El balotaje presidencial en Perú ingresa en su fase decisiva bajo un escenario de extrema paridad.
En las últimas horas, «el candidato izquierdista del partido Juntos por el Perú se encuentra 42 mil votos arriba de su rival de la derechista Keiko Fujimori», una diferencia mínima que mantiene en vilo al país andino a la espera de los sufragios de los ciudadanos residentes en el extranjero.
Con el 95,979% de las actas contabilizadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), Sánchez consolida el 50,074% de los votos válidos frente al 49,926% obtenido por la líder de Fuerza Popular. La brecha entre ambos competidores es de apenas 0,148 puntos porcentuales sobre un universo de casi 18 millones de voluntades, lo que configura un virtual empate técnico.
Actas observadas y el factor del voto extranjero
El tramo final del escrutinio avanza con cautela debido a los filtros legales del sistema electoral peruano. De las 92.766 actas totales, la ONPE ya computó 89.036, mientras que 2.183 permanecen pendientes de procesamiento. El foco de atención se divide hoy en dos frentes administrativos:
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El voto en el exterior: La Cancillería peruana confirmó que este miércoles completará la recepción de las actas de 2.506 mesas instaladas en 73 países, un caudal que históricamente ha mostrado tendencias distintas al voto nacional.
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La batalla legal por las impugnaciones: Existen «1.513 actas pendientes de envío a los jurados electorales especiales (JEE) por tener algún tipo de impugnación u observación». Estas deberán ser resueltas en primera instancia por los JEE, pudiendo ser apeladas ante el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) para obtener un dictamen definitivo.
Modelos en pugna y polarización
La paridad de los resultados refleja la profunda fractura política y social que arrastra el país, expresada en dos propuestas de gobierno diametralmente opuestas.
Por un lado, Keiko Fujimori encaró su cuarta postulación presidencial con una plataforma volcada hacia «la seguridad, la estabilidad económica y la atracción de inversiones». No obstante, su campaña debió lidiar nuevamente con las resistencias que genera el tratamiento del «legado de su padre, el exmandatario Alberto Fujimori, condenado por delitos de corrupción y violaciones a los derechos humanos».
En la vereda opuesta, Roberto Sánchez capitalizó el descontento de las zonas rurales y del sur del país, absorbiendo la base electoral que en su momento respaldó al expresidente Pedro Castillo. Su programa político plantea un giro en la política económica, promoviendo «revisar los vínculos entre el Estado y las grandes empresas extranjeras, especialmente en sectores estratégicos como la minería y la energía».
Aunque los últimos sondeos de firmas como Ipsos Perú daban una ligera ventaja inicial a Fujimori (38% a 35%), el alto número de ciudadanos indecisos terminó por inclinar la balanza hacia un desenlace voto a voto, evidenciando el fuerte distanciamiento de la sociedad civil frente al orden político tradicional.
