios obligatorios (tarifas de servicios básicos, educación privada y salud) absorbían el 22% del ingreso total de los hogares, para marzo de 2026 esa porción saltó drásticamente al 29,3%.
De esta manera, casi un tercio de los sueldos se esfuma de manera automatizada antes de poder pisar un comercio, limitando severamente la disponibilidad de dinero en efectivo para bienes no esenciales y postergando una reactivación comercial que hoy depende exclusivamente de la baja inflacionaria y el regreso del crédito.
