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Los ahorristas en Argentina están más preocupados por la inflación desenfrenada que por una devaluación de la moneda que consuma sus pesos ganados con tanto esfuerzo.

Los ahorristas en Argentina están más preocupados por la inflación desenfrenada que por una devaluación de la moneda que consuma sus pesos ganados con tanto esfuerzo.

Los residentes han acumulado activos vinculados a la inflación en las últimas semanas ante expectativas de que los precios al consumidor aumenten 40% este año. Al mismo tiempo, han estado vendiendo bonos vinculados al dólar, lo que demuestra que hay menos preocupación por una rápida caída del peso dado que el Gobierno espera que la moneda se debilite alrededor de 25% este año.

Los argentinos se están sumando a sus contrapartes en otras economías emergentes a medida que las preocupaciones por la inflación se apoderan del mundo en medio de expectativas de un mayor gasto en estímulos en Estados Unidos. Los inversores brasileños han estado acumulando bonos vinculados a la inflación en los últimos meses a medida que aumentan las expectativas de inflación, mientras que en Sudáfrica, el desempeño de los valores ligados a la inflación superan con creces a la deuda nominal. La Secretaría de Hacienda de México y el colombiano Banco Davivienda SA también han vendido bonos vinculados a la inflación este mes en medio de una fuerte demanda.

“El inversor busca cobertura en los bonos atados a inflación porque ve que la expansión monetaria a nivel global va a generar un proceso de inflación en los países y que, específicamente para los emergentes, el contexto de dólar débil va a encarecer los commodities, lo cual se trasladará a los precios internos y agravará la inflación”, dijo Mariano Calviello, Head Portfolio Manager de Fondos Fima de Banco Galicia.

Las preocupaciones por la inflación aumentaron en Argentina después de que los precios al consumidor subieran 4% en diciembre respecto de noviembre, el ritmo mensual más rápido en más de un año. La inflación superó 36% en 2020 y se espera que cierre 2021 en torno a 40%, según estimaciones de Banco Galicia, el banco más grande del país.

Esto ha contribuido a que los depósitos bancarios vinculados a la inflación crezcan 36% desde el comienzo del año, a 60.500 millones de pesos (US$676 millones), según los últimos datos del banco central. Las entradas netas a fondos que invierten en activos vinculados a la inflación crecieron 51% desde principios de año hasta el 19 de febrero, según datos de la consultora bonaerense 1816 Economía & Estrategia.

“En Argentina, estos bonos siguen siendo una buena alternativa de protección en un contexto en el que las expectativas de inflación no están ancladas”, dijo Jorge Viñas, gerente de cartera de AdCap Asset Management en Buenos Aires.

Durante el mismo período, los inversores retiraron alrededor de 3.600 millones de pesos de fondos de bonos vinculados al dólar, que pagan en pesos al tipo de cambio del día. Si bien el Gobierno continuará su política de permitir que el peso se devalúe lentamente, esto podría ocurrir a un ritmo más lento que la aceleración de los precios al consumidor. El ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo a principios de este mes que su objetivo era permitir que el tipo de cambio oficial caiga a alrededor de 102,4 por dólar para fin de año.

El interés en los activos vinculados a la inflación es una señal de que el mercado cree que Argentina necesitará imprimir menos pesos en los próximos meses, después de obtener derechos especiales de giro, o DEG, del Fondo Monetario Internacional para realizar un próximo pago de deuda de US$300 millones, y aprobar un impuesto único a los ciudadanos más ricos para ayudar a financiar el gasto producto de la pandemia del año pasado.

“Los bonos CER podrían seguir demandados con la expectativa de atraso del tipo de cambio real de corto plazo y una inercia inflacionaria que seguirá jugando en febrero y marzo”, dijo Federico Furiase, economista de la consultora bonaerense EcoGO.

Fuente: Perfil

Los ahorristas en Argentina están más preocupados por la inflación desenfrenada que por una devaluación de la moneda que consuma sus pesos ganados con tanto esfuerzo.

