Un verdadero estallido geopolítico y un renovado foco de conflicto se encendieron en las últimas horas en el Atlántico Sur.
En medio del reclamo de soberanía argentino, una empresa privada proveniente de Chile inició tratativas formales con las autoridades del archipiélago para sumarse al esquema logístico de un ambicioso emprendimiento hidrocarburífero, desatando una fuerte indignación institucional.
La empresa trasandina Easter Island Naviera (EIL) entabló negociaciones directas con las autoridades coloniales británicas de las Islas Malvinas para incorporarse a la logística marítima de abastecimiento petrolero. Representantes de la firma mantuvieron reuniones clave con la Falkland Islands Development Corporation (FIDC) y con más de una docena de proveedores y la Cámara de Comercio de las islas. El objetivo es consolidar un trayecto mensual regular desde Punta Arenas para transportar insumos de infraestructura y carga general.
El proyecto Sea Lion: una caja de US$ 1.800 millones en territorio disputado
Las tratativas de la firma chilena se enmarcan en el inminente avance del megaproyecto de extracción de crudo ubicado en la cuenca norte de las islas, denominado Sea Lion, el cual es impulsado por la firma israelí Navitas Petroleum junto a la británica Rockhopper Exploration con fecha de inicio comercial prevista para 2028:
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Desembolso financiero: La etapa inicial contempla una inversión de US$ 1.800 millones.
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Proyección de extracción: Contempla extraer más de 170 millones de barriles en su fase de apertura, con capacidad de duplicar dicho volumen.
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Valuación millonaria: El potencial del yacimiento a largo plazo supera los US$ 10.000 millones.
Para la República Argentina, estas maniobras configuran una explotación ilícita e ilegítima de recursos naturales en espacios marítimos bajo usurpación británica y bajo disputa territorial formalmente reconocida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Conexión trasandina y máxima tensión internacional
Las tratativas de EIL amplían los lazos ya existentes entre el sur de Chile y el archipiélago, donde la compañía LATAM opera el vuelo continental hacia la base de Mount Pleasant e insumos chilenos abastecen a la población isleña. Tanto Zachary Franklin como Sam Cockwell, autoridades del FIDC, celebraron la intención de abrir la ruta marítima permanente.
Este desembarco comercial ocurre en un marco de alta fricción diplomática:
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Protesta diplomática a Reino Unido: Cancillería formalizó un fuerte reclamo ante Londres por el tránsito del buque de guerra HMS Medway por aguas jurisdiccionales antes de atravesar el estrecho de Magallanes, que terminó siendo rechazado por el Foreign Office.
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Enojo por gestos chilenos: Cayó con notable pesar en las autoridades nacionales el aval a la participación de efectivos de la Armada de Chile en homenajes protocolares con la tripulación británica durante su escala en Punta Arenas.
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Exigencias parlamentarias: La oposición en el Congreso nacional exige al Poder Ejecutivo informes urgentes sobre el accionar oficial ante la pesca ilegal y la entrega unilateral de licencias petroleras en la zona de exclusión.
