El fuego sigue sin control en la zona de Cholila, pese al alivio temporal de las lluvias del lunes.
La crisis ígnea que azota a la zona cordillerana de Chubut atraviesa un momento de tensión extrema. A pesar de un ligero alivio térmico provocado por un frente frío y precipitaciones aisladas, las autoridades advierten que la batalla contra el fuego está lejos de terminar. El foco que se originó en el Parque Nacional Los Alerces y avanzó con voracidad hacia la zona de Cholila mantiene su cabeza activa, desafiando los esfuerzos de cientos de combatientes que trabajan a destajo antes de que las temperaturas vuelvan a ascender hacia el próximo fin de semana.
Estado de los focos y el impacto del clima en la región
El panorama actual presenta dos realidades contrastantes en el territorio chubutense. Mientras que el incendio iniciado en Puerto Patriada a principios de enero ya se encuentra contenido en un 85%, el frente que amenaza a Cholila, Lago Rivadavia y la Eco Aldea permanece indomable. Según ADNSUR, las lluvias de las últimas horas apenas alcanzaron los 6 milímetros, una cifra insuficiente para extinguir las llamas, aunque útil para enfriar temporalmente el terreno y permitir el avance de las cuadrillas de tierra.
Rubén Oliva, presidente de la Federación de Bomberos de Chubut, explicó que la sequía acumulada y la falta de nevadas invernales han convertido al bosque en un polvorín. «Venimos de muchos días con altas temperaturas y viento fuerte, lo que reactiva focos subterráneos que parecían apagados», señaló el referente. Esta situación ha obligado a los productores locales a evacuar ganado de las veranadas, mientras el fuego devora pastizales y masa forestal nativa en áreas de difícil acceso.
Recursos operativos y el agotamiento de las brigadas
El despliegue para frenar el desastre ambiental es masivo, involucrando a cerca de 600 personas entre bomberos voluntarios y brigadistas de diversas jurisdicciones. El operativo cuenta con el respaldo de 10 medios aéreos y maquinaria pesada, pero el factor humano empieza a sentir el rigor de semanas de labor ininterrumpida. «El personal está exhausto; hay bomberos que llevan muchísimos días trabajando, y resulta desmotivador cuando el viento o el calor hacen retroceder lo que se avanzó», describió Oliva, quien también mencionó la necesidad de reponer equipos dañados por el uso intensivo.
Respecto a la prevención y las causas, se diferenció el origen de los siniestros: mientras el de Puerto Patriada habría sido intencional, el de Los Alerces fue producto de la caída de un rayo. Oliva fue categórico al señalar que no es viable realizar cortafuegos masivos sin destruir el bosque mismo, por lo que la estrategia se centra en la limpieza peridomiciliaria para proteger viviendas. Con 45.000 hectáreas ya consumidas, la comunidad cordillerana permanece en vilo, esperando que el pronóstico meteorológico juegue a su favor antes de que el calor regrese con fuerza el sábado.




