Tag

Devaluación

Browsing

La divisa asciende 21 pesos, a un nuevo máximo nominal. En julio trepa 100 pesos o 42%.

El dólar libre es pactado a las 13 horas a $338 para la venta, con un alza de 21 pesos. La divisa anota una suba de 10 pesos o 42% en lo que va de julio.

El dólar mayorista gana 22 centavos, a 129,60 pesos. La brecha cambiaria entre ambas cotizaciones alcanza el 160,8%, por encima del máximo anterior de 149,6% del 23 de octubre de 2020.

También suben con fuerza las paridades bursátiles, es decir el “contado con liquidación”, a $336, y el dólar MEP, a $328, que se obtienen de la negociación de bonos ya acciones que se cotizan en simultáneo en pesos y en dólares.

“Los inversores aún no confían en las medidas anunciadas días atrás por la nueva ministra de Economía, Silvina Batakis, las cuales no logran tranquilizar a los mercados”, comentaron los analistas de Research for Traders.

El Gobierno anticipó que trabaja en tomar medidas para implementar un tipo de cambio diferenciado para turistas, con el objetivo que los dólares ingresen al mercado formal.

Por otro lado, también se estudia prohibir los viajes de funcionarios al exterior dando una señal clara de austeridad. Pero el mercado estará atento a que el Gobierno la ponga en práctica.

“Cuando se habla de desdoblamiento cambiario, hoy se refieren a un dólar ‘oficial’ para los turistas. El normal funcionamiento de la economía de un país demanda dólares. En Argentina, entran dólares por el sector exportador, pero se van para pagar la energía. Lo que vemos es que la brecha cambiaria está muy alta -la diferencia entre el dólar oficial y el dólar libre-: ronda el 140%, y presiona las expectativas de devaluación”, indicó Paula Gándara, CIO de Adcap Asset Management.

“La noticia fuerte y de todos los días sigue siendo el dólar que no parece tener freno. Ante una incierta hoja de ruta económica, la mayor reacción por desprenderse de la moneda local y buscar cobertura sigue convulsionando al tipo de cambio que no encuentra techo, o específicamente depreciando al peso contra la divisa estadounidense”, expresó Javier Rava, director de Rava Bursátil.

El ministro de Turismo, Matías Lammens, declaró que el Gobierno trabaja en alternativas para que los turistas ingresen los dólares al mercado formal, sin dar más detalles. “Argentina necesita de los dólares que traen los turistas. Hoy, por la brecha cambiaria, muchos de esos dólares no ingresan al Banco Central”, señaló.

En lo que va de julio, la autoridad monetaria mantiene un saldo neto negativo por su intervención en el mercado de cambios del orden de los 931 millones de dólares. En lo que va de 2022, acumuló compras netas en la plaza mayorista por unos USD 911 millones, un monto que representa el 12,2% del saldo neto a favor obtenido en el mismo lapso del año pasado, que acumulaba unos USD 7.457 millones al 20 de julio de 2021.

Las reservas internacionales brutas cayeron USD 127 millones y finalizaron en 39.736 millones de dólares.

Un dato relevante para el stock de reservas fue el regreso del déficit comercial después de 15 meses. Según el INDEC, la balanza comercial registró en junio un rojo de -USD 115 millones. En total el intercambio comercial alcanzó los USD 16.979 millones, compuesto por un 49,7% correspondiente a las exportaciones y 50,3% por las importaciones. Esta pérdida del superávit se debió a un incremento de las importaciones de +44,6% interanual, que alcanzaron un récord histórico para un solo mes de USD 8.547 millones, mientras que las exportaciones se incrementaron +20,3% interanual, a 8.432 millones de dólares.

El dólar blue volvió a superar un récord y se acomodó arriba de los 300$, dejando en evidencia la velocidad en la que el peso argentino se devalúa día a día. La brecha cambiaria, actualmente, es superior al 130% y genera preocupación.

En ese sentido, los salarios y jubilaciones argentinos, medidos al tipo de cambio paralelo, quedaron ubicados entre los más inferiores de la región, acorde a una medición de ingresos medios, salario mínimo, piso de jubilaciones y las remuneraciones de empleados como docentes, médicos y policías en la Argentina, Uruguay, Chile, Brasil, Perú y Ecuador que realizó Infobae por la economista Natalia Motyl.

La evaluación dejó como resultado el impacto que tiene la dispersión de cotizaciones del tipo de cambio en el ranking salarial regional. La Argentina, en ese sentido, aparece en el último lugar (con USD 151) de la lista de seis países considerados al tomar en cuenta el salario mínimo y el salario promedio con el dólar paralelo a $300. Si se calculara con el precio de la divisa oficial mayorista administrada por el Banco Central, sería de USD 335.

