A escasas horas del choque más trascendental del planeta, la concentración de la Selección Argentina vive momentos de profunda emoción y mística interna.
El cuerpo técnico y los jugadores decidieron apartar por unas horas el pizarrón táctico para aferrarse a una tradición inquebrantable que se ha transformado en el verdadero motor invisible de este ciclo. En la antesala de la gran final de la Copa del Mundo, el plantel se unió en un encuentro privado que busca blindar al grupo ante la presión global, demostrando que para alcanzar la gloria máxima se necesita mucho más que una simple estrategia futbolística.
La intimidad del último asado en la concentración antes de la final
Lejos de las exigencias del campo de juego, la delegación nacional compartió la habitual comida antes de disputar la final del Mundial ante España este domingo. Este ritual se repite minuciosamente incluso durante la alta competencia. El viernes por la noche no fue la excepción y tuvo un tinte sumamente especial, cargado de nostalgia y risas, por tratarse del último encuentro alrededor de las brasas antes de pisar el MetLife Stadium este domingo a las 16:00 horas. El presidente de la AFA, Claudio «Chiqui» Tapia, fue el encargado de mostrar la intimidad de la cena en su cuenta de Instagram con un video y una frase contundente: «Argentino hasta los huesos. Y sí, hubo asado con la banda».
El entrenador Lionel Scaloni ha manifestado públicamente que estas reuniones son el eje de su gestión. Durante las ruedas de prensa previas al cruce con Suiza en los cuartos de final, el DT ya advertía la importancia de estos momentos tras los festejos ante Egipto: «No nos vamos a cansar de decirles que esos son los mejores momentos de todos, con diferencia. Eso y los festejos como el otro día ante Egipto, obvio. Son momentos únicos que no van a volver a vivir».
El llamativo método de Scaloni: Suspender entrenamientos por un asado
Para el estratega de 48 años, la convivencia y el truco pesan tanto o más que las cargas físicas. «El otro día me senté en la conferencia de prensa y dije que soy entrenador por eso, no porque me guste el 4-3-3. Me gusta volver a vivir estar en un grupo, estar con compañeros, comer un asado, jugar al truco, que es lo que hicimos toda la vida», confesó el santafesino, quien recordó con emoción las vivencias compartidas en Malasia 1997 junto a sus actuales colaboradores, Pablo Aimar y Walter Samuel.
El valor del grupo por sobre la táctica
Scaloni reveló una de sus decisiones más osadas en la gestión de planteles: «Acortamos algunos entrenamientos para poder comer el asado, son cosas que valoramos mucho y creo que para otra gente no es importante o que solo vale lo que pasa en la cancha, pero el día de mañana lo recordarán».
El director técnico se autodefinió con total humildad: «Siempre fui un acompañador de grupos, nunca fui de los grandes jugadores y por eso me han llevado a un Mundial, he estado en clubes donde me llevaban porque era buen tipo, no porque jugaba bien». Mientras la Albiceleste busca seguir haciendo historia y el universo deportivo analiza al árbitro Slavko Vincic o cómo los jóvenes españoles idolatran a Messi, el proyecto argentino se aferra a su identidad. El grupo sabe que estas charlas y risas alrededor de la parrilla tendrán un valor que perdurará mucho más que cualquier resultado deportivo.
