La dieta argentina se transforma: pollo y cerdo ganan terreno ante la caída del consumo vacuno.
Un cambio histórico sacude la mesa de los argentinos en este abril de 2026. El tradicional asado y los cortes bovinos están cediendo su protagonismo frente al avance imparable del pollo y el cerdo. Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra), el consumo de carne vacuna cayó a 47,3 kilos promedio por habitante, su nivel más bajo en dos décadas, mientras que las proteínas alternativas alcanzan máximos históricos.
El desplome del poder adquisitivo en el mostrador
La razón principal de este fenómeno es económica. Entre febrero de 2025 y el mismo mes de 2026, el consumo per cápita de carne vacuna bajó un 2,5%. Este retroceso se explica por el fuerte encarecimiento del producto, que alcanzó un valor real récord de $15.895 por kilo en febrero, superando ampliamente la inflación promedio.
El analista Diego Ponti (AZ-Group) destaca que la capacidad de compra del salario promedio se redujo drásticamente. Mientras que en gestiones anteriores el sueldo permitía comprar entre 131 y 171 kilos de carne, bajo la actual administración de Javier Milei, la capacidad cayó a 112 kilos, una diferencia de más de 50 kilos respecto a los picos históricos de las décadas pasadas.
Récord de cerdo y avance de la carne aviar
Para compensar la falta de vaca, los argentinos han volcado su dieta hacia opciones más accesibles. Durante 2025 y lo que va de 2026, se registraron cifras inéditas:
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Carne Porcina: Alcanzó un récord absoluto de 18,9 kilos por habitante (un crecimiento del 8,8%).
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Carne Aviar: La ingesta llegó a 47,7 kilos, equiparando prácticamente al consumo vacuno.
Javier Prida, presidente de CAPIA, señaló a este medio que el consumo combinado de pollo y huevo ya proyecta unos 75 kilos por persona para este año, frente a los apenas 40 kilos de carne roja que se estiman para el cierre de 2026. En total, la dieta argentina suma 116,5 kilos de proteína animal anual, manteniéndose entre las más altas del mundo, pero con una composición mucho más diversa.
¿Por qué los precios no bajan pese al menor consumo?
A pesar de la caída en las ventas internas, el precio de la hacienda en pie sigue en niveles récord (el novillito promedió $4.745 en Cañuelas). Los expertos señalan varios factores que impiden un alivio en el bolsillo:
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Menor oferta: El analista Víctor Tonelli advierte que la disponibilidad de carne cayó un 10% en el último semestre debido a las secuelas de la sequía 2022-2023, que redujo el stock de madres y terneros.
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Exportaciones firmes: China y Estados Unidos mantienen una demanda alta, lo que presiona sobre la oferta disponible para el mercado doméstico.
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Factores climáticos: Miguel Schiariti (Ciccra) explicó que las inundaciones recientes en la zona centro del país dificultan el ingreso de hacienda a los frigoríficos, lo que «hace muy probable que la oferta se achique y no haya modificación de precios».
Este escenario consolida una nueva identidad alimentaria en el país. Con un pollo que aumentó solo un 19,2% frente al 56,8% de la carne vacuna en el último año, la sustitución estratégica de cortes tradicionales por alternativas más económicas parece ser una tendencia que llegó para quedarse en este 2026.