En lo que va del séptimo mes del año, el dólar libre subió a 63 pesos o un 26,5%. El contexto de presiones cambiarias le hace realmente difícil al BCRA poder acumular reservas. La autoridad monetaria vendió otros USD 120 millones en la rueda oficial.

En el mes, el Banco Central mantiene un saldo neto negativo por su intervención en el mercado de cambios del orden de los 891 millones de dólares. Y en 2022, acumuló compras netas en la plaza mayorista por unos USD 951 millones, una cantidad que representa el 12,8% del saldo neto a favor obtenido en el mismo lapso del año pasado, que acumulaba unos USD 7.430 millones al 19 de julio de 2021.

Las reservas internacionales brutas cayeron el lunes USD 130 millones y finalizaron en 40.013 millones de dólares.

Razones de la caída

Para Natalia Motyl, “la Argentina es uno de los países de la región latinoamericana con uno de los niveles de pass through (traslado a precios de la devaluación) más altos. Por lo tanto, cualquier suba del tipo de cambio se ve inmediatamente reflejado en un aumento de precios. Además, como la brecha entre el dólar oficial y el blue es altísimo, superando el 130%, los precios de la economía comienzan a responder al dólar blue y no al oficial, por eso vemos que toman como referencia el tipo de cambio paralelo”.

“Por otro lado, en una Argentina en el que el nivel de vida de un trabajador privado se ha erosionado en 40% en los últimos 10 años, el 50% de un salario promedio se va a satisfacer las necesidades más básicas y los rubros que más incremento de precios tuvieron en los últimos meses fueron alimentos, bebidas e indumentaria. Esto se da porque toda suba del tipo de cambio impacta más sobre bienes transables que sobre bienes no transables. Que estos últimos tienen menor margen de ajuste”, dijo a Infobae.

“Por otra parte, entramos en un periodo en el que la suba de tasas de los principales bancos del mundo, está impactando negativamente sobre el valor de las monedas locales. La Argentina no quiere subir las tasas de interés entonces es como una política monetaria expansiva que termina erosionando, aún más, el valor de la moneda local”, concluyó.

En tanto, el ex secretario de Finanzas y director de la consultora Quantum Daniel Marx mencionó que “el vínculo que hay entre devaluación y poder de compra pasa por el Índice de inflación. Ciertamente lo que vemos acá es que esta devaluación del dólar contado con liquidación o la suba del costo de los futuros en el mercado del Rofex tiene algún traslado en la tasa de inflación y esto sí afecta a los salarios y su poder de compra”.

Sebastián Menescaldi, director de EcoGo, en tanto, consideró que “el problema no es solo el salario en dólares sino más bien qué está ocurriendo con el precio de los bienes en dólares. Contra el dólar financiero, la reciente suba se comió toda la mejora del poder adquisitivo del salario que tuviste en el año y te lleva a niveles de capacidad de compra similares a los de fines de 2020″.

Para Damián Di Pace (Focus Market), “la pérdida de poder de compra se ve de forma acelerada porque la variación de precios, con restricciones a importaciones, más la renuncia de Martín Guzmán más las expectativas que no se revierten y la emisión monetaria para salvar a los bonos en pesos. Si vemos en términos vinculados al tipo de cambio, los salarios están en un nivel casi un 30% por debajo del 2019 cuando se generó la segunda devaluación de Mauricio Macri”, dijo.

“Además la Argentina tiene una inflación en dólares. Los autos aumentaron casi 90% en dólares en 2022 en comparación con 2019 y la indumentaria aumentó 60 por ciento. Eso sucede porque tenemos un tipo de cambio retrasado frente a una inflación elevada. Y las restricciones de importaciones hacen que algunos insumos clave para la producción se pongan a un tipo de cambio más cerca del paralelo que del oficial”, mencionó.

Un auto de los más económicos se podía adquirir por alrededor de 45 mil pesos. Ahora no alcanza ni para reemplazar los cuatro neumáticos, ni para dos pares de zapatillas. Lo que se pagaba por un celular hace una década es igual a un kilo de yerba por estos días.

Los altos niveles de inflación que la Argentina arrastra durante los últimos años permiten comparaciones insólitas: por el precio que tenían los autos 0 kilómetro en 2011 en pesos hoy apenas se puede comprar dos pares de zapatillas de alta gama.

Aunque la comparación sea solo solo sobre los valores nominales de los productos, es un ejemplo de la depreciación del peso en tan solo una década.

En 2011, con $46.000 se podía acceder a un auto Chevrolet modelo Celta 0 Km, uno de los más baratos en esa época. Es el mismo valor que hoy tienen, por ejemplo, dos pares de zapatillas Nike (modelo Court Air Zoom), que cuestan $22.999 cada uno.