Los residentes han acumulado activos vinculados a la inflación en las últimas semanas ante expectativas de que los precios al consumidor aumenten 40% este año. Al mismo tiempo, han estado vendiendo bonos vinculados al dólar, lo que demuestra que hay menos preocupación por una rápida caída del peso dado que el Gobierno espera que la moneda se debilite alrededor de 25% este año.

Los argentinos se están sumando a sus contrapartes en otras economías emergentes a medida que las preocupaciones por la inflación se apoderan del mundo en medio de expectativas de un mayor gasto en estímulos en Estados Unidos. Los inversores brasileños han estado acumulando bonos vinculados a la inflación en los últimos meses a medida que aumentan las expectativas de inflación, mientras que en Sudáfrica, el desempeño de los valores ligados a la inflación superan con creces a la deuda nominal. La Secretaría de Hacienda de México y el colombiano Banco Davivienda SA también han vendido bonos vinculados a la inflación este mes en medio de una fuerte demanda.

Despegue

“El inversor busca cobertura en los bonos atados a inflación porque ve que la expansión monetaria a nivel global va a generar un proceso de inflación en los países y que, específicamente para los emergentes, el contexto de dólar débil va a encarecer los commodities, lo cual se trasladará a los precios internos y agravará la inflación”, dijo Mariano Calviello, Head Portfolio Manager de Fondos Fima de Banco Galicia.

Las preocupaciones por la inflación aumentaron en Argentina después de que los precios al consumidor subieran 4% en diciembre respecto de noviembre, el ritmo mensual más rápido en más de un año. La inflación superó 36% en 2020 y se espera que cierre 2021 en torno a 40%, según estimaciones de Banco Galicia, el banco más grande del país.

Se espera una recuperación económica del 5% para este año

Esto ha contribuido a que los depósitos bancarios vinculados a la inflación crezcan 36% desde el comienzo del año, a 60.500 millones de pesos (US$676 millones), según los últimos datos del banco central. Las entradas netas a fondos que invierten en activos vinculados a la inflación crecieron 51% desde principios de año hasta el 19 de febrero, según datos de la consultora bonaerense 1816 Economía & Estrategia.

“En Argentina, estos bonos siguen siendo una buena alternativa de protección en un contexto en el que las expectativas de inflación no están ancladas”, dijo Jorge Viñas, gerente de cartera de AdCap Asset Management en Buenos Aires.

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Durante el mismo período, los inversores retiraron alrededor de 3.600 millones de pesos de fondos de bonos vinculados al dólar, que pagan en pesos al tipo de cambio del día. Si bien el Gobierno continuará su política de permitir que el peso se devalúe lentamente, esto podría ocurrir a un ritmo más lento que la aceleración de los precios al consumidor. El ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo a principios de este mes que su objetivo era permitir que el tipo de cambio oficial caiga a alrededor de 102,4 por dólar para fin de año.

El interés en los activos vinculados a la inflación es una señal de que el mercado cree que Argentina necesitará imprimir menos pesos en los próximos meses, después de obtener derechos especiales de giro, o DEG, del Fondo Monetario Internacional para realizar un próximo pago de deuda de US$300 millones, y aprobar un impuesto único a los ciudadanos más ricos para ayudar a financiar el gasto producto de la pandemia del año pasado.

“Los bonos CER podrían seguir demandados con la expectativa de atraso del tipo de cambio real de corto plazo y una inercia inflacionaria que seguirá jugando en febrero y marzo”, dijo Federico Furiase, economista de la consultora bonaerense EcoGO.

Este lunes el dólar blue arrancó en $ 151, el mismo nivel al que había cerrado el viernes pasado. Así mantiene su tendencia estable luego de que la semana pasada se moviera en un rango que iba de $ 153 a $ 151.

El informal sigue siendo el único de los dólares disponibles para el público que cotiza a la baja. En el año cedió 15 pesos. En cambio los dólares financieros vuelven a aumentar: el dólar MEP sube a $ 150,31 y el contado con liqui da un salto de 4% en el día, que lo lleva a $ 154.

Del lado del tipo de cambio oficial, el Banco Central mantuvo la tendencia de la semana pasada y desacelera el ritmo de la devaluación. Es habitual que cada lunes le aplique una corrección cercana a 25 centavos al tipo de cambio mayorista. Pera esta vez la suba fue de solo 17 centavos y se vende a $ 88, mientras el dólar ahorro llega a $ 154,5.

