El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ejerció este jueves su poder de veto y rechazó de forma integral el proyecto de ley aprobado por el Congreso que buscaba aminorar las penas de prisión del expresidente Jair Bolsonaro y otros condenados por el intento de golpe de Estado de 2023.
La decisión fue anunciada en un acto conmemorativo del tercer aniversario del asalto a las sedes de los tres poderes, un episodio que marcó a fuego la democracia brasileña.
Según DW, Lula vetó la norma durante una ceremonia en Brasilia en la que destacó la «firmeza» de las instituciones democráticas. En su discurso, el mandatario progresista afirmó que los acusados por la conspiración golpista tuvieron «un juicio justo, con todos sus derechos preservados» por parte del Supremo Tribunal Federal (STF), y felicitó a los jueces por una conducta que, según él, «será recordada en la historia».
El contenido del proyecto vetado: beneficios penales para los condenados
El proyecto de ley que ahora queda sin efecto contenía una serie de medidas que hubieran beneficiado directamente a la cúpula del movimiento que intentó derrocar al gobierno electo de Lula. La norma, impulsada por la bancada bolsonarista en el Congreso, establecía mecanismos para reducir sustancialmente las condenas.
Entre sus puntos más polémicos, la ley impedía la acumulación de penas por los delitos de «intento de abolición violenta del Estado democrático de derecho» y «golpe de Estado», al considerarlos tipos penales similares. Esto hubiera significado aplicar solo la pena más grave, reduciendo automáticamente los años de condena. Además, proponía reducir hasta en dos tercios las penascuando los crímenes se cometieran como parte de una «multitud», como sucedió en el asalto del 8 de enero de 2023, y permitía una progresión más rápida al régimen semiabierto tras cumplir apenas una sexta parte de la condena.
Las implicancias: Bolsonaro y los golpistas seguirán tras las rejas
Con este veto, se mantienen intactas las condenas originales. Jair Bolsonaro fue sentenciado en diciembre de 2025 a 27 años de prisión tras ser declarado culpable de liderar una conspiración para aferrarse al poder de forma «autoritaria» tras su derrota electoral frente a Lula en 2022. Junto a él, altos cargos militares y exministros de su gabinete también cumplen condenas por el mismo hecho.
De haberse aprobado la ley, las reducciones propuestas hubieran permitido a Bolsonaro y otros condenados abandonar el régimen carcelario cerrado en poco más de dos años, aunque aún estarían obligados a dormir en la cárcel y pasar los fines de semana recluidos durante un tiempo. El veto de Lula cierra, por ahora, esta posibilidad, manteniendo el peso íntegro de las sentencias.