¿Otras comparaciones? En las publicidades de hace diez años se puede ver que un auto Volkswagen Gol Trend (4 puertas) 0 Km costaba $62.940. Hoy, esa suma permite adquirir un un paquete con vuelo y alojamiento en hotel 2 estrellas por 7 días en San Martín de los Andes.

El precio de un Televisor Smart TV Led 52″ de hace diez años equivale a una cartera de cuero. O el precio de una heladera con freezer a una remera de algodón. Un teléfono celular estándar se comercializaban en 2011 al mismo precio que hoy cuesta un kilo de yerba. Y un lavarropas a dos kilos de bife de chorizo.

“En el terreno de los precios de los autos es particularmente llamativo el salto que se verifica durante la última década, y pone sobre la mesa la magnitud del desequilibrio macro. Un auto de los más económicos se podía adquirir por alrededor de $45.000 durante el último tramo de 2011. Hoy en la Argentina se necesita cerca de $1,8 millones para comprar un vehículo de similar segmento y características. Para graficar, por la misma plata que diez años atrás se podía comprar un auto económico, hoy se pueden comprar y con lo justo tan solo tres cubiertas”, destacó el economista Pablo Besmedrisnik, director de la consultora Invenómica.

“Una inflación como la que experimenta la Argentina, junto con otros tópicos como el control de precios, restricciones extremas al movimiento de fondos con el exterior, tipos de cambio abruptamente desdoblados e incluso el debate alrededor del FMI, pertenecen al pasado lejano para la amplísima mayoría de los países del mundo. Mientras que son conceptos que se refugian en museos o libros de historia económica en el concierto de las naciones, son notas de tapa en las páginas web de la Argentina de 2021″, se lamentó el economista.

Durante el último cuarto del siglo XX, salvo durante la convertibilidad, la Argentina era uno de los 45 países que tenía una inflación superior al 20% anual. En los últimos diez años tan solo cinco economías en el mundo tienen tasas de inflación superiores al 20%, entre ellas la Argentina. “Países como Chile, Brasil, Uruguay y México sufrían el problema inflacionario, pero lo afrontaron con decisión política y lo solucionaron. La situación cambió con fuerza para casi todos”, agregó Besmedrisnik.

Entre septiembre de 2021 y el mismo mes de 2011 la base monetaria argentina se multiplicó por casi 15 veces. En el mismo lapso, la población creció un 11%. Por lo tanto, la base monetaria per capita se multiplicó por 13. En 2011 por cada argentino en promedio había $4.600 entre billetes, monedas y reservas de los bancos en el Banco Central. Hoy ese número es de $64.200, según datos analizados por Invenómica.

Fuente: El Comodorense

Los ahorristas en Argentina están más preocupados por la inflación desenfrenada que por una devaluación de la moneda que consuma sus pesos ganados con tanto esfuerzo.

Los ahorristas en Argentina están más preocupados por la inflación desenfrenada que por una devaluación de la moneda que consuma sus pesos ganados con tanto esfuerzo.

Los residentes han acumulado activos vinculados a la inflación en las últimas semanas ante expectativas de que los precios al consumidor aumenten 40% este año. Al mismo tiempo, han estado vendiendo bonos vinculados al dólar, lo que demuestra que hay menos preocupación por una rápida caída del peso dado que el Gobierno espera que la moneda se debilite alrededor de 25% este año.

Los argentinos se están sumando a sus contrapartes en otras economías emergentes a medida que las preocupaciones por la inflación se apoderan del mundo en medio de expectativas de un mayor gasto en estímulos en Estados Unidos. Los inversores brasileños han estado acumulando bonos vinculados a la inflación en los últimos meses a medida que aumentan las expectativas de inflación, mientras que en Sudáfrica, el desempeño de los valores ligados a la inflación superan con creces a la deuda nominal. La Secretaría de Hacienda de México y el colombiano Banco Davivienda SA también han vendido bonos vinculados a la inflación este mes en medio de una fuerte demanda.

“El inversor busca cobertura en los bonos atados a inflación porque ve que la expansión monetaria a nivel global va a generar un proceso de inflación en los países y que, específicamente para los emergentes, el contexto de dólar débil va a encarecer los commodities, lo cual se trasladará a los precios internos y agravará la inflación”, dijo Mariano Calviello, Head Portfolio Manager de Fondos Fima de Banco Galicia.

Las preocupaciones por la inflación aumentaron en Argentina después de que los precios al consumidor subieran 4% en diciembre respecto de noviembre, el ritmo mensual más rápido en más de un año. La inflación superó 36% en 2020 y se espera que cierre 2021 en torno a 40%, según estimaciones de Banco Galicia, el banco más grande del país.

Esto ha contribuido a que los depósitos bancarios vinculados a la inflación crezcan 36% desde el comienzo del año, a 60.500 millones de pesos (US$676 millones), según los últimos datos del banco central. Las entradas netas a fondos que invierten en activos vinculados a la inflación crecieron 51% desde principios de año hasta el 19 de febrero, según datos de la consultora bonaerense 1816 Economía & Estrategia.

