Un halo de esperanza y profunda cautela rodea por estas horas a las costas chubutenses luego de confirmarse un freno en la preocupante racha de varamientos de cetáceos en Península Valdés.
Sin embargo, los investigadores de la región advierten que el episodio aún está lejos de darse por superado y que determinar con exactitud las causas de la letalidad requerirá análisis científicos complejos que podrían extenderse durante meses o incluso años.
Análisis al INIDEP por marea roja y alarmante pico de ballenatos
La tregua temporal en el Golfo Nuevo trajo cierto respiro tras jornadas de alta tensión ambiental. El doctor en Ciencias Biológicas e integrante del Comité Científico de la Comisión Ballenera Internacional, Mariano Coscarella, confirmó al aire de FM Del Viento que desde hace diez días no se reportan nuevos hallazgos de ejemplares adultos sin vida. No obstante, el especialista aclaró que este freno transitorio no asegura que el fenómeno no vuelva a repetirse antes de que concluya la presente temporada.

En este contexto, las muestras extraídas de los animales adultos fueron enviadas a los laboratorios del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP) en Mar del Plata, donde se buscará determinar si los decesos guardan relación con toxinas derivadas de la marea roja. Un punto de extrema inquietud para la comunidad científica es que la tasa de mortalidad registrada en las crías (ballenatos) ha superado ampliamente los parámetros históricos de años anteriores, a diferencia de lo ocurrido con las ballenas adultas, cuyos episodios de mortandad ya contaban con antecedentes registrados en la zona.
La imposibilidad de prevenir y el progresivo retiro de la especie
Coscarella advirtió que identificar la causa inmediata del fallecimiento de un animal no siempre es suficiente para desentrañar un fenómeno de mortalidad masiva. A modo de ejemplo, recordó un antecedente en el mar Mediterráneo donde una mortandad masiva de delfines provocada por un virus demandó casi tres años de minuciosos estudios para comprender las variables ambientales involucradas. Además, el biólogo remarcó que resulta «prácticamente imposible prevenir este tipo de cosas» a menos que se trate de un foco de contaminación puntual sobre el cual intervenir. Si la problemática obedece a factores climáticos o a alteraciones en los sitios de alimentación de las ballenas francas australes los cuales frecuentan fuera de su período de reproducción y cría en la Patagonia, las posibilidades de acción local quedan sumamente reducidas.
Por último, el científico observó que el número de cetáceos en las costas locales ha comenzado a disminuir progresivamente debido a su habitual migración anual hacia zonas de alimentación, aunque algunos ejemplares suelen permanecer en la zona hasta fines de noviembre o principios de diciembre. Finalmente, hizo un llamado a la paciencia comunitaria ante la ansiedad y los falsos rumores que suelen viralizarse en redes sociales, recordando que la tristeza de la sociedad es comprensible, pero los plazos de la ciencia requieren rigurosidad y tiempo.
