El histórico acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea podría impulsar las exportaciones argentinas al bloque europeo hasta en un 35%, según estimaciones de especialistas. Este incremento representaría un aumento aproximado de 35,000 millones de euros anuales en ventas, dinamizando especialmente al sector agroindustrial.
Este impulso comercial será clave para consolidar a Argentina como un socio principal en Sudamérica, luego de que el comercio total Mercosur-UE superara los €100,000 millones en 2024, con una participación nacional de €16,400 millones. Según Noticias Argentinas (NA).
El agroindustrial: el gran ganador con aranceles reducidos
El acuerdo libera aranceles para el 99.5% de las exportaciones agroindustriales del bloque sudamericano, lo que abre una oportunidad histórica para productos argentinos de alto valor. Entre los más beneficiados se encuentran:
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Harina y aceite de soja: productos líderes con demanda creciente en Europa para la industria de piensos.
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Maní: reconocido por su calidad superior en el mercado internacional.
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Carne vacuna refrigerada: un producto premium de alta demanda.
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Biodiesel: sector que buscará recuperar terreno tras caídas recientes en sus exportaciones.
Según el portal Infocampo, la reducción específica para las oleaginosas será del 14%, mejorando significativamente la rentabilidad y los ingresos del sector. El acuerdo no solo facilita el acceso de materias primas, sino que incentiva fuertemente la industrialización local, un tema estratégico para la economía argentina.
Impacto económico y los desafíos por superar
Más allá de las exportaciones, se esperan otros efectos positivos. A nivel macroeconómico, se proyecta que el acuerdo contribuya con un crecimiento del 0.3% en el PIB del Mercosur. Para Argentina, esto podría traducirse en un aumento del stock de Inversión Extranjera Directa (IED)proveniente de Europa, potenciando el desarrollo de cadenas de valor y la transferencia tecnológica.
Sin embargo, el camino no está exento de obstáculos. Los exportadores argentinos deberán adaptarse a exigentes normativas ambientales y sanitarias de la UE, que podrían condicionar el ritmo de implementación del acuerdo. Además, serán necesarias inversiones internas para mejorar la productividad, la logística y la trazabilidad, claves para aprovechar plenamente este nuevo escenario.
La firma del acuerdo marca el comienzo de una nueva etapa en la relación comercial transatlántica, ofreciendo a Argentina una ventana de oportunidad única para diversificar y agregar valor a sus exportaciones, aunque su éxito dependerá de la capacidad de adaptación y competitividad del sector productivo nacional.