“En Argentina, estos bonos siguen siendo una buena alternativa de protección en un contexto en el que las expectativas de inflación no están ancladas”, dijo Jorge Viñas, gerente de cartera de AdCap Asset Management en Buenos Aires.

Durante el mismo período, los inversores retiraron alrededor de 3.600 millones de pesos de fondos de bonos vinculados al dólar, que pagan en pesos al tipo de cambio del día. Si bien el Gobierno continuará su política de permitir que el peso se devalúe lentamente, esto podría ocurrir a un ritmo más lento que la aceleración de los precios al consumidor. El ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo a principios de este mes que su objetivo era permitir que el tipo de cambio oficial caiga a alrededor de 102,4 por dólar para fin de año.

El interés en los activos vinculados a la inflación es una señal de que el mercado cree que Argentina necesitará imprimir menos pesos en los próximos meses, después de obtener derechos especiales de giro, o DEG, del Fondo Monetario Internacional para realizar un próximo pago de deuda de US$300 millones, y aprobar un impuesto único a los ciudadanos más ricos para ayudar a financiar el gasto producto de la pandemia del año pasado.

“Los bonos CER podrían seguir demandados con la expectativa de atraso del tipo de cambio real de corto plazo y una inercia inflacionaria que seguirá jugando en febrero y marzo”, dijo Federico Furiase, economista de la consultora bonaerense EcoGO.

Fuente: Perfil

Los ahorristas en Argentina están más preocupados por la inflación desenfrenada que por una devaluación de la moneda que consuma sus pesos ganados con tanto esfuerzo.

Los residentes han acumulado activos vinculados a la inflación en las últimas semanas ante expectativas de que los precios al consumidor aumenten 40% este año. Al mismo tiempo, han estado vendiendo bonos vinculados al dólar, lo que demuestra que hay menos preocupación por una rápida caída del peso dado que el Gobierno espera que la moneda se debilite alrededor de 25% este año.

Los argentinos se están sumando a sus contrapartes en otras economías emergentes a medida que las preocupaciones por la inflación se apoderan del mundo en medio de expectativas de un mayor gasto en estímulos en Estados Unidos. Los inversores brasileños han estado acumulando bonos vinculados a la inflación en los últimos meses a medida que aumentan las expectativas de inflación, mientras que en Sudáfrica, el desempeño de los valores ligados a la inflación superan con creces a la deuda nominal. La Secretaría de Hacienda de México y el colombiano Banco Davivienda SA también han vendido bonos vinculados a la inflación este mes en medio de una fuerte demanda.

Despegue

“El inversor busca cobertura en los bonos atados a inflación porque ve que la expansión monetaria a nivel global va a generar un proceso de inflación en los países y que, específicamente para los emergentes, el contexto de dólar débil va a encarecer los commodities, lo cual se trasladará a los precios internos y agravará la inflación”, dijo Mariano Calviello, Head Portfolio Manager de Fondos Fima de Banco Galicia.

Las preocupaciones por la inflación aumentaron en Argentina después de que los precios al consumidor subieran 4% en diciembre respecto de noviembre, el ritmo mensual más rápido en más de un año. La inflación superó 36% en 2020 y se espera que cierre 2021 en torno a 40%, según estimaciones de Banco Galicia, el banco más grande del país.

Se espera una recuperación económica del 5% para este año

Esto ha contribuido a que los depósitos bancarios vinculados a la inflación crezcan 36% desde el comienzo del año, a 60.500 millones de pesos (US$676 millones), según los últimos datos del banco central. Las entradas netas a fondos que invierten en activos vinculados a la inflación crecieron 51% desde principios de año hasta el 19 de febrero, según datos de la consultora bonaerense 1816 Economía & Estrategia.

“En Argentina, estos bonos siguen siendo una buena alternativa de protección en un contexto en el que las expectativas de inflación no están ancladas”, dijo Jorge Viñas, gerente de cartera de AdCap Asset Management en Buenos Aires.

Cuánto cobrarán los jubilados a partir de marzo y qué pasa con el bono extraordinario

Durante el mismo período, los inversores retiraron alrededor de 3.600 millones de pesos de fondos de bonos vinculados al dólar, que pagan en pesos al tipo de cambio del día. Si bien el Gobierno continuará su política de permitir que el peso se devalúe lentamente, esto podría ocurrir a un ritmo más lento que la aceleración de los precios al consumidor. El ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo a principios de este mes que su objetivo era permitir que el tipo de cambio oficial caiga a alrededor de 102,4 por dólar para fin de año.

