El líder supremo de Irán, Alí Jamenei, responsabilizó este sábado directamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de las muertes y daños ocurridos durante las masivas protestas que sacuden al país, calificando las movilizaciones como parte de un «complot estadounidense».
Esta acusación se produce en medio de lo que organizaciones de derechos humanos describen como la represión más sangrienta en la historia reciente de la República Islámica, con un saldo estimado de 3.428 manifestantes asesinados y más de 19.000 detenidosen las últimas semanas. Según DW.
La acusación de Jamenei: “El propio presidente de EE.UU. intervino personalmente”
En un encuentro con miles de seguidores en Teherán, el ayatolá de 86 años afirmó que «consideramos al presidente de Estados Unidos culpable de las víctimas, los daños y las acusaciones que ha dirigido a la nación iraní». Jamenei fue más allá al asegurar que, a diferencia de conspiraciones anteriores, en esta ocasión «el propio presidente de Estados Unidos intervino personalmente: habló, amenazó y, alentando a los conspiradores, les envió el mensaje de que avanzaran». El objetivo de Washington, según el líder supremo, sería «devorar a Irán».
Esta retórica agresiva contrasta con un inusual reconocimiento por parte de Jamenei de los graves problemas internos. En sus declaraciones, admitió que «la situación económica no es buena, la gente pueblo lucha por su sustento», instando a los funcionarios del Gobierno a trabajar con más seriedad. Las protestas estallaron el 28 de diciembre, originadas por comerciantes del Gran Bazar de Teherán indignados por el colapso de la moneda local, el rial, que perdió alrededor del 84% de su valor en el último año y generó una inflación en alimentos del 72%.
Una represión brutal y un régimen bajo presión existencial
Las movilizaciones, que pronto se expandieron por todo el país con consignas como «Muerte a la República Islámica» y «Muerte a Jamenei», han sido reprimidas con una ferocidad inédita. Organizaciones como Iran Human Rights (IHRNGO) reportan que la mayoría de las muertes ocurrieron en un corto periodo, entre el 8 y el 12 de enero, lo que llevó al régimen a imponer un apagón total de internet para dificultar la circulación de información.
Testimonios citados por medios y ONGs detallan que las fuerzas de seguridad, incluido el poderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, han utilizado ametralladoras contra multitudes e, incluso, disparado a quemarropa. Las autoridades iraníes, por su parte, han anunciado la detención de 3.000 personas a las que tildan de «terroristas», mientras el jefe del poder judicial ha subrayado «la necesidad de proceder rápidamente a juicios y sanciones» contra los detenidos.
La amenaza de Trump y el riesgo de una escalada regional
Desde el inicio de las protestas, Donald Trump ha mantenido una postura beligerante, amenazando en repetidas ocasiones con intervenir militarmente si el régimen iraní seguía matando manifestantes. En declaraciones que ahora Jamenei usa como prueba de su «complot», Trump llegó a prometer a los manifestantes que «la ayuda está en camino».
Sin embargo, analistas advierten que una intervención militar estadounidense carece de un camino claro hacia la victoria y podría desencadenar una guerra prolongada y catastrófica para la región. Irán, a pesar de su severa debilidad económica y militar tras una guerra de 12 días con Israel en junio de 2025, ha dejado claro que cualquier ataque a su gobierno central podría generar una represalia significativa, a diferencia de respuestas anteriores más simbólicas.
La convergencia de una crisis de legitimidad interna sin precedentes, una represión extrema y la amenaza de una intervención externa coloca a Irán en su momento más crítico desde la Revolución Islámica de 1979. El régimen de los ayatolás lucha por su supervivencia, mientras la población, impulsada por la desesperación económica y el anhelo de libertad, parece haber cruzado un punto de no retorno en su desafío.




