La economía argentina transita un escenario complejo donde la inflación se mantiene rígida y la actividad productiva muestra signos de estancamiento
Sin embargo, tanto desde el Palacio de Hacienda como desde el sector privado, sostienen que este proceso es transitorio y que el país está a las puertas de una desaceleración inflacionaria tras los ajustes macroeconómicos en curso.
El desafío de perforar el piso del 2,9% mensual
Los datos de enero arrojaron una inflación del 2,9%, el registro más alto desde marzo de 2025, acumulando ocho meses sin una desaceleración clara. Este incremento estuvo traccionado por factores estacionales, con subas impactantes en rubros como las verduras, donde el tomate llegó a escalar un 92%. No obstante, un dato que genera optimismo oficial es la inflación núcleo, que descendió levemente al 2,6%, quebrando la tendencia alcista de los meses previos.
Según informó el medio Ámbito, el mercado ya había anticipado estos niveles, por lo que no se registraron sorpresas significativas en las curvas de rendimiento financiero. La mirada de los inversores está puesta ahora en si la estabilidad cambiaria logrará finalmente funcionar como un ancla eficaz para el nivel general de precios durante el segundo trimestre.
Actividad en pausa y el costo de la reestructuración
El concepto de «estanflación» se hace sentir en la calle: mientras los precios no ceden, el Producto Bruto Interno (PBI) mostró contracciones sobre el cierre del año pasado. Este enfriamiento económico se tradujo en la pérdida de más de 71.000 empleos privados formales durante el segundo semestre de 2025 y una caída real de los salarios.
A este panorama se suma la controversia por la medición del INDEC y la actualización de la canasta del IPC, que actualmente subestima el peso de los servicios en el gasto familiar. Sin embargo, en la Casa Rosada interpretan estos indicadores como el «costo inevitable» de una reestructuración profunda.
Proyecciones: ¿Hacia un crecimiento sostenido?
A pesar de la rigidez actual, las consultoras privadas coinciden con el Gobierno en que, una vez absorbidos los aumentos estacionales de febrero y marzo (educación, indumentaria y tarifas), la inflación podría ubicarse por debajo del 2% a partir de abril.
Varios factores sostienen esta esperanza:
- La acumulación de reservas en el Banco Central.
- El ingreso de divisas por la cosecha gruesa.
- El fuerte crecimiento de las exportaciones energéticas.
- El cumplimiento de las metas fiscales con el FMI.
De consolidarse esta tendencia, Argentina podría lograr algo que no ocurre desde el año 2011: encadenar dos años consecutivos de crecimiento económico real, transformando la actual parálisis en un ciclo de recuperación sostenible.