El interés en los activos vinculados a la inflación es una señal de que el mercado cree que Argentina necesitará imprimir menos pesos en los próximos meses, después de obtener derechos especiales de giro, o DEG, del Fondo Monetario Internacional para realizar un próximo pago de deuda de US$300 millones, y aprobar un impuesto único a los ciudadanos más ricos para ayudar a financiar el gasto producto de la pandemia del año pasado.

“Los bonos CER podrían seguir demandados con la expectativa de atraso del tipo de cambio real de corto plazo y una inercia inflacionaria que seguirá jugando en febrero y marzo”, dijo Federico Furiase, economista de la consultora bonaerense EcoGO.

Este lunes el dólar blue arrancó en $ 151, el mismo nivel al que había cerrado el viernes pasado. Así mantiene su tendencia estable luego de que la semana pasada se moviera en un rango que iba de $ 153 a $ 151.

El informal sigue siendo el único de los dólares disponibles para el público que cotiza a la baja. En el año cedió 15 pesos. En cambio los dólares financieros vuelven a aumentar: el dólar MEP sube a $ 150,31 y el contado con liqui da un salto de 4% en el día, que lo lleva a $ 154.

Del lado del tipo de cambio oficial, el Banco Central mantuvo la tendencia de la semana pasada y desacelera el ritmo de la devaluación. Es habitual que cada lunes le aplique una corrección cercana a 25 centavos al tipo de cambio mayorista. Pera esta vez la suba fue de solo 17 centavos y se vende a $ 88, mientras el dólar ahorro llega a $ 154,5.

El operador Gustavo Quintana consigna que «la corrección del primer día de esta semana se aleja de las mayores subas de todos los lunes y es la más baja desde el 26 de octubre pasado».

«La semana pasada el BCRA convalidó una suba del 0,81% para el dólar oficial, apenas por debajo del cierre de la semana anterior (0,88%). Se trata de una depreciación a razón de 0,16% por día, desacelerando contra las dos semanas anteriores», detalla la consultora LCG.

¿Por qué frena el Central el ritmo de suba del dólar? La semana pasada la autoridad monetaria compró US$ 143 millones. Y lo hizo pese a que en el mercado se especulaba con que a esta altura del mes ya se iba a sentir el efecto de la «trampa de febrero».

Esta «trampa» hace alusión a que en el segundo mes del año se suele cortar la estacionalidad de alta demanda de pesos que marca el ritmo del mercado desde mediados de diciembre hasta finales de enero. En ese período los particulares y las empresas prefieren tener pesos para afrontar gastos de fin de año y vacaciones, por lo que cede la presión sobre el dólar.

A esto se suma que habitualmente a esta altura del año afloja la liquidación de divisas por parte del agro porque termina de venderse el trigo y se abre un compás de espera hasta que en marzo y abril comience a comercializarse la soja. Con menos oferta de divisas por parte del campo hay menos dólares para abastecer al mercado y eso suele complicar la estrategia del Central.

Pero al menos hasta ahora este febrero muestra una dinámica diferente. Desde Portfolio Personal apuntan que «el Banco Central que logró cerrar con un saldo neto positivo en las cinco primeras ruedas de febrero. La mayor oferta de divisas por liquidación de granos, junto con una demanda regulada, permitió que el BCRA mantenga el ritmo de compra de divisas en el mercado de cambios».

Según detallaron en los primeros 5 días hábiles del mes ingresaron US$ 572 millones por liquidación de granos, cuando en enero habían entrado US$ 430 millones. De este modo, la entidad presidida por Miguel Pesce acumuló US$ 143 millones de divisas -a un ritmo promedio diario de US$ 29 millones- y compensó de esta manera parte de los US$ 272 millones que llegó a vender en las últimas dos semanas de enero.

Detrás de esta baja del ritmo de depreciación esta la intención de no sumarle más presión a los precios. Este jueves se conocerá el dato de la inflación de enero, que rondará el 4%. Con tarifas pisadas y acuerdos de precios, los alimentos siguen aumentando por encima del índice. En ese marco, el presidente Alberto Fernández eligió redoblar la presión sobre el campo y amenazó con subir las retenciones si los precios no se frenan.

«Con una inflación headline de enero que andará en torno al 3,6%-3,9%, el gabinete económico insiste en culpar a la mejora en los términos de intercambio y sugiere que está en agenda subir las retenciones para ‘desacoplar’ los precios domésticos de los internacionales…y al mismo tiempo recaudar», señala LCG.

«Una mejora de los términos de intercambio en un contexto de control de importaciones debería apreciar la moneda doméstica, el tipo de cambio funciona en ese caso como estabilizador automático. El BCRA parece tener otro diagnóstico y el tipo de cambio se mueve en línea con la inflación del mes anterior», indica la consultora.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, aseguró este domingo que «una devaluación sólo generaría un aumento de los precios» y que la brecha con los dólares paralelos «no tiene que ver con la economía real» ya que el tipo de cambio «es competitivo» y los niveles de inflación son muy inferiores a los del año pasado.

