La humanidad vuelve a mirar al cielo con la esperanza de la conquista
La misión Artemis II de la NASA ha superado con éxito una de sus fases más críticas: la maniobra de inyección traslunar. Tras abandonar la órbita terrestre, la nave Orion, con sus cuatro tripulantes a bordo, ya se desplaza en una trayectoria directa hacia el satélite natural, marcando el inicio de un trayecto de diez días que promete batir récords históricos de distancia.
Un encendido decisivo para dejar la Tierra atrás
El jueves por la noche, los propulsores de la cápsula Orion ejecutaron una aceleración sostenida que cambió el destino de la misión. Esta maniobra, realizada a unos 64.000 kilómetros de altura, permitió que la nave rompiera la órbita elíptica terrestre para entrar en una ruta de colisión gravitatoria con la Luna. Se espera que el próximo domingo la nave ingrese formalmente en la esfera de influencia lunar.
«Estamos disfrutando de una vista preciosa del lado oscuro de la Tierra», relató el astronauta canadiense Jeremy Hansen, minutos después de sentir el empuje de los motores. A partir de este momento, la nave dependerá mayormente de la mecánica orbital para completar el recorrido, convirtiéndose en el viaje tripulado que más lejos habrá llegado en el espacio profundo, superando la mítica marca del Apolo 13 en 1970.
Entre fotos con iPhone y desafíos tecnológicos
A pesar de la alta tecnología que rodea a la misión, la cotidianeidad en el espacio presenta retos curiosos. El comandante Reid Wiseman compartió con el centro de control en Houston la dificultad de retratar la Tierra desde semejante distancia. Utilizando un iPhone para capturar la inmensidad del planeta, comparó la experiencia con intentar fotografiar la Luna desde el patio de una casa: una tarea que requiere precisión y paciencia ante la magnitud del paisaje.
Durante las primeras 26 horas de vuelo desde el despegue en Florida, la tripulación no solo se dedicó a probar controles de vuelo y cámaras, sino que también debió lidiar con fallas logísticas menores, como interrupciones en el sistema de correo electrónico, que fueron subsanadas por el equipo técnico en tierra y los astronautas en órbita.
«Plomera espacial»: el humor a bordo de la Orion
Uno de los momentos más comentados de la jornada fue protagonizado por la astronauta Christina Koch. Lejos de la solemnidad que suele rodear estos eventos, Koch debió intervenir personalmente para reparar un desperfecto en el sistema sanitario de la cápsula.
«Soy la plomera espacial y estoy orgullosa de serlo», bromeó la astronauta tras solucionar el inconveniente. Entre risas, destacó que el baño es, probablemente, la pieza de equipo más vital para mantener la moral y el bienestar de la tripulación en un viaje de tan larga duración. Con los sistemas nuevamente operativos, los cuatro exploradores se preparan para el encuentro cercano con la superficie lunar.




