El economista Gustavo Lázzari advirtió que la apertura económica llegó antes que la baja de costos, dejando a muchas empresas con márgenes al límite y deudas impagables. Según estimó, entre firmas «rotas y averiadas» representan el 33% del sector.
La transición hacia una macroeconomía más estable y abierta está dejando heridos en el camino. Según advirtió el economista y empresario pyme Gustavo Lázzari, un tercio de las pequeñas y medianas empresas argentinas atraviesa una situación crítica que requiere una reestructuración financiera urgente para evitar su cierre.
«La apertura le viene antes que la baja de costos a muchas empresas y así no llegan», sostuvo Lázzari en diálogo con Splendid AM 990, al describir el nuevo esquema económico que atraviesa la Argentina. Según Noticias Argentinas , el especialista trazó un panorama preocupante para el sector, aunque con matices según la actividad.
Tres grupos de empresas en la nueva economía
Lázzari diferenció tres realidades bien marcadas entre las pymes argentinas frente al nuevo escenario de estabilidad y apertura:
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Las que deciden cerrar y dedicarse a importar: Un grupo que opta por abandonar la producción local para convertirse en importadores.
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Las que llegan saneadas y pueden adaptarse: Empresas que vienen con estructura financiera sólida y pueden sortear la transición.
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Las que arrastran problemas financieros: El grupo más numeroso y preocupante, que necesita una reestructuración urgente.
«Si antes facturabas 100, tenías un costo de 80 y con 20 pagabas el pasado, hoy facturás 100, tenés un costo de 95 y con cinco no te alcanza. Esa empresa necesita una reestructuración urgente», graficó el economista.
Un tercio del sector, entre «rotas y averiadas»
Según la estimación de Lázzari, entre empresas «rotas y averiadas» podrían representar un tercio del total de pymes en Argentina. «Cuando ves que hay 341.000 planes de pago y aumentan los cheques rechazados, entendés que hay un universo grande con problemas de financiamiento», sostuvo.
El problema, advirtió, es que el sistema financiero no ofrece herramientas para resolver esta situación. «Si vas a un banco y pedís reestructurar a diez años, te dicen que no tienen ese instrumento», señaló.
Luces y sombras en el sector de alimentos
En su propio sector, el de los chacinados, Lázzari describió un contexto particularmente dinámico impulsado por lo que llamó una «revolución de las carnes». La carne vacuna, dijo, está escaseando por la apertura de mercados internacionales y Argentina «volvió a ser un gran protagonista».
«Como las carnes se sustituyen, el corte que se va al exterior es reemplazado adentro por cerdo o pollo y también en parte por chacinados», detalló. En ese marco, aseguró haber registrado un crecimiento cercano al 4% interanual. «Es un buen año dentro de lo que es un buen año en condiciones de estabilidad y apertura. Son crecimientos moderados, pero todo signo positivo hoy es festejable», afirmó.
A nivel general, sin embargo, describió una economía «amesetada» y con rentabilidades más bajas. «Está cambiando la macro, tiende a la estabilidad y a la apertura, a más competitividad y más formalidad. Pero los márgenes se reducen y los plazos de amortización de las inversiones se alargan. Es un nuevo esquema. Ya no es negocio el stock, es negocio rotar», explicó.
Reforma laboral, informalidad y consumo
Sobre la reforma laboral recientemente aprobada, Lázzari consideró que el eje central debería haber sido la reducción de la litigiosidad. «Está diseñada para bajar la litigiosidad, que es muy importante. Se metieron un montón de otros temas al cohete», afirmó.
También vinculó la alta informalidad laboral con la presión tributaria: «La informalidad laboral es hija del tamaño del impuesto. Cuando la carga sobre el salario supera largamente el 100%, es razonable que alguna pyme no pueda pagar».
En cuanto al consumo interno, descartó que pueda reactivarse a partir de aumentos salariales impulsados por decreto. «El consumo no va a aumentar por salariazos. Los salarios más generosos son hijos de la inversión», aseguró.
Para Lázzari, el repunte llegará cuando nuevas inversiones privadas generen empleo y encadenamientos productivos. «Yo contrato un albañil para ampliar una fábrica y ese albañil se convierte en motor de consumo. Pero arrancó en la inversión privada», ejemplificó.
La confianza política, clave para el despegue
Finalmente, el economista remarcó que el resultado dependerá de la coordinación entre apertura económica, baja de impuestos y modernización empresarial. «Necesitamos que los tres trenes caminen a la vez. Sin confianza política, el motor privado no arranca nunca», concluyó.




