El Mundial de los ricos: FIFA impuso precios récord y ahora caen la reventa y las reservas de hoteles.
Viajar a la Copa del Mundo de Estados Unidos, México y Canadá 2026 comenzó a parecerse más a asistir a un evento corporativo de lujo que a una fiesta popular del fútbol. La agresiva estrategia comercial implementada por la FIFA llevó las entradas a valores históricos, provocando un inesperado efecto rebote a solo semanas del arranque: desplome de precios en la reventa, hoteles semivacíos en las ciudades sedes y una fuerte preocupación por el deslucido ambiente que podría vivirse dentro de los estadios.
Precios dinámicos y entradas para la final a dos millones de dólares
El encarecimiento del torneo responde a un cambio absoluto en la lógica de comercialización. Por primera vez en la historia, la FIFA tomó el control total del sistema de venta de tickets, eliminando a los intermediarios locales y aplicando un esquema de «precios dinámicos», un software que aumenta automáticamente el valor de las localidades a medida que crece la demanda. Además, el organismo reguló el mercado oficial de reventa imponiendo comisiones del 15% tanto para el comprador como para el vendedor.
Según un relevamiento de The Economist, las entradas para la fase de grupos promediaron los 200 dólares, mientras que el pase mínimo para presenciar la gran final se fijó en la inédita cifra de 2.030 dólares. El descontrol del sistema provocó que algunos boletos para el partido definitorio aparecieran relistados por hasta dos millones de dólares en plataformas secundarias. De esta manera, el presupuesto necesario para seguir a selecciones populares como Argentina, Brasil o el anfitrión estadounidense se multiplicó por encima de cualquier edición anterior.
Desplome en la reventa y fracaso en las proyecciones hoteleras
La respuesta del bolsillo de los hinchas obligó a un reajuste de los valores en el mercado secundario. Reportes de Newsweek confirmaron que las entradas comenzaron a bajar de precio de manera acelerada en las semanas previas al inicio, registrando reducciones de más del 30% en varios partidos y desplomes de hasta el 60% según datos de Ticketdata.com. El encuentro inaugural entre Estados Unidos y Paraguay sufrió una quita del 30% en su valor de reventa en solo un mes, mientras que cruces como Australia-Turquía (-60%), Irak-Noruega (-54%) y Paraguay-Turquía (-53%) lideraron las caídas. «La FIFA sobrestimó la demanda y esto les está costando caro», sentenció Scott Friedman, especialista en el negocio de ticketing deportivo.
Esta contracción de la demanda golpea de lleno al sector turístico de las ciudades anfitrionas. La American Hotel and Lodging Association informó que el 80% de los empresarios hoteleros reconoció niveles de ocupación muy inferiores a los proyectados originalmente. El caso más crítico es el de Kansas City, donde las reservas se ubicaron entre un 85% y un 90% por debajo de las previsiones iniciales del Mundial. En la misma sintonía, Vijay Dandapani, presidente de la asociación hotelera de Nueva York, sostuvo que casi la mitad de los establecimientos de la Gran Manzana no registró un incremento significativo de reservas por el torneo.
Trabas con las visas y el peligro de un Mundial silencioso
Además del factor estrictamente económico, las rigurosas políticas migratorias para ingresar a los Estados Unidos jugaron un papel desincentivador. Entre el 65% y el 70% de los operadores turísticos norteamericanos coincidieron en que los requisitos consulares redujeron la llegada de visitantes internacionales. Ante este freno, el Departamento de Estado de los EE. UU. debió tomar una medida de emergencia: eliminó una fianza regulatoria de 15.000 dólares exigida a solicitantes de visa de 50 países que ya posean entradas válidas para el torneo.
Finalmente, los analistas advierten que la elitización del público asistente alterará drásticamente la mística del evento. Diversos estudios señalan que los espectadores de alto poder adquisitivo tienden a generar ambientes mucho menos intensos, ruidosos y pasionales. El fenómeno ya fue comparado por el mariscal de campo de la NFL, Joe Burrow, con lo ocurrido en el Super Bowl, al que describió como «una cena corporativa». Para evitar la imagen de tribunas semivacías en el torneo más grande de su historia, la FIFA comenzó a reducir sigilosamente los valores en distintos sectores residuales, intentando salvar un modelo de negocios que alejó a los verdaderos hinchas de las canchas.