En esa línea, destacó que la Argentina tiene un superávit comercial en torno a unos US$ 12.000 millones, que se reestructuró la deuda externa con el sector privado y que el Gobierno está trabajando para impulsar una recuperación de la economía con paquetes de asistencia a la inversión y la producción.

«Hay sectores que plantearon abiertamente que la devaluación seria la solución. No lo vemos de esa manera ¿Qué solucionaría una devaluación? En un escenario como el actual, donde el tipo de cambio es ciertamente competitivo, sólo generaría un aumento en los precios internos, como en 2018 y 2019», aseguró el ministro en una entrevista con Futurock.

Según Kulfas, los precios de los alimentos tienen actualmente una inflación de «la mitad del año pasado» y que si bien han habido aumentos estacionales y en productos frescos, la inestabilidad de mercados de cambio paralelos no afecta a la economía real.

«No se ve una vinculación entre lo que ocurre en el dólar paralelo y lo que pasa en la góndola», afirmó el ministro, ya que «el ritmo de los precios internos tienen que ver con el tipo de cambio oficial.

Al respecto, llamó a no repetir «errores históricos» de creer que el precio de los productos está atado al dólar paralelo.

«En 2015, (Mauricio) Macri dijo que se iba a eliminar el cepo y que iba a haber una devaluación pero que eso no iba a afectar en los precios porque estaban atados al dólar blue ¿Qué pasó? Hubo una devaluación del 40% y una inflación del 40%», recordó el ministro.

Restablecer la confianza

En ese sentido, dijo que el Gobierno trabaja para resolver «el tema central» que «tiene que ver con restablecer confianza, reducir la brecha cambiaria y mejorar la oferta de dólares».

«Lo que estamos buscando es ir reestableciendo la actividad económica. En el caso del sector industrial, las empresas que están siendo asistidas por el programa ATP son menos del 20% de las que eran en abril», aseguró Kulfas.

Por otra parte, respecto de las negociaciones con con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por un nuevo programa y el debate en torno a la continuidad de los paquetes de asistencia por la pandemia, dijo que seguirán «en la medida que sean necesarios».

«Es un tema que encabeza el ministro (de Economía, Martín) Guzmán, que plantea un programa propio que apunte a restablecer el equilibrio fiscal pero en un sendero de crecimiento, no con ajuste», añadió el titular de la cartera de Desarrollo Productivo.

Por último, dijo que se está trabajando en la implementación de 40 medidas para la pospandemia que incluyen programas de obra pública y de apoyo a la exportación, a la inversión y a sectores productivos.

«Argentina tiene que superar no solo la crisis de coronavirus y cómo volver a crecer sino pensar para los 10 o 15 años una estrategia de desarrollo», cerró el ministro.

El presidente Alberto Fernández convocó al empresariado argentino, reunido en el tradicional coloquio de IDEA, a trabajar «juntos» en un «capitalismo solidario», descartó la posibilidad de una devaluación o que se quiera quedar con los depósitos bancarios, y aseguró que vislumbra un 2021 con «muchísimas posibilidades».

«Necesitamos que la Argentina crezca con confianza y que los empresarios entiendan que debemos trabajar juntos», destacó el mandatario desde la residencia de Olivos, al abrir el encuentro que, por primera vez, se realiza en forma virtual, debido a la pandemia de coronavirus.

En su discurso, el Presidente defendió las medidas adoptadas por su Gobierno durante la cuarentena por el coronavirus, renovó sus cuestionamientos a la gestión de Mauricio Macri y se refirió a otros temas, como la reforma judicial y las recientes marchas opositoras.

En la búsqueda de tender puentes hacia el sector empresario, Fernández pronunció un discurso en el que rechazó que a su Gobierno «no le importen los empresarios» y, en ese sentido, ponderó la ayuda estatal que se brindó a las empresas durante la cuarentena para sostener el empleo.

En su discurso, el jefe de Estado analizó que el «capitalismo empezó a tergiversarse el día en que el gerente financiero pasó a ser más importante que el gerente de producción», y propuso un «capitalismo solidario, que tenga diálogo y donde los mercados funcionen como corresponde».

«Un capitalismo sin mercado es hacer que unos pocos ganen y muchos pierdan o padezcan», advirtió el Presidente, quien abrió esta mañana el foro anual del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), que reúne al empresariado del país.

En ese marco, el Presidente despejó en forma tajante versiones de estos días: «En el medio tenemos problemas, claro que los tenemos; hoy mismo estamos enfrentando un problema por la falta de divisas, que objetivamente heredamos, por una desconfianza que se crea, porque se repiten cosas que objetivamente no son ciertas».

