El equipo de Gallardo superó con lo justo a Ciudad de Bolívar en un partido donde el contexto pesó más que el rival. Sin brillo pero con efectividad, el Millonario evitó el escándalo y respiró aliviado.
River Plate jugó este miércoles en San Luis con una mochila pesada. Enfrentaba a Ciudad de Bolívar, un equipo del Nacional B, pero el verdadero rival estaba dentro de su propia cabeza. Las dos derrotas consecutivas en el Torneo Apertura, las críticas al equipo y la presión por un resultado positivo convirtieron un partido de trámite en una verdadera prueba de fuego.
Según TyC, el Millonario sacó adelante un compromiso «recontra difícil, muy incómodo, en el que tenía todo para perder y nada para ganar». Al final, el triunfo no se festejó: apenas se respiró.
«River jugó con una pistola en la cabeza»
La frase que circuló en las redes y en los análisis postpartido resume el estado de ánimo del equipo y su entorno. Si River perdía ante Ciudad de Bolívar, era un escándalo mayúsculo. Si llegaba a los penales, también. La victoria, entonces, no mereció festejo sino apenas un suspiro de alivio.
En ese contexto, las declaraciones de Marcelo Gallardo deben leerse con otros ojos. Cuando el técnico dijo que «River jugó un gran partido», muchos lo sacaron de contexto. El Muñeco hablaba precisamente de eso: del contexto. No del nivel futbolístico, sino de la presión, las ansiedades, el peso de la camiseta en un momento crítico.
Gallardo, conductor de grupo en tiempos difíciles
El entrenador de River es, ante todo, un conductor de grupo. Nunca habla para los periodistas ni para los hinchas, sino puertas adentro. Allí hace la autocrítica, allí corrige, allí señala lo que hay que mejorar.
«No esperemos que después de diez años salga y diga lo que quieren algunos periodistas», advierten cerca del técnico. Gallardo ve la realidad, sabe que el equipo no brilló, pero su función en este momento es transmitir paz y tranquilidad a un plantel golpeado por los resultados y las críticas.
Lo rescatable y lo que viene
En lo futbolístico, hubo nombres que se salvaron de la tormenta. Juan Fernando Quintero fue de lo más destacado, moviendo los hilos de un equipo espeso y sin ideas claras. También apareció la figura del juvenil Joaquín Freitas, que en su segundo partido en Primera salvó a River de un papelón histórico.
Ahora, con el pase a la siguiente ronda de la Copa Argentina asegurado, Gallardo deberá trabajar en levantar el ánimo y el nivel del equipo de cara a los próximos compromisos. La exigencia en River no da tregua, y el alivio de esta noche será apenas eso: un respiro en medio de la tormenta.




