El esquema político de La Libertad Avanza enfrenta una encrucijada determinante que pone en jaque la ambiciosa agenda de reformas estructurales del Poder Ejecutivo.
Obligado por la cruda realidad numérica y la alarmante resistencia de la oposición dialoguista, la mesa chica libertaria debió archivar de urgencia su método tradicional de persuasión legislativa. Con proyectos fundamentales totalmente empantanados, el oficialismo se notificó de que los pactos a puertas cerradas con los mandatarios provinciales ya no garantizan el éxito en el recinto, forzando un viraje estratégico contrarreloj para evitar una catástrofe parlamentaria antes de la llegada de la primavera.
El fracaso del pacto con gobernadores y las internas de la mesa chica
El núcleo duro de la administración central reconoció que el canal de diálogo abierto exclusivamente con las provincias está completamente agotado. El oficialismo se topó con un obstáculo insalvable: un alto porcentaje de los senadores de la oposición dispersa no posee terminal política en ninguna gobernación, lo que vuelve inútil cualquier acuerdo federal previo. La estrategia de pinzas venía siendo ejecutada por el jefe de Gabinete, Diego Santilli, negociando directamente con los gobernadores, mientras que en la Cámara alta la jefa de bloque de LLA, Patricia Bullrich, intentaba alinear las tropas. Sin embargo, este diseño no arrojó los frutos esperados.
Para colmo de males, el barro legislativo se profundizó debido a inesperados cortocircuitos en el propio riñón del Gobierno. El pasado jueves, la tensión escaló tras un duro cruce de criterios entre la propia Bullrich y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quien desaprobó de forma abierta las últimas modificaciones introducidas al proyecto de Propiedad Privada en lo referente a la flexibilización de venta de tierras a ciudadanos extranjeros. Aunque la titular de la bancada logró abrir el recinto y asegurar votos clave para los pliegos de la Justicia —como el del camarista Víctor Pesino, vital para convalidar la reforma laboral—, la mirada está puesta en el poroteo de agosto y septiembre, donde se debatirán la reforma del Banco Central, la ley de Zonas Frías y la polémica eliminación de las PASO. Para abrir el quórum, LLA cuenta con apenas 21 senadores propios y depende críticamente de reclutar de forma quirúrgica a 16 legisladores aliados.
Radiografía del poroteo: el polvorín de la UCR y las rebeliones provinciales
El mapa de los bloques catalogados como dialoguistas expone una atomización extrema. El bloque de la Unión Cívica Radical (UCR) cuenta con 10 bancas fundamentales, pero el Gobierno solo tiene aseguradas a cinco que responden fielmente a los gobernadores Alfredo Cornejo (Mendoza), Leandro Zdero (Chaco) y Juan Pablo Valdés (Corrientes); se trata de Rodolfo Suárez, Mariana Juri, Silvana Schneider, Eduardo Vischi y Mercedes Valenzuela. Los restantes cinco radicales juegan de forma libre o pertenecen a distritos peronistas: un tridente opositor duro integrado por Maximiliano Abad, Daniel Kroneberg y Flavio Fama ya anticipó su rechazo total a la derogación de las PASO y a la ley de Zonas Frías, mientras que los santafesinos Carolina Losada y Eduardo Galaretto acompañan el rumbo general pero plantan bandera en contra de modificar el esquema de votación.
El dato clave de la City
El PRO, con un bloque de tres senadores comandado por Martín Goerling junto a María Victoria Huala y Andrea María Cristina, responde de forma directa a Mauricio Macri. Si bien blindan la agenda de Milei, se oponen de forma tajante a borrar las elecciones primarias y miran con profunda desconfianza el sistema de listas colectoras que teje el oficialismo.
El escenario se vuelve aún más caótico en las fuerzas provinciales. En el bloque Provincias Unidas, Carlos «Camau» Espínola vota en sintonía con la Casa Rosada, desmarcándose por completo de su compañera de bancada Alejandra Vigo (esposa de Juan Schiaretti), lo que obliga a Santilli a negociar con ellos de manera individual. En Misiones, el panorama es de guerra abierta: los senadores Carlos Arce y Sonia Elizabeth Rojas Decut responden al caudillo histórico Carlos Rovira y desconocen por completo al gobernador Hugo Passalacqua, anulando cualquier pacto institucional. Finalmente, en el lote de partidos provinciales, las senadoras Flavia Royon (Salta), Julieta Corroza (Neuquén), Beatriz Ávila (Tucumán) y Edith Terenzi (Chubut) mantienen su alineamiento estricto con sus respectivos mandatarios. La nota de rebeldía absoluta la aportan los santacruceños José Carambia y Natalia Gadano, quienes cortaron amarras y ya no acatan las órdenes políticas del gobernador Claudio Vidal.