En este sentido, agregó: «Desde los que plantean que se viene una devaluación hasta los que plantean que podemos quedarnos con los depósitos de la gente. Jamás haría semejante cosa».

En esa dirección, apuntó: «Lo que nosotros necesitamos es una Argentina que crezca con confianza, y que los empresarios, de una vez y para siempre, entiendan que tenemos que trabajar juntos para el desarrollo de la Argentina».

«A veces escucho decir que este es un Gobierno que no le importan los empresarios pero lo único que sé es que nosotros llevamos adelante un programa para atender la producción y el trabajo, el ATP, y por esa vía llegamos a más de 236 mil empresas», remarcó sobre el programa de ayuda estatal.

Fernández, en esa línea, remarcó que, «sin ayuda del Estado, tal vez hoy no existirían (esas empresas) y, de ese modo, garantizamos el trabajo de más 2,5 millones de argentinos», y dijo que, «gracias a ese esfuerzo, el empleo registrado cayó prácticamente en los mismos términos en que cayó en toda Europa, en promedio».

Al volver sobre su idea del capitalismo, sostuvo que «ese mundo empresario, necesita vincularse con el Estado, porque un capitalismo sin Estado es la selva misma, es un mundo sin reglas, donde gana el más poderoso y pierde el resto».

Asimismo advirtió que «un desarrollo donde se concentran ingresos de pocos es un desarrollo que solo trae conflictos y eso es a lo que estamos llamados a hacer, trabajar juntos para poder encontrar la salida y tenemos muchísimas oportunidades de salida porque la Argentina las ofrece».

Justicia y calidad institucional

En otro tramo de su discurso, sostuvo que el objetivo de su gestión es que el país «recupere su calidad institucional» y «una Justicia que se ha perdido».

En ese marco, les dijo a los empresarios que «la seguridad jurídica» que reclaman «exige jueces dignos y probos», para lo cual se tienen que dar los pasos establecidos por la Constitución, que prevén «un concurso de antecedentes, el acuerdo el Senado y ser designados por el Poder Ejecutivo Nacional».

«Queremos que la Argentina tenga calidad institucional y eso lo hacemos, no para impunidad de nadie, ni para beneficiarnos nosotros sino para que la Argentina recupere una justicia que se ha perdido», dijo el mandatario en alusión al proyecto oficial de reforma judicial.

También dijo que «esta Argentina dividida solo trae problemas» y se refirió a las marchas opositoras registradas en los últimos días: «Se plantean protestas en domicilios particulares de jueces o en algún caso de la Vicepresidente o yo mismo en la puerta de residencia de Olivos, donde todos los reclamos son repletos de agresión, de insultos y de maltrato», dijo.

En ese aspecto, Fernández evaluó que «ese país no funciona más» y que «ese país que divide y descalifica también pone en una vereda a los empresarios y en otra a los trabajadores, lo que es una falsa opción».

«Necesitamos a los empresarios y a los trabajadores en la misma vereda, caminando juntos, construyendo juntos», remarcó el Presidente.

Construcción

Por otro lado, anunció que en los próximos días el gobierno nacional va a presentar un plan basado en la construcción «como alternativa para que los argentinos puedan invertir en otras cosas» en momentos en que «ahorrar en dólares es costoso», y encontrar así «una alternativa para poder sostener una rentabilidad mínima de sus ahorros».

«La construcción es una gran oportunidad para hacerlo y en los próximos días sacaremos medidas que den cuenta de lo que estamos diciendo», dijo el mandatario, quien además sostuvo que vislumbra un 2021 que «ofrece muchísimas posibilidades» y a la obra pública como «el gran motorizador de la economía».

En ese sentido, agregó: «Queremos convertir a la construcción en una gran oportunidad de inversión y a la obra pública como un gran motor de la economía».

Entre otros adelantos, Alberto Fernández dijo en su exposición en el coloquio de IDEA que en los próximos días anunciará en Vaca Muerta «el Plan Gas, que seguramente va a generar mucha inversión en la zona y en toda la Argentina».

«Tenemos un potencial enorme de producción que nos garantiza el gas que necesitamos y que tengamos excedentes exportables de gas», señaló Télam.

Dos cafés, 1 millón de bolívares; una pizza congelada, casi 3 millones; un paquete de salchichas, 1,4 millones; 1 dólar, 306.000 bolívares. El billete de más alta denominación, 50.000 bolívares. En Venezuela, la imparable devaluación ha superado un nuevo hito que deja su existencia en mínimos solo comparables con las grandes tragedias económicas de la historia.

La última barrera la superó esta misma semana cuando, tras una devaluación del 10 %, el precio del dólar superó los 300.000 bolívares soberanos por cada divisa estadounidense, es decir, el billete de 50.000 supone 0,16 centavos de la moneda estadounidense.