El operador Gustavo Quintana consigna que «la corrección del primer día de esta semana se aleja de las mayores subas de todos los lunes y es la más baja desde el 26 de octubre pasado».

«La semana pasada el BCRA convalidó una suba del 0,81% para el dólar oficial, apenas por debajo del cierre de la semana anterior (0,88%). Se trata de una depreciación a razón de 0,16% por día, desacelerando contra las dos semanas anteriores», detalla la consultora LCG.

¿Por qué frena el Central el ritmo de suba del dólar? La semana pasada la autoridad monetaria compró US$ 143 millones. Y lo hizo pese a que en el mercado se especulaba con que a esta altura del mes ya se iba a sentir el efecto de la «trampa de febrero».

Esta «trampa» hace alusión a que en el segundo mes del año se suele cortar la estacionalidad de alta demanda de pesos que marca el ritmo del mercado desde mediados de diciembre hasta finales de enero. En ese período los particulares y las empresas prefieren tener pesos para afrontar gastos de fin de año y vacaciones, por lo que cede la presión sobre el dólar.

A esto se suma que habitualmente a esta altura del año afloja la liquidación de divisas por parte del agro porque termina de venderse el trigo y se abre un compás de espera hasta que en marzo y abril comience a comercializarse la soja. Con menos oferta de divisas por parte del campo hay menos dólares para abastecer al mercado y eso suele complicar la estrategia del Central.

Pero al menos hasta ahora este febrero muestra una dinámica diferente. Desde Portfolio Personal apuntan que «el Banco Central que logró cerrar con un saldo neto positivo en las cinco primeras ruedas de febrero. La mayor oferta de divisas por liquidación de granos, junto con una demanda regulada, permitió que el BCRA mantenga el ritmo de compra de divisas en el mercado de cambios».

Según detallaron en los primeros 5 días hábiles del mes ingresaron US$ 572 millones por liquidación de granos, cuando en enero habían entrado US$ 430 millones. De este modo, la entidad presidida por Miguel Pesce acumuló US$ 143 millones de divisas -a un ritmo promedio diario de US$ 29 millones- y compensó de esta manera parte de los US$ 272 millones que llegó a vender en las últimas dos semanas de enero.

Detrás de esta baja del ritmo de depreciación esta la intención de no sumarle más presión a los precios. Este jueves se conocerá el dato de la inflación de enero, que rondará el 4%. Con tarifas pisadas y acuerdos de precios, los alimentos siguen aumentando por encima del índice. En ese marco, el presidente Alberto Fernández eligió redoblar la presión sobre el campo y amenazó con subir las retenciones si los precios no se frenan.

«Con una inflación headline de enero que andará en torno al 3,6%-3,9%, el gabinete económico insiste en culpar a la mejora en los términos de intercambio y sugiere que está en agenda subir las retenciones para ‘desacoplar’ los precios domésticos de los internacionales…y al mismo tiempo recaudar», señala LCG.

«Una mejora de los términos de intercambio en un contexto de control de importaciones debería apreciar la moneda doméstica, el tipo de cambio funciona en ese caso como estabilizador automático. El BCRA parece tener otro diagnóstico y el tipo de cambio se mueve en línea con la inflación del mes anterior», indica la consultora.

El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, aseguró este domingo que «una devaluación sólo generaría un aumento de los precios» y que la brecha con los dólares paralelos «no tiene que ver con la economía real» ya que el tipo de cambio «es competitivo» y los niveles de inflación son muy inferiores a los del año pasado.

En esa línea, destacó que la Argentina tiene un superávit comercial en torno a unos US$ 12.000 millones, que se reestructuró la deuda externa con el sector privado y que el Gobierno está trabajando para impulsar una recuperación de la economía con paquetes de asistencia a la inversión y la producción.

«Hay sectores que plantearon abiertamente que la devaluación seria la solución. No lo vemos de esa manera ¿Qué solucionaría una devaluación? En un escenario como el actual, donde el tipo de cambio es ciertamente competitivo, sólo generaría un aumento en los precios internos, como en 2018 y 2019», aseguró el ministro en una entrevista con Futurock.

