Crisis en Chubut: el incendio más grande del siglo ya quemó 60.000 hectáreas.
La Comarca Andina y el Parque Nacional Los Alerces enfrentan una catástrofe sin precedentes en la historia reciente de la Patagonia. Lo que comenzó como focos aislados en Puerto Patriada y el corazón del parque nacional se ha transformado en un incendio forestal descontrolado que ya devoró más de 60.000 hectáreas de bosque nativo, matorrales y vegetación exótica. Esta cifra representa una superficie equivalente a dos veces y media la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, dejando un paisaje de cenizas donde antes abundaba la biodiversidad y exponiendo la fragilidad de los ecosistemas ante el avance del calentamiento global.
El círculo vicioso entre el cambio climático y el fuego
La gravedad de estos eventos no es un hecho aislado, sino una consecuencia directa de la aceleración del cambio climático. Según La Izquierda Diario, a partir de 2010 se detectó un punto de inflexión donde los incendios se volvieron más severos y extensos debido al aumento de sequías y eventos extremos.
«El aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) provoca condiciones más cálidas y secas. Esto facilita que los incendios se propaguen y se propaguen. El agravamiento de los incendios libera mayores cantidades de carbono almacenado a la atmósfera a medida que se queman árboles y plantas, lo que acelera aún más el cambio climático y perpetúa el ciclo», explican especialistas sobre este fenómeno de retroalimentación.
Impacto en la regeneración y la pérdida de biodiversidad
Un estudio internacional publicado en la revista Nature Ecology & Evolution advierte que la intensidad del fuego actual destruye no solo las copas de los árboles, sino también las semillas y el suelo orgánico, lo que anula la capacidad de recuperación natural del bosque.
En el caso de Chubut, la situación se agrava por la presencia de especies exóticas invasoras que, lejos de ayudar, retroalimentan la virulencia de las llamas. La pérdida no es solo ambiental; afecta la economía regional basada en el turismo y la ganadería, y deja cicatrices sociales y traumas profundos en las poblaciones desplazadas que ven cómo sus territorios desaparecen bajo el humo.
Un programa de emergencia frente al ecocidio ambiental
Ante esta deriva antiecológica, surge la necesidad de implementar medidas de fondo que corten el ciclo de destrucción. Se vuelve imperativo declarar «Zonas de reparación ambiental» a las regiones afectadas, prohibiendo el cambio de uso de suelo para frenar el avance del agronegocio y los intereses inmobiliarios sobre la tierra quemada.
Asimismo, la lucha de los brigadistas exige el fin de la precarización laboral y la provisión de recursos ilimitados para el combate del fuego. Solo mediante la restauración ecológica controlada por las comunidades y expertos de universidades públicas se podrá intentar revertir un proceso que hoy parece condenar a los bosques nativos a desaparecer.