Así que, si en Venezuela se quiere comprar un dólar, se necesitan seis billetes de la más alta denominación. Y si lo que se quiere es tomar un café acompañado, son 20, algo imposible de compilar puesto que los cajeros no suelen disponer de cantidades superiores a los 100.000 bolívares.

Una moneda en extinción

El economista Guillermo Arcay resume la situación actual en una frase: «La gente pasó de reírse de Venezuela por ser un país con muchos ceros en sus billetes a ser un país donde, simplemente, no hay billetes».

Sencillamente, ya no se emiten billetes cada vez de más alta denominación con ese fin folclórico de sumar ceros, las cantidades en bolívares que tienen los venezolanos en sus cuentas crecen mientras mengua su valor.

«Los saldos monetarios reales que tienen los venezolanos en sus cuentas son tan pequeños que la gente tiene menos de un día de consumo en bolívares en su cuenta», explica Arcay.

Se trata de cantidades pequeñas si se calculan en moneda extranjera, pero si un venezolano decide cambiar 20 dólares para hacer algún tipo de compra se encontrará con seis millones de bolívares en su cuenta, una fugaz sensación de riqueza.

Por eso, la tarjeta es apenas una suerte de monedero que contiene todos los ceros que ya no caben en los billetes y que dan una muy baja capacidad de compra.

Así, la compra de esos dos cafés que permitirán a sendos amigos compartir un momento de calma, sucederá sin billetes venezolanos. El camarero pronuncia la cifra, un millón, los dos amigos pondrán la habitual cara de sorpresa e indignación. Uno de ellos ofrecerá su tarjeta y de su depósito saldrá un millón de bolívares que pasarán al banco del propietario.

Eso sí, es probable que esa cantidad que hoy supone 3,3 dólares en la cuenta del propietario se transforme, por la magia de la devaluación, en apenas 3 dólares (o menos) en unos días.

Directo al «top 10»

«Venezuela está a punto de cumplir tres años en hiperinflación. Estamos en el ‘top 10’ de hiperinflaciones más largas de la historia, por detrás de Nicaragua, que duró cinco años» y de Grecia, que duró más de cuatro, señala Arcay.

A pesar de esto, matiza que algunos casos como Brasil o Argentina, entre finales de los 80 y primeros de los 90; Bolivia, entre 1984 y 1985, o Perú, en 1990, podían ser comparables al inicio de la hiperinflación venezolana.

«Pero Venezuela se diferencia no solo en magnitud porque hemos tenido la hiperinflación más aguda en la historia latinoamericana sino en longitud», asegura.

 

Las dos primeras fueron golpeadas por los continuos conflictos sociales y en el caso del real brasileño por los problemas económicos internacionales.

Las monedas de Chile, Colombia y Brasil están sufriendo una fuerte devaluación en la última semana, golpeadas por los continuos conflictos sociales y los problemas económicos internacionales.

El dólar estadounidense alcanzaba este miércoles en Colombia un precio histórico al superar los 3.500 pesos, que se explica como una reacción de los mercados a los siete días de huelga general. En la apertura del mercado el dólar abrió en 3.472 pesos, pero luego subió rápidamente. Este año el peso colombiano se ha devaluado un 6,75% frente a la divisa.

En Chile, los mercados reaccionaron ante la crisis social y la incertidumbre castigando al peso, que marcó este miércoles un nuevo mínimo histórico, al caer a 820 unidades por dólar. Representa una baja del 2,5% frente al cierre del martes.

El peso chileno llegó a sus niveles más bajos, al cumplirse más de un mes de las protestas en contra del gobierno de Sebastián Piñera y a favor de una nueva constitución.

Ni las posteriores medidas sociales anunciadas por el gobierno de Piñera ni el acuerdo parlamentario para cambiar la constitución lograron menguar las protestas, que comenzaron como respuesta al aumento de tarifas del transporte público el 18 de octubre y que ya dejaron 23 muertos, miles de heridos y denuncias de torturas, abusos sexuales y crímenes contra los derechos fundamentales.

Tampoco pudieron evitar los graves destrozos económicos: el peso llegó a sus niveles más bajos (hoy cerró $819,80 vendedor y $819,50 comprador, mientras que el 14 de noviembre había cerrado en $803,80) y el Banco Central rebajó su previsión de crecimiento para 2019 del 2,5% al 1,9%, en medio de la incertidumbre del país y ante los sucesivos hechos de violencia, al tiempo que estimó que se podrían perder hasta hasta 300.000 puestos de trabajo a finales de año, lo que elevaría la tasa de desempleo del 7 % al 10.

Brasil, el gigante de la región, también es parte de la debacle, aunque su caso tiene que ver con la situación internacional y las reformas que intenta llevar a cabo el gobierno de Jair Bolsonaro. El real se devaluó por tercer día consecutivo. Llegó a 4,258, un 0,4% más que el día anterior, informó Clarín.