Según Kulfas, los precios de los alimentos tienen actualmente una inflación de «la mitad del año pasado» y que si bien han habido aumentos estacionales y en productos frescos, la inestabilidad de mercados de cambio paralelos no afecta a la economía real.

«No se ve una vinculación entre lo que ocurre en el dólar paralelo y lo que pasa en la góndola», afirmó el ministro, ya que «el ritmo de los precios internos tienen que ver con el tipo de cambio oficial.

Al respecto, llamó a no repetir «errores históricos» de creer que el precio de los productos está atado al dólar paralelo.

«En 2015, (Mauricio) Macri dijo que se iba a eliminar el cepo y que iba a haber una devaluación pero que eso no iba a afectar en los precios porque estaban atados al dólar blue ¿Qué pasó? Hubo una devaluación del 40% y una inflación del 40%», recordó el ministro.

Restablecer la confianza

En ese sentido, dijo que el Gobierno trabaja para resolver «el tema central» que «tiene que ver con restablecer confianza, reducir la brecha cambiaria y mejorar la oferta de dólares».

«Lo que estamos buscando es ir reestableciendo la actividad económica. En el caso del sector industrial, las empresas que están siendo asistidas por el programa ATP son menos del 20% de las que eran en abril», aseguró Kulfas.

Por otra parte, respecto de las negociaciones con con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por un nuevo programa y el debate en torno a la continuidad de los paquetes de asistencia por la pandemia, dijo que seguirán «en la medida que sean necesarios».

«Es un tema que encabeza el ministro (de Economía, Martín) Guzmán, que plantea un programa propio que apunte a restablecer el equilibrio fiscal pero en un sendero de crecimiento, no con ajuste», añadió el titular de la cartera de Desarrollo Productivo.

Por último, dijo que se está trabajando en la implementación de 40 medidas para la pospandemia que incluyen programas de obra pública y de apoyo a la exportación, a la inversión y a sectores productivos.

«Argentina tiene que superar no solo la crisis de coronavirus y cómo volver a crecer sino pensar para los 10 o 15 años una estrategia de desarrollo», cerró el ministro.

El presidente Alberto Fernández convocó al empresariado argentino, reunido en el tradicional coloquio de IDEA, a trabajar «juntos» en un «capitalismo solidario», descartó la posibilidad de una devaluación o que se quiera quedar con los depósitos bancarios, y aseguró que vislumbra un 2021 con «muchísimas posibilidades».

«Necesitamos que la Argentina crezca con confianza y que los empresarios entiendan que debemos trabajar juntos», destacó el mandatario desde la residencia de Olivos, al abrir el encuentro que, por primera vez, se realiza en forma virtual, debido a la pandemia de coronavirus.

En su discurso, el Presidente defendió las medidas adoptadas por su Gobierno durante la cuarentena por el coronavirus, renovó sus cuestionamientos a la gestión de Mauricio Macri y se refirió a otros temas, como la reforma judicial y las recientes marchas opositoras.

En la búsqueda de tender puentes hacia el sector empresario, Fernández pronunció un discurso en el que rechazó que a su Gobierno «no le importen los empresarios» y, en ese sentido, ponderó la ayuda estatal que se brindó a las empresas durante la cuarentena para sostener el empleo.

En su discurso, el jefe de Estado analizó que el «capitalismo empezó a tergiversarse el día en que el gerente financiero pasó a ser más importante que el gerente de producción», y propuso un «capitalismo solidario, que tenga diálogo y donde los mercados funcionen como corresponde».

«Un capitalismo sin mercado es hacer que unos pocos ganen y muchos pierdan o padezcan», advirtió el Presidente, quien abrió esta mañana el foro anual del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), que reúne al empresariado del país.

En ese marco, el Presidente despejó en forma tajante versiones de estos días: «En el medio tenemos problemas, claro que los tenemos; hoy mismo estamos enfrentando un problema por la falta de divisas, que objetivamente heredamos, por una desconfianza que se crea, porque se repiten cosas que objetivamente no son ciertas».

