En medio de la medida de fuerza de la CGT, miles de trabajadores debieron buscar alternativas para llegar a sus empleos. La falta de transporte público y el costo de las aplicaciones, que equivale a lo que ganan por jornada, fueron los principales reclamos. Desde Constitución hasta Areco, las historias se repiten.
Mientras el paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) paralizó gran parte del transporte público y dejó una postal desoladora en puntos clave como Constitución, miles de trabajadores que no adhirieron a la medida de fuerza debieron ingeniárselas para llegar a sus empleos. El reclamo, en muchos casos, apunta a un mismo punto: el costo de un auto de aplicación equivale o supera lo que ganan por día. Según Noticias Argentinas.
La zona de Constitución, uno de los nodos donde confluyen colectivos, trenes y subtes, amaneció casi vacía. Sin embargo, algunos trabajadores se apostaron en el lugar a la espera de saber cómo volver a sus casas o cómo llegar a sus trabajos, con el temor de que les descuenten el día.
«Un auto de aplicación me cuesta lo mismo que me pagan por día»
Un joven estudiante, que trabaja en un bar durante la noche, resumió la situación de muchos: «Trabajé toda la noche, pero no sé cómo viajar porque un auto de aplicación me cuesta lo mismo que lo que me pagan por día». La frase, repetida en distintos puntos de la ciudad, refleja la encrucijada de quienes no pueden dejar de trabajar pero tampoco pueden costear el transporte.
Otro trabajador, que necesita llegar hasta Areco, contó que su encargado le pagará el viaje en aplicación: «Con mi compañero tenemos que ir hasta Areco, pero en Puente Saavedra nuestro encargado nos va a pagar un auto de aplicación. Si no trabajamos hoy son casi $50 mil que perdemos y venimos de dos feriados».
Hospitales, turnos y la incertidumbre del regreso
La falta de transporte también afectó a quienes necesitaban acceder a servicios de salud. Un vecino relató su odisea: «Vine hasta el Hospital Elizalde para sacar un turno, pero está cerrado, solo abrió la guardia y ahora me tengo que volver a casa, pero no sé cómo».
Una mujer que trabaja en el Hospital Militar también expresó su preocupación: «Me tomo el colectivo de la línea 60, pero no creo llegar a tiempo, lo van a contemplar». La incertidumbre sobre el descuento del día y la posibilidad de llegar tarde o no llegar es moneda corriente entre los trabajadores.
La ayuda de los empleadores, un alivio parcial
En algunos casos, los empleadores salieron al rescate de sus trabajadores para garantizar la continuidad de las actividades. El caso de los trabajadores que deben llegar a Areco, con el encargado pagando el viaje en aplicación, es una de las excepciones que alivia parcialmente la situación.
Sin embargo, para la mayoría, la ecuación es simple y cruel: trabajar implica perder gran parte del salario del día en transporte, y no trabajar implica perderlo todo.
Una postal de la desigualdad
El paro general deja al descubierto las profundas desigualdades que atraviesan el mundo del trabajo. Mientras algunos sectores pueden adherir a la medida de fuerza sin temor a represalias, otros —los más precarizados, los que cobran por día, los que no tienen opción— deben salir a la calle y enfrentar un costo de transporte que licúa su salario.
La postal de Constitución vacía contrasta con la de los trabajadores que, desde temprano, buscaban alternativas para llegar a sus puestos. El paro es un derecho, pero también visibiliza las condiciones de quienes no pueden ejercerlo.




