Mientras la CGT para el país y Diputados trata la reforma laboral desde las 14, en Puerto Madryn la discusión baja al salario y a una deuda urbana: crecer sin alejar barrios del mar.
El jueves arrancó con el paro nacional de la CGT y con el Congreso como escenario central, porque la Cámara de Diputados trata desde las 14 el proyecto de reforma laboral del Gobierno. En Puerto Madryn, ese clima no queda lejos: se mete en la conversación diaria, en la actividad comercial, en el movimiento real de la ciudad y en cómo se interpreta lo que viene para quienes viven de un ingreso fijo.
En ese marco, el concejal Federico Garitano puso palabras a una sensación que se repite en la calle y en el Concejo Deliberante. Frente a la consulta por el paro y el contexto general, eligió una definición sin vueltas: “complejo”. A partir de ahí, ubicó el conflicto dentro de un cuadro social que, según describió, ya se nota y no da margen para distracciones. De acuerdo con LA17.
Su lectura se apoyó en una idea que repitió como diagnóstico de época: “es algo que se ve venir”. Con esa frase, unió la medida de fuerza con la economía cotidiana y con el desgaste que, planteó, ya siente gran parte de la población. En esa misma línea, remarcó que “la gente la está pasando bastante mal”, sin cargar tintas y sin buscar frases grandilocuentes.
Cuando bajó el zoom a la situación de los hogares, Garitano apuntó a un dato que, dijo, atraviesa a quienes todavía sostienen un empleo. “Hoy quienes tienen trabajo no llegan a fin de mes”, afirmó, y lo conectó con el impacto directo sobre el consumo y la vida diaria. Esa mirada también explica por qué, para él, el paro no se vive como un hecho aislado, sino como parte de un malestar acumulado.
El eje nacional de la jornada aparece en el debate por la reforma laboral que impulsa el presidente Javier Milei. Para Garitano, el proyecto pega de lleno sobre el empleo registrado: “va a quitar un montón de derechos a los trabajadores formales”. En la misma intervención, sumó otra definición que, desde su perspectiva, explica el trasfondo del problema: “hoy son pocos los trabajadores formales”.
En esa lectura, el golpe no queda en lo simbólico, sino en el bolsillo. “Es como otro empujón hacia abajo al poder adquisitivo de la gente, del trabajador”, sostuvo, y describió un escenario que ya viene ajustado. Por eso, remarcó que “la gran mayoría de la gente está muy ajustada y otro empujón de este tipo va a ser difícil de asimilar”, con una advertencia social concreta, sin dramatización.
Con ese telón de fondo, Garitano también corrió la charla hacia lo local y hacia el ritmo del Concejo, que retoma actividad con una agenda intensa. “La primera sesión generalmente es de presentación y definición de autoridades de comisión y demás”, explicó, pero ubicó un año distinto por la acumulación de temas y por el movimiento real de las comisiones. En su relato, el receso de diciembre y enero deja expedientes en fila y reclamos vecinales que llegan “durante la semana”, y eso empuja sesiones seguidas.
Ahí aparece un segundo plano que, para él, ya funciona como deuda urbana: el crecimiento de Puerto Madryn. Garitano describió una ciudad que se expandió hacia el oeste y cada vez más lejos de la costa, y lo sintetizó con una imagen dura: “Hoy vive gente cerca de las bardas”. Ese contraste, dijo, choca con la identidad de una ciudad costera, donde el acceso al mar no debería sentirse lejano.
La frase más fuerte de ese tramo se apoyó en una escena cotidiana que no busca exagerar, pero sí incomoda. “No tiene lógica que en Puerto Madryn, una ciudad con mar, una ciudad costera, hayan chicos de 6, 7 años que no conozcan el mar”, afirmó. Desde esa mirada, propuso orientar la planificación hacia el sur y marcó un horizonte: “Madryn tiene que crecer de cara al mar”.
Sobre el “cómo”, pidió tiempos largos y acuerdos amplios, sin correr detrás del apuro ni del cálculo chico. “No creo que haya que apresurarse”, dijo, y en la misma idea subrayó que ese tipo de decisiones exceden un mandato y necesitan sostén político real. Al mismo tiempo, advirtió que los plazos no se detienen: “tenemos una ley nacional que tiene plazos, que se están cumpliendo”.
En esa convocatoria, Garitano buscó sumar actores fuera de la política partidaria. Planteó que “todos aporten, que todos opinen”, y mencionó participación de “universidades” y “colegios”, además de “fuerzas vivas”, para que el proyecto no quede encerrado en un expediente. Su objetivo, según expresó, es que el diseño “salga del conjunto” de sectores y se discuta de forma “más transparente” y “más organizada”.
El cierre de su planteo local volvió al punto sensible: tierra y vivienda. Describió “valores muy complejos”, terrenos caros y créditos que no aparecen, y sumó una referencia directa a programas que ya no funcionan como contención. “No existen más los programas como en el caso de Procrear”, dijo, al explicar por qué cualquier debate sobre expansión urbana toca, de inmediato, la vida cotidiana de quienes buscan un lote, una casa o un alquiler posible.




