La relación entre tecnología y fuerzas militares vuelve a quedar en el centro de la escena con un desarrollo que genera asombro y preocupación global
De acuerdo a lo publicado por TN, Rusia experimenta con palomas equipadas con implantes cerebrales y cámaras, un sistema pensado para tareas de vigilancia y operaciones encubiertas. Los ensayos están a cargo de la empresa Neiry, vinculada al gobierno de Vladimir Putin.
Cómo funcionan las palomas controladas por chips
Según la información difundida, estas aves —denominadas PJN-1— no son robots ni dispositivos artificiales: se trata de palomas reales intervenidas quirúrgicamente para actuar como “biodrones”.
Los implantes neuronales permiten dirigir su vuelo de forma remota, similar al manejo de un dron convencional. Además, llevan cámaras de espionaje, GPS, mochilas con paneles solares y un sistema de transmisión conectado al chip cerebral.
Desde Neiry explican que las palomas “creen que eligen su rumbo”, aunque en realidad responden a la estimulación aplicada por los operadores a distancia. La compañía asegura que cualquier ave puede volverse controlable tras la intervención y que no requiere entrenamiento previo.
Alcance operativo y nuevos experimentos
Las palomas espía pueden recorrer hasta 500 kilómetros por día, lo que amplía su campo de acción para tareas de monitoreo ambiental, industrial, búsqueda y rescate, o misiones de vigilancia discreta.
Pero el proyecto no se detiene allí. La empresa analiza replicar el modelo en cuervos y gaviotas para patrullajes costeros y traslado de cargas más pesadas. El fundador de Neiry, Alexander Panov, sostiene que “cualquier ave puede ser portadora”, aunque no se han revelado datos sobre las bajas ocurridas durante las pruebas.
Este no es el primer experimento polémico de la firma. Años atrás, recibió cuestionamientos por intervenir cerebros de vacas con el fin de aumentar la producción de leche, otro proyecto vinculado al entorno del Kremlin.
Un debate ético que crece en el mundo
El uso de animales con fines militares no es nuevo. En tiempos de la Unión Soviética se entrenaron delfines para reconocimiento y colocación de minas. Hoy, los avances en neurociencias y microelectrónica abren la puerta a desarrollos más sofisticados, pero también más inquietantes.
Investigadores de la Universidad de Bradford, en el Reino Unido, advirtieron recientemente que estas tecnologías pueden derivar en la creación de “armas cerebrales” capaces de alterar cognición, percepción u obediencia. Según especialistas como Malcolm Dando y Michael Crowley, los progresos que hoy permiten tratar trastornos neurológicos también podrían utilizarse con fines coercitivos.
China, por su parte, ya presentó microdrones inspirados en insectos y diseñados para operaciones de espionaje, lo que demuestra que la carrera por la vigilancia encubierta se acelera a nivel global.
Mientras Neiry avanza con sus palomas espía y otras potencias exploran tecnologías similares, crece la exigencia de marcos regulatorios que establezcan límites éticos y garanticen transparencia. La frontera entre innovación y riesgo parece cada vez más delgada.




