Sextorsión en vivo: así operan los presos que simulan ser policías.
Una filtración involuntaria a través de la plataforma TikTok ha puesto al descubierto el crudo detrás de escena de las estafas telefónicas en Argentina. El video, que se volvió viral en cuestión de horas, registra el momento exacto en el que un recluso lleva a cabo una maniobra de sextorsión, revelando la fría organización que existe tras las rejas para atrapar a víctimas desprevenidas.
La grabación no solo muestra a un joven en primer plano, sino que permite oír con nitidez cómo un hombre, desde su celda, amedrenta a una persona del otro lado de la línea. Según se analizó en la pantalla de C5N, este tipo de delitos ha crecido de manera exponencial, utilizando el miedo y la manipulación psicológica como herramientas principales para vaciar cuentas bancarias o exigir pagos inmediatos bajo amenazas de detenciones inexistentes.
El modus operandi: sonidos de comisaría y léxico oficial
La puesta en escena de los delincuentes es sofisticada. Para que el engaño sea efectivo, los estafadores recrean un ambiente que simula ser una dependencia policial. Utilizan un lenguaje técnico y, lo más sorprendente, reproducen sonidos de fondo que imitan una radio con modulación oficial, otorgando una veracidad alarmante al relato.
En el audio filtrado, se escucha al estafador asegurar que posee todos los datos personales y familiares de la víctima. El argumento es recurrente: le hacen creer que existe una denuncia penal en su contra por el supuesto envío de material íntimo a un menor de edad a través de aplicaciones de citas, mencionando específicamente a la plataforma Jaumo.
Las amenazas textuales que exponen la violencia psicológica
El nivel de hostigamiento captado en el video es explícito. Los delincuentes no solo fingen ser autoridades, sino que aplican tácticas de «policía bueno y policía malo» para acorralar al extorsionado. Entre las frases más impactantes que se escuchan en la grabación, el estafador afirma: “Yo ahora te voy a hacer la llamada del teléfono de un compañero porque estoy ayudando de acá de la comisaría”.
La presión aumenta cuando la víctima intenta resistirse o cortar la comunicación. En ese punto, el tono cambia a uno puramente intimidatorio: “Si vos me cortás ahora, voy a ir hasta la puerta de tu domicilio”. Estas instrucciones cruzadas entre los propios reclusos demuestran que no se trata de un lobo solitario, sino de una estructura organizada que se divide tareas para cerrar el círculo sobre el estafado.
Un peligro real con antecedentes trágicos
Esta modalidad no es nueva, pero su visibilidad en redes sociales renueva el alerta social. El caso guarda una similitud escalofriante con lo ocurrido con Rodrigo Gómez, el joven gendarme que se quitó la vida tras ser víctima de una estafa idéntica. Los especialistas advierten que el impacto psicológico es devastador, ya que los delincuentes juegan con la desesperación de las personas ante la posibilidad de ver manchado su buen nombre o enfrentar problemas legales graves.
El objetivo final es siempre económico. A cambio de una suma de dinero, los delincuentes ofrecen “limpiar” el expediente y borrar las supuestas pruebas comprometedoras. Ante esta situación, las autoridades recomiendan nunca brindar datos personales, cortar la comunicación de inmediato y realizar la denuncia correspondiente en la fiscalía más cercana, recordando que ningún oficial de policía solicita dinero por teléfono para frenar un proceso judicial.




