La captura de Maduro pone bajo la lupa las mayores reservas mundiales de crudo, aunque su impacto inmediato en el precio sería limitado por la baja producción actual.
La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro tras el operativo militar estadounidense ha sacudido los cimientos políticos de Caracas, pero también ha despertado una pregunta clave para los mercados globales: ¿qué pasará con el petróleo venezolano? El país posee las mayores reservas probadas del mundo, con aproximadamente 303.000 millones de barriles, un recurso que será central en cualquier plan de estabilización económica futura.
A pesar de la magnitud de este recurso subterráneo, los analistas energéticos anticipan que el impacto inmediato en los precios del crudo y la gasolina será moderado. Esto se debe a que la producción actual de Venezuela es de apenas 1,1 millones de barriles diarios (bpd), una cifra que representa solo el 0,8% de la oferta global y es muy inferior a los 3,5 millones de bpd que bombeaba antes de la crisis.
Por qué el impacto inmediato en el precio sería limitado
La respuesta de los especialistas apunta a dos factores principales que actúan como amortiguadores. En primer lugar, la ya mencionada baja producción actual, consecuencia de décadas de desinversión, sanciones internacionales y mala gestión en la estatal PDVSA. En segundo término, existe un escenario global de exceso de oferta proyectado para 2026, lo que significa que hay suficiente petróleo circulando para cubrir la demanda incluso si Venezuela tuviera problemas temporales.
Según Noticias Argentinas (NA), ha señalado que el impacto en los precios de la gasolina podría ser limitado. La infraestructura petrolera, según los primeros reportes, no habría sufrido daños significativos durante la operación, lo que facilitaría una eventual reactivación.
El verdadero valor: el crudo pesado y el potencial a largo plazo
El verdadero tesoro venezolano no es solo la cantidad, sino el tipo de crudo: pesado y ácido. Este petróleo es particularmente valioso para un actor clave: las refinerías de la costa del Golfo de Estados Unidos, que están específicamente diseñadas para procesarlo y convertirlo en diésel y otros derivados. Con las sanciones levantadas y un cambio político, estas refinerías podrían volver a ser los principales clientes.
La mirada del mercado, por lo tanto, no está puesta en el corto plazo, sino en el enorme potencial a largo plazo. La reactivación de la industria petrolera venezolana dependerá de la llegada masiva de inversión internacional y tecnología, elementos de los que ha carecido durante años. Este proceso, de concretarse, llevará tiempo, pero podría eventualmente volver a colocar a Venezuela como un actor relevante en el mercado energético global.
La atención ahora se centra en la apertura del mercado de futuros este domingo y en la reunión de la OPEP, que evaluará si es necesario intervenir para estabilizar los precios ante este nuevo escenario geopolítico.