En este sentido, agregó: «Desde los que plantean que se viene una devaluación hasta los que plantean que podemos quedarnos con los depósitos de la gente. Jamás haría semejante cosa».

En esa dirección, apuntó: «Lo que nosotros necesitamos es una Argentina que crezca con confianza, y que los empresarios, de una vez y para siempre, entiendan que tenemos que trabajar juntos para el desarrollo de la Argentina».

«A veces escucho decir que este es un Gobierno que no le importan los empresarios pero lo único que sé es que nosotros llevamos adelante un programa para atender la producción y el trabajo, el ATP, y por esa vía llegamos a más de 236 mil empresas», remarcó sobre el programa de ayuda estatal.

Fernández, en esa línea, remarcó que, «sin ayuda del Estado, tal vez hoy no existirían (esas empresas) y, de ese modo, garantizamos el trabajo de más 2,5 millones de argentinos», y dijo que, «gracias a ese esfuerzo, el empleo registrado cayó prácticamente en los mismos términos en que cayó en toda Europa, en promedio».

Al volver sobre su idea del capitalismo, sostuvo que «ese mundo empresario, necesita vincularse con el Estado, porque un capitalismo sin Estado es la selva misma, es un mundo sin reglas, donde gana el más poderoso y pierde el resto».

Asimismo advirtió que «un desarrollo donde se concentran ingresos de pocos es un desarrollo que solo trae conflictos y eso es a lo que estamos llamados a hacer, trabajar juntos para poder encontrar la salida y tenemos muchísimas oportunidades de salida porque la Argentina las ofrece».

Justicia y calidad institucional

En otro tramo de su discurso, sostuvo que el objetivo de su gestión es que el país «recupere su calidad institucional» y «una Justicia que se ha perdido».

En ese marco, les dijo a los empresarios que «la seguridad jurídica» que reclaman «exige jueces dignos y probos», para lo cual se tienen que dar los pasos establecidos por la Constitución, que prevén «un concurso de antecedentes, el acuerdo el Senado y ser designados por el Poder Ejecutivo Nacional».

«Queremos que la Argentina tenga calidad institucional y eso lo hacemos, no para impunidad de nadie, ni para beneficiarnos nosotros sino para que la Argentina recupere una justicia que se ha perdido», dijo el mandatario en alusión al proyecto oficial de reforma judicial.

También dijo que «esta Argentina dividida solo trae problemas» y se refirió a las marchas opositoras registradas en los últimos días: «Se plantean protestas en domicilios particulares de jueces o en algún caso de la Vicepresidente o yo mismo en la puerta de residencia de Olivos, donde todos los reclamos son repletos de agresión, de insultos y de maltrato», dijo.

En ese aspecto, Fernández evaluó que «ese país no funciona más» y que «ese país que divide y descalifica también pone en una vereda a los empresarios y en otra a los trabajadores, lo que es una falsa opción».

«Necesitamos a los empresarios y a los trabajadores en la misma vereda, caminando juntos, construyendo juntos», remarcó el Presidente.

Construcción

Por otro lado, anunció que en los próximos días el gobierno nacional va a presentar un plan basado en la construcción «como alternativa para que los argentinos puedan invertir en otras cosas» en momentos en que «ahorrar en dólares es costoso», y encontrar así «una alternativa para poder sostener una rentabilidad mínima de sus ahorros».

«La construcción es una gran oportunidad para hacerlo y en los próximos días sacaremos medidas que den cuenta de lo que estamos diciendo», dijo el mandatario, quien además sostuvo que vislumbra un 2021 que «ofrece muchísimas posibilidades» y a la obra pública como «el gran motorizador de la economía».

En ese sentido, agregó: «Queremos convertir a la construcción en una gran oportunidad de inversión y a la obra pública como un gran motor de la economía».

Entre otros adelantos, Alberto Fernández dijo en su exposición en el coloquio de IDEA que en los próximos días anunciará en Vaca Muerta «el Plan Gas, que seguramente va a generar mucha inversión en la zona y en toda la Argentina».

«Tenemos un potencial enorme de producción que nos garantiza el gas que necesitamos y que tengamos excedentes exportables de gas», señaló Télam.

