Tras la captura de Nicolás Maduro, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), principal coalición opositora de Venezuela, fijó este miércoles sus condiciones ineludibles para avanzar en una transición democrática: la liberación inmediata de todos los presos políticos y el desarme de los grupos civiles armados.
Estas exigencias llegan en un momento de máxima tensión, donde organizaciones de derechos humanos denuncian un «patrón de endurecimiento» contra los detenidos.
Según DW, la PUD declaró en un comunicado que el «cese de la represión y el desarme de los grupos irregulares que amenazan la convivencia ciudadana» son «acciones urgentes y de inmediata ejecución». La coalición fue contundente al afirmar que «no puede hablarse de una transición democrática mientras estas medidas no se lleven a cabo». Esta postura se alinea con la de la líder opositora y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, quien sostuvo que el país está en una «fase antes de que avance la transición», en la que deben producirse una serie de eventos clave, comenzando por la liberación de los presos.
Una larga lista de detenidos y denuncias de malos tratos
La magnitud del pedido es enorme. La ONG Foro Penal, citada en el reporte, cifra en 863 el número de presos políticos en Venezuela. Estos ciudadanos están recluidos, en muchos casos, en instalaciones notorias como «El Helicoide», un edificio en Caracas que alberga centros de detención de la policía política y se ha convertido en un símbolo de la represión.
Mientras se discute su futuro, las condiciones de los detenidos parecen deteriorarse. La organización Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) alertó este mismo miércoles sobre un «patrón de endurecimiento» contra los presos políticos. Denunció la suspensión sin explicación oficial de visitas familiares y la entrega de «paquetería», que incluye alimentos, medicinas y otros insumos básicos. En su cuenta de X, la ONG señaló que estas medidas «agravan el clima de zozobra que atraviesan las familias venezolanas tras los recientes acontecimientos vividos en el país».
El gobierno interino de Delcy Rodríguez, en la mira
Las demandas de la oposición apuntan directamente al gobierno que quedó a cargo tras la captura de Maduro, liderado por la vicepresidenta Delcy Rodríguez. La PUD enfatizó que las medidas de liberación y desarme «dependen únicamente de la orden de quienes son responsables de ellas», un claro señalamiento a la cúpula chavista que permanece en el poder.
María Corina Machado se refirió directamente a este gobierno interino en una entrevista con el medio venezolano La Patilla, calificándolo de «absolutamente temporal». Esta declaración refleja la visión de la oposición de que la salida de Maduro no es el fin del proceso, sino el inicio de una etapa compleja donde el chavismo, aún controlando las instituciones y las armas, representa el principal obstáculo para una democratización real.
El desafío de desarmar a las fuerzas irregulares
El segundo punto clave del reclamo opositor es quizás el más complejo de implementar: el desarme de los civiles. Venezuela cuenta con diversas estructuras armadas paralelas o afines al chavismo, como los colectivos, que por años han operado con un alto grado de impunidad. Su desmovilización es vista como un prerrequisito fundamental para garantizar la seguridad y permitir una contienda política libre de intimidación y violencia.
Este panorama se desarrolla en un contexto regional de alta atención. Analistas del Atlantic Council han destacado que la presión militar estadounidense en el Caribe, una de las mayores en décadas, ha contribuido a limitar las opciones del régimen de Maduro. Sin embargo, advierten que el objetivo final debe ser una «transición democrática real y largamente esperada», no solo el reemplazo de un líder por otro de la misma línea represiva.
La oposición venezolana ha puesto sobre la mesa las condiciones no negociables para iniciar una transición creíble. Con cientos de presos políticos tras las rejas y grupos armados operando con libertad, el camino hacia la democracia parece tan urgente como empedrado. La respuesta del gobierno de Delcy Rodríguez a estas exigencias será la primera prueba tangible de si el chavismo post-Maduro está dispuesto a ceder espacio o prefiere aferrarse al poder mediante la fuerza y la represión.




