Rige alerta amarilla en toda la provincia. El calor deja de ser una molestia y se convierte en una amenaza silenciosa: golpes de calor, deshidratación y fallos orgánicos pueden desatarse en cuestión de horas. Los síntomas que no hay que ignorar y las claves para salvar una vida.
El sábado 21 de febrero llegó con una advertencia que no es un simple dato del pronóstico: alerta amarilla por altas temperaturas en toda la provincia del Chubut. El problema aparece cuando el calor deja de ser incomodidad y empieza a empujar al cuerpo a un terreno peligroso, con cuadros que pueden pasar de leves a graves en pocas horas. En ese punto, la diferencia la marca la lectura temprana de síntomas y una respuesta rápida.
El calor extremo no perdona. Altera la regulación térmica y obliga a compensaciones internas que no siempre se ven a simple vista. La primera reacción suele ser la dilatación de los vasos sanguíneos, lo que baja la presión y empuja al corazón a trabajar más para sostener el flujo. En personas vulnerables, ese esfuerzo extra puede aumentar el riesgo de desmayos y eventos cardiovasculares.
Golpe de calor: cuando el cuerpo pierde el control
Cuando la temperatura corporal sube sin control, el cuerpo empieza a fallar en su función más básica: enfriarse. Por encima de ciertos umbrales, el «termostato» interno pierde eficacia, la sudoración ya no alcanza y el calor se acumula. En ese escenario aparece el golpe de calor, una emergencia que no admite demoras.
Los signos son contundentes:
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Fiebre muy alta (más de 40°C)
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Piel caliente y enrojecida
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Respiración rápida y pulso acelerado
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Síntomas neurológicos: dolor de cabeza, náuseas, confusión, convulsiones o pérdida de conciencia
El riesgo no es abstracto: puede dañar cerebro, corazón, riñones y músculos. En ese punto, la asistencia médica urgente se vuelve determinante.
La amenaza silenciosa: deshidratación y pérdida de sales
El otro frente silencioso es la deshidratación con pérdida de electrolitos. La sudoración intensa arrastra agua y sales, y eso impacta en el funcionamiento general, desde calambres e irritabilidad hasta síntomas más severos. En casos graves, puede haber convulsiones o alteraciones de la función renal.
Antes de llegar a esa situación extrema, suele aparecer el agotamiento por calor, que se acumula en varios días de altas temperaturas con mala hidratación. Se presenta con sudoración intensa, debilidad, mareos, pulso rápido y respiración acelerada. Si no se trata, puede progresar a un golpe de calor, incluso sin que la persona perciba el salto de gravedad.
El calor también golpea el cerebro
El calor también ataca el sistema nervioso, y ese punto suele pasar inadvertido hasta que ya se instaló. El exceso de temperatura altera proteínas y la barrera hematoencefálica, y favorece inflamación y daño de células nerviosas, con impacto en neuronas ligadas al equilibrio y la coordinación.
Por eso, durante olas de calor aparecen:
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Lentitud para responder
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Menor atención
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Cansancio extremo
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Apatía e irritabilidad
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Confusión y problemas para mantenerse en pie
Las señales de alarma que pueden salvar una vida
Las señales de alarma son claras y no hay que ignorarlas:
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Temperatura corporal muy alta
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Confusión
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Dificultad para hablar o sostenerse
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Convulsiones
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Desmayo
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Empeoramiento brusco de una enfermedad previa
Ante esos signos, la acción inicial apunta a enfriar a la persona de inmediato:
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Llevarla a la sombra o un lugar ventilado
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Aplicar paños fríos en cuello, axilas y zona inguinal
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Mojar la ropa y favorecer la evaporación con un ventilador
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Pedir asistencia médica urgente
El riesgo es que el cuadro progrese rápido y deje daño irreversible de órganos o incluso sea fatal.
Primeros auxilios: qué hacer y qué evitar
Para el agotamiento por calor, los primeros auxilios se apoyan en tres ideas: enfriar, hidratar y vigilar.
SÍ:
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Retirar a la persona del calor
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Aflojar la ropa
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Humedecer la piel y favorecer la evaporación
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Si está consciente y puede tragar, ofrecer sorbos frecuentes de agua fresca o bebidas con electrolitos
NO:
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Forzar grandes cantidades de líquido de golpe
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Usar alcohol ni pastillas de sal
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Dejar sola a una persona descompensada
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Insistir con la hidratación si está somnolienta, confusa o vomita (riesgo de atragantamiento)
Si los síntomas no mejoran en 30 a 60 minutos pese a estas medidas, o aparece confusión, convulsiones, pérdida de conciencia o fiebre alta, corresponde pedir ayuda médica urgente.
En niños pequeños, personas mayores, embarazadas o pacientes con enfermedades cardíacas o renales, la consulta temprana resulta la decisión más segura.




