La cobertura de los incendios forestales en la cordillera de Chubut dejó al descubierto no solo la magnitud del desastre, sino también el riesgo extremo al que se enfrentan quienes informan desde el lugar
Según Adnsur, la periodista Luciana Avilés y su camarógrafa estuvieron a punto de quedar atrapadas por el fuego mientras transmitían en vivo cerca de la Ruta Nacional 40.
Avilés relató que al comenzar el móvil el incendio parecía contenido en una montaña cercana. Les habían asegurado que el fuego no representaba un riesgo inmediato, aunque las condiciones eran alarmantes: calor extremo, humo denso y visibilidad casi nula.
La periodista también cuestionó la efectividad del combate aéreo, señalando que los aviones tenían dificultades para operar por la falta de visibilidad y que muchas descargas de agua se evaporaban antes de llegar al suelo debido a la intensidad de las llamas.
El fuego se descontroló y nadie daba indicaciones
Tras finalizar la transmisión, el panorama cambió de manera repentina. Vecinos comenzaron a mojar sus viviendas ante advertencias informales, pero no existía un protocolo claro ni una orden oficial de evacuación.
El primer aviso concreto llegó del dueño del lugar donde estaban trabajando, quien les alertó que el fuego se acercaba rápidamente. Al salir al balcón desde donde habían transmitido, observaron cómo las llamas avanzaban de forma descomunal.
La incertidumbre creció cuando, pese al operativo en la zona, nadie les indicaba qué hacer ni hacia dónde dirigirse.
Un escape desesperado entre humo y llamas
La situación se volvió crítica cuando alguien gritó: “Tenemos el fuego atrás”. Avilés y su camarógrafa guardaron los equipos y corrieron hacia el vehículo. “Nos abrazamos y le pedí que evacuáramos. Se nos caían las lágrimas”, recordó la periodista.
Intentaron seguir las indicaciones de un control vial, pero luego descubrieron que la dirección señalada era incorrecta. Minutos después, dos camionetas cruzadas y un grito desesperado —“¡Rajen de acá, se nos viene el fuego encima!”— confirmaron el peligro inminente.
Fue entonces cuando vieron las llamas de frente. Gracias a una maniobra rápida de la camarógrafa, lograron girar, rozar el guardarraíl y escapar en sentido contrario. “La maniobra fue impresionante. En esos momentos es muy difícil mantener la calma”, concluyó Avilés.
El testimonio expone la gravedad de los incendios en la cordillera y la falta de advertencias claras en un contexto de emergencia extrema. También refleja el compromiso y el riesgo que asumen los equipos periodísticos para informar desde el lugar de los hechos.