Dos cafés, 1 millón de bolívares; una pizza congelada, casi 3 millones; un paquete de salchichas, 1,4 millones; 1 dólar, 306.000 bolívares. El billete de más alta denominación, 50.000 bolívares. En Venezuela, la imparable devaluación ha superado un nuevo hito que deja su existencia en mínimos solo comparables con las grandes tragedias económicas de la historia.

La última barrera la superó esta misma semana cuando, tras una devaluación del 10 %, el precio del dólar superó los 300.000 bolívares soberanos por cada divisa estadounidense, es decir, el billete de 50.000 supone 0,16 centavos de la moneda estadounidense.

Así que, si en Venezuela se quiere comprar un dólar, se necesitan seis billetes de la más alta denominación. Y si lo que se quiere es tomar un café acompañado, son 20, algo imposible de compilar puesto que los cajeros no suelen disponer de cantidades superiores a los 100.000 bolívares.

Una moneda en extinción

El economista Guillermo Arcay resume la situación actual en una frase: «La gente pasó de reírse de Venezuela por ser un país con muchos ceros en sus billetes a ser un país donde, simplemente, no hay billetes».

Sencillamente, ya no se emiten billetes cada vez de más alta denominación con ese fin folclórico de sumar ceros, las cantidades en bolívares que tienen los venezolanos en sus cuentas crecen mientras mengua su valor.

«Los saldos monetarios reales que tienen los venezolanos en sus cuentas son tan pequeños que la gente tiene menos de un día de consumo en bolívares en su cuenta», explica Arcay.

Se trata de cantidades pequeñas si se calculan en moneda extranjera, pero si un venezolano decide cambiar 20 dólares para hacer algún tipo de compra se encontrará con seis millones de bolívares en su cuenta, una fugaz sensación de riqueza.

Por eso, la tarjeta es apenas una suerte de monedero que contiene todos los ceros que ya no caben en los billetes y que dan una muy baja capacidad de compra.

Así, la compra de esos dos cafés que permitirán a sendos amigos compartir un momento de calma, sucederá sin billetes venezolanos. El camarero pronuncia la cifra, un millón, los dos amigos pondrán la habitual cara de sorpresa e indignación. Uno de ellos ofrecerá su tarjeta y de su depósito saldrá un millón de bolívares que pasarán al banco del propietario.

Eso sí, es probable que esa cantidad que hoy supone 3,3 dólares en la cuenta del propietario se transforme, por la magia de la devaluación, en apenas 3 dólares (o menos) en unos días.

Directo al «top 10»

«Venezuela está a punto de cumplir tres años en hiperinflación. Estamos en el ‘top 10’ de hiperinflaciones más largas de la historia, por detrás de Nicaragua, que duró cinco años» y de Grecia, que duró más de cuatro, señala Arcay.

A pesar de esto, matiza que algunos casos como Brasil o Argentina, entre finales de los 80 y primeros de los 90; Bolivia, entre 1984 y 1985, o Perú, en 1990, podían ser comparables al inicio de la hiperinflación venezolana.

«Pero Venezuela se diferencia no solo en magnitud porque hemos tenido la hiperinflación más aguda en la historia latinoamericana sino en longitud», asegura.

 

Las dos primeras fueron golpeadas por los continuos conflictos sociales y en el caso del real brasileño por los problemas económicos internacionales.

Las monedas de Chile, Colombia y Brasil están sufriendo una fuerte devaluación en la última semana, golpeadas por los continuos conflictos sociales y los problemas económicos internacionales.

El dólar estadounidense alcanzaba este miércoles en Colombia un precio histórico al superar los 3.500 pesos, que se explica como una reacción de los mercados a los siete días de huelga general. En la apertura del mercado el dólar abrió en 3.472 pesos, pero luego subió rápidamente. Este año el peso colombiano se ha devaluado un 6,75% frente a la divisa.

En Chile, los mercados reaccionaron ante la crisis social y la incertidumbre castigando al peso, que marcó este miércoles un nuevo mínimo histórico, al caer a 820 unidades por dólar. Representa una baja del 2,5% frente al cierre del martes.

