Los últimos datos del INDEC revelan un deterioro histórico: la suma de trabajadores «en negro» y cuentapropistas ya supera a los asalariados registrados, poniendo en jaque al sistema previsional y presionando por una reforma urgente.
El mercado laboral argentino se encuentra en su momento más frágil en décadas. Según Noticias Argentinas, expone una realidad alarmante: el empleo precario y no registrado ya no es una anomalía, sino la norma. Al cierre de 2025, los trabajadores sin protección social formal superaron en número a quienes tienen un empleo en blanco, marcando un punto de inflexión que amenaza las bases del sistema de seguridad social y potencia la urgencia de una reforma laboral integral.
Un mapa de la precariedad: empleo doméstico, comercio y construcción a la cabeza
La radiografía de la informalidad muestra sectores particularmente golpeados. Según el INDEC, el personal de servicio doméstico encabeza la lista con 1.15 millones de trabajadores no registrados, lo que evidencia la profunda desprotección en uno de los rubros con mayor presencia femenina. Le siguen de cerca el comercio minorista y mayorista (851,000), la agricultura y ganadería (632,000) y la construcción (574,000).
Esta situación no es uniforme. En sectores como la construcción, la agricultura, los hoteles y restaurantes, y el propio servicio doméstico, hay más trabajadores «en negro» que registrados. El problema se agrava cuando se observa el trabajo por cuenta propia, un universo donde la informalidad alcanza al 64%. Sectores como el comercio concentran 1.8 millones de cuentapropistas, seguidos por la construcción (954,000) y la industria manufacturera (792,000).
Salarios que pierden la batalla y un futuro con sectores relegados
La precarización laboral vino acompañada de una sostenida caída del salario real, afectando especialmente a empleados públicos, trabajadores bajo convenio e informales. Estudios como los del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) detallan que, entre 2018 y 2025, los trabajadores informales perdieron un poder adquisitivo equivalente a 28.6 sueldos, una brecha muy superior a la de los formales.
Economistas como Martín Redrado advierten que esta transformación no es temporal, sino estructural. El futuro del trabajo en Argentina parece orientarse a priorizar sectores como la energía, el agro, la minería y la tecnología, mientras que actividades intensivas en mano de obra como la construcción y la industria manufacturera enfrentan un declive persistente, lo que explica en parte las fuertes caídas de empleo registrado en esos rubros.
La bomba de tiempo previsional y el desafío de la reforma
La consecuencia más directa y grave de este panorama es el colapso acelerado del sistema previsional. Con una base de aportantes formalizados que se reduce –los asalariados públicos y privados registrados suman 11 millones frente a casi 12 millones entre no registrados y cuentapropistas–, la sustentabilidad de las jubilaciones se encuentra en jaque.
El gobierno ha manifestado que abordará una reforma previsional, pero solo luego de avanzar con las reformas laboral y tributaria. Este orden lógico busca atacar la raíz del problema: sin un mercado laboral que genere más empleo de calidad y con mayor recaudación por la vía tributaria, cualquier ajuste al sistema de jubilaciones será un parche insuficiente para una herida estructural. Los datos del INDEC funcionan como una alerta roja que exige acciones urgentes y coordinadas para revertir una tendencia que ya se ha consolidado.




