Una nueva movilización en Comodoro Rivadavia visibilizó el dolor y la frustración de familias ante la falta de avances en casos de desapariciones. La hija de Juana Morales, desaparecida con Pedro Kreder desde octubre, denunció la parálisis de la búsqueda por falta de recursos.
El dolor y la incertidumbre se transformaron en reclamo público en las calles de Comodoro Rivadavia. Durante una movilización por Justicia, familiares de personas desaparecias expresaron su profunda frustración ante la ausencia de respuestas claras del sistema judicial y la paralización de las búsquedas.
El caso emblemático es el de Juana Morales (69) y Pedro Kreder (80), quienes permanecen sin rastros desde el 11 de octubre de 2025, cuando fueron vistos por última vez dirigiéndose hacia Camarones. Según La17.
Un reclamo desgarrador: “Desde Fiscalía no llaman; no dan respuestas”
En el centro de la escena estuvo Aldana, hija de Juana Morales, cuya voz representó el sentir de muchos. En diálogo con Radio La Petrolera, la joven lanzó una crítica contundente a la inacción estatal. «No puede ser que siempre pase lo mismo; que todos los casos queden archivados y en la nada», afirmó con angustia. Su denuncia apuntó directamente a la falta de comunicación: «Desde Fiscalía no llaman; no dan respuestas», una situación que, según ella, es común a múltiples investigaciones.
Aldana enfatizó que su reclamo va más allá del caso personal. «No hablo solamente como la hija de Juana, sino como una ciudadana común», sostuvo, exigiendo que las autoridades expliquen qué sucede con los mecanismos de prevención y control. Cuestionó la efectividad de las herramientas de seguridad pública: «¿Qué pasa con los centros de monitoreo, con las cámaras que no funcionan, con todo lo que dicen que hay?».
La búsqueda paralizada y un llamado a no naturalizar las desapariciones
El testimonio reveló un dato alarmante: la búsqueda activa de Juana y Pedro se encuentra actualmente detenida. «Actualmente la búsqueda se paró porque se quedaron sin recursos», explicó Aldana. Esta falta de avances, sumada al silencio oficial, genera una angustia aún mayor y alimenta sospechas sobre la eficacia de la investigación.
Con una frase poderosa que resonó en la movilización, Aldana se negó a aceptar las explicaciones que naturalizan lo inexplicable: «A las personas no se las traga la tierra ni el mar, como nos quieren hacer creer». Y agregó, con lógica contundente: «Acá alguien está haciendo algo y no se descubre. ¿Qué pasa? ¿Nadie ve nada?». Su planteo describe un clima social donde el miedo se ha instalado: «No puede ser que tengamos miedo cuando sale un familiar, una amiga, cualquier persona».
El pedido de una ciudad que exige ser escuchada
El cierre del testimonio de Aldana fue un llamado a la responsabilidad colectiva e institucional. «Somos una ciudad grande, no puede ser que siempre quedemos en la nada», expresó, sintetizando el sentimiento de abandono que experimentan las familias afectadas. Su reclamo condensa tres demandas fundamentales para restaurar la confianza ciudadana:
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Información clara y constante por parte de la Justicia sobre el estado de las causas.
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Continuidad y recursos suficientes para sostener las búsquedas hasta encontrar a las personas.
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Un vínculo más transparente y humano entre las instituciones y las familias, que hoy se sienten ignoradas en su momento de mayor dolor.
La movilización en Comodoro Rivadavia dejó en evidencia una herida abierta que va más allá de un caso aislado. Expuso la fractura entre un sistema judicial percibido como lento y opaco, y una comunidad que clama por verdad y celeridad. La desaparición de Juana Morales y Pedro Kreder, y el reclamo de su hija Aldana, son un espejo de una problemática que requiere una respuesta urgente, coordinada y con recursos concretos. Mientras las búsquedas estén paralizadas y las familias no obtengan respuestas, la consigna «A las personas no se las traga la tierra» seguirá siendo un recordatorio de una deuda pendiente del Estado con sus ciudadanos.




