La tensión en el sector pesquero ha llegado a un punto crítico. Tras semanas de negociaciones y una contraoferta ya presentada, el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) aguarda una respuesta inminente de las cámaras empresarias
César Zapata, referente del gremio, describió un panorama donde la urgencia salarial se mezcla con la necesidad desesperada de los trabajadores por retomar la actividad. Con una flota lista pero contenida, las próximas horas serán determinantes para el inicio de la temporada.
Trabajadores al límite y una economía que no espera
El desgaste acumulado tras un 2025 difícil ha dejado a la marinería sin margen de maniobra. Según Zapata, la «espalda económica» de los tripulantes está agotada, lo que vuelve inviable sostener medidas de fuerza prolongadas. Esta realidad quedó expuesta con la abrumadora cifra de 2.000 postulaciones laborales recibidas recientemente, un termómetro que marca la falta de empleo y la urgencia de salir a navegar para garantizar el sustento familiar.
Desde el gremio también señalaron un problema estructural: el exceso de libretas habilitadas por Prefectura en relación con la cantidad de buques disponibles. Esta situación afecta principalmente a los relevos, quienes el año pasado apenas pudieron completar mareas. Un acuerdo sólido no solo permitiría recomponer el salario, sino también extender la campaña para que el trabajo se distribuya de manera más equitativa entre todo el personal.
Expectativa por la apertura y movimientos en la flota
Mientras la paritaria se define, algunas empresas como Conarpesa ya han comenzado a posicionar sus embarcaciones, aunque la Secretaría de Pesca de la Nación aún no ha confirmado la fecha oficial de apertura al paralelo 41. A pesar de que las prospecciones arrojaron resultados muy favorables, Zapata pidió cautela y descartó una habilitación inmediata, recordando que la logística para mover toda la flota requiere tiempo.
El objetivo central del SOMU en esta instancia es doble: alcanzar un consenso que defienda el poder adquisitivo de los trabajadores y evitar conflictos individuales que empañen la negociación colectiva. La mirada está puesta en el rendimiento del caladero y en la posibilidad de iniciar mareas intensas que alivien la presión financiera del sector. La moneda está en el aire y la respuesta de las cámaras definirá si los barcos finalmente sueltan amarras.




