Un fenómeno silencioso pero arrollador está transformando por completo los cimientos de la economía emprendedora y la biotecnología en el país.
El denominado «reino fungi» ha dejado de ser un simple ingrediente secundario en las cocinas locales para convertirse en una mina de oro verde y un mercado sumamente rentable. Esta verdadera revolución industrial y comercial, que abarca desde sofisticadas granjas artesanales hasta startups biotecnológicas que captan la atención de los inversores más exigentes de Silicon Valley, ya mueve una fortuna incalculable a nivel regional y global.
El mercado de productos derivados del hongo en América Latina ya ostenta un valor de US$ 4.670 millones. Lo más impactante son las proyecciones a mediano plazo, las cuales estiman que esta cifra escalará de manera exponencial hasta alcanzar los US$ 7.120 millones para el año 2035. A nivel mundial, el panorama es aún más sideral: el sector crece a un ritmo del 5,6% anual y se proyecta en US$ 123.700 millones para 2034, impulsado con furia por el auge de las dietas basadas en proteínas vegetales, la urgente sustitución de los plásticos contaminantes y los revolucionarios avances en medicina terapéutica.
De la banca y los aviones a facturar toneladas de hongos gourmet
La producción de hongo fresco representa la cara más terrenal de este boom, dejando en evidencia un bache de consumo gigantesco: mientras que en Europa y Asia se consumen entre 3 y 9 kilos per cápita al año, el argentino promedio apenas consume 30 gramos. Esta brecha descomunal fue identificada a tiempo por Santiago Rubio Martínez (exbancario) y Alejo Botana (exempleado de una aerolínea), quienes en diciembre de 2023 invirtieron US$ 10.000 cada uno para fundar The Mushroom en Vicente López.
Especializados en variedades de alta gastronomía como melena de león, chestnut y enoki dorado, los emprendedores comenzaron produciendo 200 kilos mensuales que se agotaban de inmediato de forma imparable mediante el boca en boca de prestigiosos chefs internacionales. Tras recibir mentorías de Southwest Fungi —una de las mayores granjas de Estados Unidos—, la empresa escaló de forma notable y hoy produce 1.000 kilos por mes, fijando un ambicioso objetivo de producción de entre 2.000 y 2.500 kilos mensuales para 2027 mediante su mudanza a una planta de mayores dimensiones. Actualmente, más del 50% de sus ventas se concentran firmemente en abastecer de forma regular a restaurantes de primer nivel.
Oro en polvo: Suplementos que facturan un millón de dólares y diseño de lujo
El hongo también se consolida con fuerza como una plataforma de bienestar y exclusividad. Santino Martinez (36) y Claudio Aponte fundaron hace tres años Fungalia, una marca de suplementos y bebidas funcionales en polvo —como cacao, chai, golden milk y matcha— elaboradas a base de hongos adaptógenos que ayudan a combatir el estrés cotidiano. Con una inversión inicial de US$ 70.000 y una agresiva estrategia digital de 120 anuncios diarios en redes y Google, la firma logró facturar la impresionante cifra de US$ 1 millón en menos de 12 meses de manera estrictamente online. La empresa opera en Vicente López con habilitación de la ANMAT y posee certificación de Empresa B por su packaging 100% biocompostable.
Por otro lado, la diseñadora industrial Denise Pañella (30) descubrió el potencial comercial del micelio —la red de raíces de los hongos— para crear materiales sustentables del futuro. Tras asociarse con biólogas del CONICET y acumular más de US$ 450.000 en inversión de infraestructura y desarrollo, su firma Mosh cuenta hoy con un equipo de 12 personas y se traslada a una planta semiindustrial de 500 m² en Buenos Aires. Sus revolucionarias piezas de diseño y joyería fina basadas en micelio deslumbraron en la Design Week de Milán, abriendo negociaciones directas de packaging exclusivo con la multinacional de lujo Dior.
El hito farmacéutico: El fondo de Tesla inyecta millones en la ciencia local
El eslabón más avanzado y disruptivo de este ecosistema nacional lo lidera Victoria Costa Paz (28), cofundadora y CEO de Eywa Biotech. La compañía biotecnológica lleva cuatro años perfeccionando un proceso científico altamente sofisticado que utiliza bioinformática e Inteligencia Artificial para imitar el metabolismo de los hongos y producir psilocibina mediante biosíntesis con estándares farmacéuticos. Este compuesto es crucial para desarrollar tratamientos psiquiátricos altamente eficientes contra la depresión resistente y el estrés postraumático a una fracción del costo tradicional.
El tremendo potencial de la startup captó el interés del célebre magnate de Silicon Valley e inversor de Tesla, Tim Draper, quien lideró una ronda de inversión de US$ 2,5 millones, sumándose a los aportes iniciales del fondo latinoamericano Gridx (que aportó un ticket inicial de US$ 200.000), totalizando una recaudación de US$ 4,85 millones en dos rondas de financiamiento. Dirigida operativamente junto a Pablo Salabarria y el científico uruguayo Jorge Wenzel, Eywa Biotechcuenta con un equipo de 16 profesionales y ya escaló su producción de laboratorios a biorreactores de 30 litros, planificando dar el salto a los 200 litros directamente en Australia. Con una primera factura inminente de US$ 400.000 para el mercado australiano, la tecnológica prevé facturar una colosal suma de US$ 40 millones en los próximos cinco años, consolidando la era de la biotecnología aplicada a la naturaleza.