El peso chileno llegó a sus niveles más bajos, al cumplirse más de un mes de las protestas en contra del gobierno de Sebastián Piñera y a favor de una nueva constitución.

Ni las posteriores medidas sociales anunciadas por el gobierno de Piñera ni el acuerdo parlamentario para cambiar la constitución lograron menguar las protestas, que comenzaron como respuesta al aumento de tarifas del transporte público el 18 de octubre y que ya dejaron 23 muertos, miles de heridos y denuncias de torturas, abusos sexuales y crímenes contra los derechos fundamentales.

Tampoco pudieron evitar los graves destrozos económicos: el peso llegó a sus niveles más bajos (hoy cerró $819,80 vendedor y $819,50 comprador, mientras que el 14 de noviembre había cerrado en $803,80) y el Banco Central rebajó su previsión de crecimiento para 2019 del 2,5% al 1,9%, en medio de la incertidumbre del país y ante los sucesivos hechos de violencia, al tiempo que estimó que se podrían perder hasta hasta 300.000 puestos de trabajo a finales de año, lo que elevaría la tasa de desempleo del 7 % al 10.

Brasil, el gigante de la región, también es parte de la debacle, aunque su caso tiene que ver con la situación internacional y las reformas que intenta llevar a cabo el gobierno de Jair Bolsonaro. El real se devaluó por tercer día consecutivo. Llegó a 4,258, un 0,4% más que el día anterior, informó Clarín.

El gobierno nacional publicó una resolución en el Boletín Oficial en la cual comunicó que le «devolverá» más de $24.500 millones a las empresas distribuidoras de gas, a raíz de la variación que el tipo de cambio atravesó entre abril de 2018 y marzo de este año.

Ocurre que, meses atrás, el Estado expresó a través del Decreto N° 1053/18 “el pago de las Diferencias Diarias Acumuladas (DDA) entre el valor del gas comprado por las prestadoras del servicio de distribución de gas natural por redes y el valor del gas natural incluido en los cuadros tarifarios vigentes entre el 1º de abril de 2018 y el 31 de marzo de 2019, generadas exclusivamente por variaciones del tipo de cambio y correspondientes a volúmenes de gas natural entregados en ese mismo período», según se informó es una medida de carácter excepcional, dada la variación del dólar y que esto impida que llegue a los usuarios.

Por esta situación este jueves se publicó en el Boletín Oficial “aprobar el monto neto en pesos argentinos correspondiente a las diferencias diarias acumuladas para cada prestadora del servicio de distribución”.

El valor total a abonar por parte del Gobierno asciende a más de 24.572 millones, a distribuir entre 10 empresas: Metrogas, Naturgy Ban, Camuzzi Gas Pampeana, Camuzzi Gas del Sur, Distribuidora de Gas Cuyana, Distribuidora de Gas del Centro, Litoral Gas, GasNor, Gas Nea y Redengas, publicó el Destape Web.

El Gobierno resolvió posponer aumentos de la tarifa de gas prometidos a las empresas y previstos para octubre hasta enero de 2020. En este caso, fue la resolución 521/2019 de la Secretaría de Energía, firmada por Gustavo Lopetegui, la que pospuso la segunda actualización anual. La anterior había sido en marzo, cuando aumentó un 29% en forma escalonada.

Son datos de septiembre del RIPTE. En ese mes, los salarios crecieron 3,2% y la inflación fue de 5,9%.

En Septiembre, los salarios formales o registrados volvieron a perder frente a la inflación: aumentaron el 3,2% mientras la suba promedio de los precios fue de 15,9%. Y entre enero y septiembre, la pérdida fue mayor porque las remuneraciones subieron el 32,5% y la inflación alcanzó al 37,7%. Son 5,2 puntos menos que representan una pérdida del poder adquisitivo del 3,8%.

Los datos de salarios corresponden al RIPTE (Remuneración Imponible de Trabajadores Estables) que, a septiembre, fue de $ 45.485,23, según el informe oficial. Un año atrás, era de $ 31.523,56, lo que equivale a una suba nominal del 44,3% frente a una inflación del 53,5%. Una pérdida del salario real del 6%.

