El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su campaña de presión sobre Cuba con una nueva medida de gran alcance.
Mediante una orden ejecutiva firmada este jueves, el gobierno estadounidense amenaza con imponer aranceles a cualquier país que venda o proporcione petróleo a la isla.
La medida, basada en una declaración de «emergencia nacional» por una supuesta amenaza a la seguridad, coloca especialmente a México en una posición compleja, ya que se ha convertido en un proveedor crucial para Cuba tras la intervención estadounidense en Venezuela. Según DW.
La Casa Blanca justifica la orden alegando que el gobierno cubano mantiene «alineamientos» y brinda apoyo a «países hostiles, organizaciones terroristas y actores malignos adversos a Estados Unidos», incluyendo a Rusia, China e Irán. «Estas acciones constituyen una amenaza inusual y extraordinaria… requiriendo una respuesta inmediata», afirma la Casa Blanca. Trump ha declarado que Cuba es «una nación en decadencia» y ha vaticinado que el gobierno cubano podría no sobrevivir.
México, entre la solidaridad y la presión económica
La orden ejecutiva pone en el centro de la disputa a México, que desde 2023 ha sido un proveedor clave de combustible para aliviar la severa crisis energética de Cuba. De enero a septiembre de 2025, la estatal mexicana Pemex reportó envíos de aproximadamente 19.200 barriles de crudo y derivados por día a la isla, lo que representa el 3.3% de sus exportaciones totales. La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha defendido los envíos como una «decisión soberana» que combina «contratos» y «ayuda humanitaria», una postura que ha mantenido incluso ante reportes recientes sobre la cancelación de un cargamento específico.
Sin embargo, México enfrenta una presión creciente desde Washington. Congresistas republicanos de la diáspora cubana, como Carlos Giménez, han amenazado con vincular la renegociación del tratado de libre comercio (USMCA) a la suspensión de los envíos de petróleo a Cuba. «Esta gran traición no se tolerará ni en lo más mínimo. Que lo tenga muy en cuenta», advirtió el congresista Giménez. Ante esto, la posición de Sheinbaum se ha vuelto ambigua, balanceando su compromiso de «solidaridad» histórica con Cuba con la necesidad de mantener una relación funcional con Estados Unidos, su principal socio comercial.
Una crisis en la isla que se profundiza
Para Cuba, las consecuencias de esta escalada podrían ser devastadoras. La isla ya sufre una crisis energética profunda, con apagones que pueden durar hasta ocho horas y largas colas en las gasolineras. Esta situación empeoró drásticamente a principios de año, cuando una operación militar estadounidense derrocó al presidente venezolano Nicolás Maduro y Estados Unidos tomó control del sector petrolero de Venezuela, cortando un flujo vital de unos 35.000 barriles diarios para la isla.
La reacción del gobierno cubano a la orden ejecutiva de Trump fue de inmediato rechazo. El canciller Bruno Rodríguez la condenó como un «brutal acto de agresión» y un intento de «chantaje y coerción» para forzar a otros países a sumarse al embargo económico contra Cuba. Aunque la orden no especifica tasas arancelarias ni países objetivo inmediatos, su mera existencia busca estrangular las ya escasas fuentes de energía de la isla.
La nueva medida marca un capítulo extremo en la larga política de presión de Estados Unidos sobre Cuba. Al amenazar con tarifas punitivas a terceros países, Trump busca aislar a la isla de manera total, apostando a que el colapso económico precipite un cambio político. Esta estrategia, sin embargo, pone a prueba las relaciones de Estados Unidos con aliados regionales como México y deja a la población cubana al borde de una crisis humanitaria aún más severa.




