La aerolínea low cost Flybondi atraviesa uno de los momentos más críticos desde que inició sus actividades en el país
En una jornada sin precedentes para la aviación comercial local, la compañía registró un récord negativo el pasado sábado 25 de abril: el número de vuelos suspendidos superó ampliamente al de los servicios que efectivamente despegaron, dejando a miles de usuarios en una situación de total incertidumbre.
Un fin de semana de caos y miles de pasajeros afectados
El colapso operativo se hizo evidente el sábado, cuando la empresa tuvo que cancelar 33 vuelos, logrando sostener apenas 22 operaciones. Esta cifra refleja una realidad preocupante: Flybondi canceló más del 60% de su programación diaria. El impacto acumulado entre el jueves y el sábado es alarmante, con un total de 75 cancelaciones que afectaron a cerca de 13.400 pasajeros en distintos aeropuertos del país y la región.
La falta de respuestas claras por parte de la firma agravó el malestar de los viajeros, quienes se encontraron con un esquema de servicios reducido al mínimo y serias dificultades para reprogramar sus traslados en plena temporada de viajes.
Los motivos detrás de la parálisis de la flota
El núcleo del problema reside en la drástica reducción de la capacidad operativa de la flota. De los 13 aviones que componen su estructura habitual, la compañía solo contó con tres o cuatro unidades con matrícula argentina en funcionamiento durante los días de mayor crisis. El pasado sábado, la situación fue tan extrema que la empresa operó con apenas tres aviones propios, debiendo recurrir a la contratación de servicios de la firma Andes para intentar mitigar el desastre.
Diversos incidentes técnicos terminaron por dinamitar el cronograma. Entre ellos, un avión quedó fuera de servicio en Santiago del Estero y otra unidad sufrió inconvenientes técnicos en Río de Janeiro, Brasil. Estos eventos generaron un efecto dominó que la compañía no ha logrado revertir, dejando al descubierto una fragilidad operativa que pone en duda su capacidad para sostener la conectividad a bajo costo.
Incertidumbre sobre el futuro de la operación
El deterioro del servicio se venía gestando desde el jueves 23 de abril, con cancelaciones masivas que afectaron a más de 4.000 personas en una sola jornada. A pesar de los intentos por estabilizar la situación mediante la modalidad de alquiler de aeronaves con tripulación (ACMI), la demanda superó con creces la oferta disponible.
Este escenario abre un interrogante profundo sobre la sustentabilidad del modelo operativo de la low cost frente a imprevistos técnicos simultáneos. Por ahora, el saldo para los usuarios son demoras crónicas, planes de viaje arruinados y una creciente desconfianza hacia la marca en un mercado aerocomercial cada vez más tensionado.