Por tratarse del sueldo bruto, a los $ 45.485,23 habría que descontar el aporte de jubilación y salud del trabajador (17%) y, eventualmente, sumar el salario familiar. Según la estructura familiar, el sueldo promedio en mano rondaría entre $ 37.752 y poco más de 40.000 pesos.

Esos poco más de $ 40.000 se aproximan al costo de la canasta familiar de pobreza de un matrimonio con 2 chicos que, según el INDEC en septiembre, fue de  34.784,75.

Estos valores contrastan con el cálculo del Centro de Educación, Servicios y Asesoramiento al Consumidor (CESyAC) que informó que un  grupo familiar porrteño de clase media debió destinar en octubre $2.167 por día para contratar los servicios básicos para el hogar y $643 para productos de consumo masivo. Así, una familia porteña de clase media necesitó $ 84.341,31 para vivir en octubre, informó Clarín.

Tras la fuerte devaluación posPASO y el impacto en la inflación que se espera para este y los próximos meses, el Gobierno se vio obligado a acercarse a los laboratorios dejando de lado la desconfianza mutua que marcó los últimos dos años, con el fin de lograr un congelamiento de precios voluntario en la mayoría de los medicamentos por un plazo de entre 60 y 90 días. Sin embargo, las intenciones no fueron suficientes y no hubo acuerdo.

Tras una ardua negociación con los laboratorios nacionales y extranjeros, el Gobierno de Mauricio Macri no podrá finalmente realizar uno de los anuncios que más esperaba: el congelamiento de los precios de medicamentos.

“La negociación está empantanada porque los laboratorios no tienen voluntad de colaborar en la emergencia mediante un congelamiento (de precios)”, dijeron desde el Gobierno, a la vez que anoche desde la Cámara Industrial de Laboratorios Farmacéuticos Argentinos (CILFA) afirmaron que “es imposible congelar precios, cuando el dólar tuvo un salto del 27%, se disparó la inflación, y hay tasas de interés por las nubes, entre varias situaciones”.

Sin embargo, en el Gobierno mantienen la postura de que las empresas deberían aceptar un congelamiento hasta el próximo 30 de noviembre, con una suba de hasta 10% respecto del valor que tenían los medicamentos el pasado viernes 9 de agosto.

Según publicó esta mañana el Diario ‘BAE Negocios’, las conversaciones se enfriaron a tal punto que en las últimas dos semanas no hubo contactos personales, sino telefónicos y sin mayores avances, hasta que las posibilidades de acercamiento se agotaron.

Para Cilfa, Cooperala y Caeme, en estas condiciones no es posible congelar precios, entre otros factores, porque después de que se iniciaran las conversaciones hubo una nueva devaluación que llevó el dólar a $62, con mayores costos aparejados.

La volatilidad del dólar es el principal escollo para sellar el pacto ya que los medicamentos tienen un alto componente importado (por los principios activos) y, por ende, son muy sensibles al precio de la moneda norteamericana.

El borrador que estaba sobre la mesa se refería a más de cincuenta tipos de drogas. Las empresas siempre rechazaron un plazo de freno por 90 días, al tiempo que proponían otro más corto de 60 días, pero sin retrotraer los incrementos que hubo desde el fatídico lunes 12 de agosto, cuando no hubo intervención oficial para frenar la devaluación.

El diálogo buscaba contener subas en drogas para tratamientos comunes o ambulatorios, y otras de alto costo para tratamientos especiales. Los pretendidos precios congelados iban a alcanzar a los antibióticos, analgésicos, antihipertensivos, betabloqueantes, medicamentos oncológicos, entre muchos otros.

Los medicamentos aumentaron más del 50% entre enero y agosto, superando la inflación, a la vez que las compras por parte de la población se derrumbaron un 6% interanual el mes pasado.

Mientras piden que el Gobierno cumpla rápidamente y acorte plazos de pago del PAMI, así como los gobiernos provinciales con las obras sociales, la crisis ya liquidó a 74 farmacias desde enero pasado, lo que implicó una pérdida de empleo superior a las 800 personas.

De esas 74, 8 cerraron desde las PASO, según Marcelo Peretta, secretario general del gremio sectorial.