Una nueva medición del INDEC confirma la presión sobre los sectores más vulnerables. La canasta básica subió un 4.1% en diciembre, un incremento que duplicó la inflación mensual, y acumula un alza del 27.7% en 2025.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reveló este martes las cifras oficiales que marcan el costo de supervivencia en la Argentina. Los números, que sirven para medir la pobreza y la indigencia, muestran una realidad cruda: en diciembre, los precios de los bienes y servicios más esenciales escalaron con mucha más fuerza que la inflación general.
Según DW confirmó, pintan un panorama complejo para el inicio del 2026 y ponen en evidencia la dificultad para recuperar el poder adquisitivo perdido.
Los nuevos umbrales de pobreza e indigencia que golpean el bolsillo
El informe del INDEC trajo dos números clave que definen el mapa social del país. Para que una familia tipo -compuesta por dos adultos y dos niños- no fuera considerada pobre en diciembre, necesitó ingresos mensuales por $1.308.713. Este valor proviene de la Canasta Básica Total (CBT), que incluye alimentos, indumentaria, transporte, salud, educación y otros gastos básicos.
Por otro lado, el umbral para no caer en la indigencia -es decir, para cubrir al menos una alimentación mínima- se ubicó en $589.510 mensuales. Esta cifra surge de la Canasta Básica Alimentaria (CBA).
La comparación con el mes anterior refleja la velocidad del deterioro. En noviembre, esos mismos umbrales estaban en $1.257.329 (pobreza) y $566.364 (indigencia). Esto significa que, en solo un mes, una familia necesitó $51.384 pesos adicionales para mantenerse por encima de la línea de pobreza y $23.146 más para no ser indigente.
El dato más alarmante lo arroja la variación mensual: tanto la CBT como la CBA subieron un 4.1% durante diciembre. Este incremento es significativamente mayor al 2.8% que registró la inflación general del mismo mes, según el IPC publicado por el INDEC. Este «desacople» indica que los productos y servicios más esenciales tuvieron aumentos muy por encima del promedio, castigando con mayor dureza a los hogares de menores recursos.
La brecha que se agranda: el salto económico para alcanzar la clase media
Los datos del INDEC permiten visualizar con claridad la profunda brecha económica que existe entre los estratos sociales en la Argentina actual. Mientras la línea de la pobreza se traza en los $1.3 millones, pertenecer a lo que se considera clase media requiere ingresos que duplican y hasta triplican esa cifra.
Según los cálculos oficiales, para que una familia tipo sea considerada de clase media, sus ingresos mensuales deben superar los $2.128.461. Esta cifra no contempla el pago de un alquiler, uno de los gastos más onerosos para cualquier hogar. Si se suma el costo de alquilar una vivienda, el umbral para ser clase media trepa a más de $3.2 millones por mes.
Esta enorme distancia entre los umbrales de pobreza y clase media ilustra uno de los mayores desafíos económicos: la dificultad para ascender socialmente. La canasta de la clase media es un 62% más cara que la de pobreza sin incluir alquiler. Cuando se agrega este ítem, la diferencia se amplía al 145%. Para decirlo de otra manera, una familia que logra escapar de la pobreza aún necesita más que duplicar sus ingresos para alcanzar un estatus de clase media con cierta estabilidad.
Este panorama se complejiza aún más si se observa la evolución: en noviembre, el ingreso necesario para ser clase media (sin alquiler) era de $2.076.904. El aumento de $51.557 en un solo mes demuestra que no solo es difícil escalar, sino que el peldaño se aleja cada vez más rápido.
El impacto regional: cómo afectó el aumento en la Ciudad de Buenos Aires
El aumento desmedido de las canastas no fue un fenómeno uniforme en todo el país. Un análisis específico para la Ciudad de Buenos Aires, basado en el mismo informe del INDEC, muestra una dinámica particular pero igualmente preocupante.
En la capital, durante diciembre, la canasta de pobreza aumentó un 3.3% y la canasta de indigencia subió un 3%. Ambos incrementos, al igual que a nivel nacional, superaron la inflación promedio porteña para ese mes, que fue del 2.7%.
Este dato refuerza la conclusión de que los bienes y servicios esenciales -especialmente los alimentos, el transporte y los servicios públicos- están liderando la suba de precios en todo el territorio, independientemente de las diferencias regionales. La presión sobre el costo de vida se siente con fuerza desde el AMBA hasta el interior, afectando la capacidad de planificación y ahorro de las familias trabajadoras.
Un pronóstico social complejo para el inicio del 2026
La publicación de estos números por parte del INDEC llega en un momento de alta sensibilidad económica y marca un piso social muy complicado para el arranque del año. La tendencia de que las canastas básicas superen sistemáticamente a la inflación general es una señal de alarma que los economistas siguen con atención.
Este comportamiento de los precios esenciales genera un efecto de «tijera»: por un lado, los ingresos de los sectores populares suelen ajustarse por inflación general o por debajo de ella; por otro, los gastos mínimos indispensables se encarecen a un ritmo mayor. El resultado es una erosión constante del poder adquisitivo y una ampliación de la brecha de pobreza.
Las autoridades económicas enfrentan ahora el doble desafío de controlar la inflación general sin descuidar la dinámica específica de los precios de la canasta básica. Mientras tanto, para millones de argentinos, la ecuación mensual se vuelve cada vez más ajustada, y la pregunta sobre cómo cubrir los gastos más elementales se transforma en la principal preocupación del día a día.
Los próximos informes del INDEC, tanto de inflación como de canastas, serán clave para determinar si esta tendencia se consolida o si comienza a revertirse, marcando el rumbo social para el resto del 2026.




