Jerónimo Weich se sumó a los brigadistas en los incendios de Chubut.
La lucha contra el fuego en la Comarca Andina ha movilizado no solo a profesionales, sino también a voluntarios comprometidos con la preservación del ecosistema patagónico. Entre ellos, destaca la figura de Jerónimo “Momo” Weich, hijo del reconocido conductor Julián Weich, quien decidió trasladarse desde Córdoba hacia la localidad de Epuyén para enfrentar la emergencia ígnea. Su participación ha generado un fuerte impacto en la opinión pública, visibilizando la labor de las brigadas civiles que llegan para reforzar el extenuante trabajo que se realiza en el territorio chubutense.
Del compromiso sustentable a la primera línea del fuego
Jerónimo, conocido por su estilo de vida ligado a la permacultura y la bioconstrucción en Traslasierra, decidió dar un paso más allá del activismo ecológico para involucrarse en la acción directa. Según El Comodorense, el joven se incorporó a «La Champa Brigada», un grupo de voluntarios cordobeses que viajó especialmente para asistir en las zonas devastadas. Su padre, con una mezcla de ironía y profundo orgullo, compartió la noticia en sus redes sociales expresando: “El hippie con Osde @jeronimoweich ahora es brigadista con Osde. ¡Desde Córdoba a Epuyén!”, una frase que rápidamente se volvió viral y despertó una ola de mensajes de apoyo.
La Champa Brigada: el valor del voluntariado civil
La labor de Jerónimo no es un hecho aislado, sino que forma parte de una red de solidaridad que se activa ante cada catástrofe ambiental en el sur argentino. Desde la propia brigada destacaron no solo su capacidad técnica para el manejo de herramientas de defensa, sino también su sensibilidad frente a la crisis que atraviesan los vecinos de Chubut. Esta organización de Traslasierra ha sido fundamental para realizar tareas de apoyo y guardias de ceniza, permitiendo que los brigadistas oficiales puedan rotar en jornadas que, por las altas temperaturas y el viento, suelen ser agotadoras.
Un legado de solidaridad y coherencia personal
La decisión de «Momo» de poner el cuerpo en los incendios de la Patagonia es leída por muchos como una continuación del legado solidario de su padre, aunque con un sello propio volcado a la ecología profunda. Tras haber construido su propia casa de barro en Los Hornillos y apostar por una vida austera, su presencia en el frente de batalla contra el fuego refuerza una coherencia entre su discurso y sus actos. En un verano donde las llamas ya han consumido miles de hectáreas de bosque nativo, su ejemplo resalta la importancia de la responsabilidad colectiva y el compromiso ciudadano ante la emergencia climática.




