La relación entre Argentina e Irán dejó de medirse en comunicados duros y pasó a exhibir una consecuencia inmediata sobre el terreno. Mohsen Soltani Tehrani, encargado de negocios iraní en Buenos Aires, fue declarado persona no grata y recibió un plazo de 48 horas para abandonar el país.
Esa cuenta regresiva se activó en el mismo momento en que Estados Unidos felicitó a la administración de Javier Milei por haber dado un paso previo todavía más fuerte: considerar terrorista a la Guardia Revolucionaria iraní.
El respaldo de Washington: “Estados Unidos celebra el anuncio de Argentina”
El gesto de Washington no fue lateral ni ambiguo. La oficina de contraterrorismo del Departamento de Estado publicó que “Estados Unidos celebra el anuncio de que Argentina declaró a la Guardia Revolucionaria iraní como organización terrorista” y agregó que “aplaudimos las acciones de la administración de Milei para combatir al terrorismo”. La señal confirma que la decisión de la Casa Rosada fue leída en clave estratégica por la administración de Donald Trump, no solo como un movimiento interno de política criminal.
La medida argentina se formalizó cuando el Gobierno incorporó al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica al Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a actos de Terrorismo y su Financiamiento (RePET). Ese paso no se agota en una definición simbólica, porque habilita el congelamiento administrativo de bienes, dinero y activos y también impide operar dentro del sistema financiero nacional.
Los argumentos argentinos: AMIA, Hezbolá y una deuda histórica
El argumento oficial argentino se apoya en una línea que mezcla memoria judicial, inteligencia y política exterior. La Oficina del Presidente sostuvo que la Argentina fue víctima de dos de los atentados más graves de su historia en los años 90, perpetrados por Hezbolá como brazo operativo regional vinculado al entramado iraní, y vinculó a la Guardia Revolucionaria con los ataques contra la Embajada de Israel y la AMIA.
El comunicado oficial recordó que Ahmad Vahidi figura entre los ciudadanos iraníes alcanzados por alertas rojas de Interpol y remarcó que fue recientemente designado al frente de la Guardia Revolucionaria. Ese dato potenció la decisión de la Casa Rosada porque enlazó la nueva clasificación terrorista con una causa histórica todavía abierta en la justicia argentina.
La reacción de Irán: “Error estratégico” y expulsión del diplomático
La reacción iraní fue inmediata y elevó el conflicto a un tono mucho más ríspido. Teherán calificó la designación argentina como un “error estratégico y un insulto injustificable al pueblo iraní” y sostuvo que la decisión “no solo perjudica seriamente las relaciones bilaterales” sino que también “establece un precedente peligroso en las relaciones internacionales”. También acusó a Milei y al canciller Pablo Quirno de haberse convertido en “cómplices de los crímenes cometidos” por alinearse con Estados Unidos e Israel.
Esa respuesta fue, precisamente, el detonante de la expulsión del diplomático iraní. La Cancillería explicó que declaró persona no grata a Tehrani por las acusaciones “falsas, ofensivas e improcedentes” del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní y calificó esos dichos como una “inaceptable injerencia en los asuntos internos” del país.
Una relación al borde del corte: el plazo de 48 horas ya corre
La combinación de estas dos medidas —la incorporación de la Guardia Revolucionaria al RePET y la salida obligada del principal representante iraní en Buenos Aires— dibuja algo más que una respuesta puntual. Reuters señaló que la decisión argentina alinea más estrechamente la política exterior de Milei con la de Estados Unidos, y el propio respaldo norteamericano terminó de fijar ese sentido.
Tehrani era el máximo representante iraní en el país y su expulsión vacía todavía más una relación ya degradada, con una embajada manejada por encargados de negocios desde 1994. Lo que aparece ahora es una relación reducida al mínimo, con un plazo de dos días corriendo y con Washington celebrando una decisión que Buenos Aires tomó sabiendo que el costo con Teherán sería inmediato.
Cuando venza el plazo de 48 horas, no quedará una discusión retórica pendiente: quedará medido hasta dónde quiso llegar Milei en este choque y cuánto margen real le deja a una relación que ya quedó al borde del corte.




