Entrevistas

Rafael Bengoa: “Temo que el coronavirus sea solo un ensayo general de otra pandemia peor”

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El médico vasco, Rafael Bengoa, experto en gestión de salud, está asesorando al Gobierno argentino en un rediseño del sistema sanitario. Advierte que el escenario de un próximo virus puede ser aún más grave. Y que hay que prepararse para “el tsunami de enfermedades crónicas que se nos vienen encima”.

Esta semana usted se reunió con el ministro de Salud, Ginés González García. ¿Hablaron del coronavirus?

-Sí. Ginés me preguntó cómo va la cosa y yo, que estoy en Bilbao, le confirmé que obviamente no podemos dar ninguna lección desde Europa. Humildemente le dije: ‘Mire, es mejor que le consulte a alguien en Corea del Sur, Japón o Singapur’. Más adelante podremos hablar de cuál fue el papel de los medios de comunicación en todo esto, pero los científicos que hemos estado en salud pública no hemos tenido ningún impacto en las decisiones, a pesar de las mil webinars… sí me han llamado de otros países, pero no de España ni del País Vasco. ¿De dónde? No puedo decirlo. Países angloparlantes.

-¿Le dio alguna recomendación sobre la gestión de la pandemia?

-Al no haber estado ahí… pero le puedo decir las cosas que fallaron en los países que asesoré. Hubo una primera oleada que se controló bien, pero los decisores políticos cometieron el error de pensar que, tras el confinamiento, con el verano se podía volver a una vida normal. Perdimos de vista que el coronavirus es una amenaza permanente y, así, creamos buenas condiciones para la segunda oleada. Este es un virus con alta transmisibilidad, aunque no muy mortal. Creo que a más tardar la semana que viene, España va al lockdown. Solo se irá a la escuela y a los trabajos esenciales. La situación es similar a la de marzo y abril. De las gripes de los últimos 250 años se sabe que las segundas oleadas son peores que las primeras porque se baja la guardia. Así que Europa no puede darle ninguna lección a nadie. Habría que mirar a Oriente. No digo países como China, con una semidemocracia en muchos sentidos, sino a Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda. Hay que tener humildad y asumir que en Occidente no tenemos todas las respuestas. Ojalá en este segundo confinamiento entendamos aquello que no entendimos en el primero y evitar una tercera oleada.

-Usted trabajo 14 años en la Organización Mundial de la Salud. ¿Cómo evalúa el rol del organismo en la pandemia?

-Queso suizo. Se han roto muchos muros de contención. El tema es que a la OMS paulatinamente se le vedó la posibilidad de tener un rol fuerte en casos de pandemia, ya desde el SARS1. Los gobiernos se les tiraron encima y quedaron amordazados. No pudieron cumplir su función de alerta con la velocidad necesaria. Ahora que el presidente Trump dejará el mando, yo creo que los estadounidenses tendrán que ver cómo vuelven a la OMS. Es importante. Entiendo que será importante la próxima reunión del organismo, ahora en noviembre. ¡Tengo mis espías ahí (risas)! Pero lo principal es que la OMS tiende a abarcar demasiados temas: necesita focalizarse en algunos. Si sigue pretendiendo trabajar todos los temas de salud, seguirá diluyéndose.

-En Argentina, muchos le critican a las autoridades no haber frenado los contagios, es decir, no haber trazado otro objetivo que evitar un colapso sanitario. ¿Qué opina de esa posición?

-No hablé de esto con las autoridades. Lo que puedo decir es que el tracking trace no se ha hecho bien en casi ningún sitio. En Oriente sí actuaron muy rápido. Crearon facilidades para el testeo, el aislamiento de la persona y la búsqueda de sus contactos estrechos, en promedio, ocho a doce personas por cada confirmado. En Argentina, no sé, pero en España, el promedio de personas que logramos contactar fue entre uno y tres. Un infectado, un contacto. Es insuficiente. En esto falló el mundo occidental. No hablo de Estados Unidos porque ni siquiera intentan identificar a nadie. Trump -y también Brasil-, sin decirlo, va a una inmunidad de rebaño. Suecia también, pero lo dicen explícitamente. Hoy se calcula que Estados Unidos tiene 220.000 muertos. Más allá de lo que pase en las elecciones -aunque doy por supuesto que ganará el partido demócrata-, van para los 400.000 fallecidos en Navidad.

-Un problema acá fue la falta de vasos comunicantes entre los tres estratos de la Salud: municipal, provincial y nacional. Ejemplo de esto son las distorsiones en la carga de datos en el sistema epidemiológico. ¿Por dónde habría que empezar para mejorar esa estructura?

-En España y Francia tenemos el mismo tema: países descentralizados. Alemania nos da una lección interesante: lograron un entendimiento razonable entre la presidenta Merkel y las regiones. No les ganó la desunión política y entendieron que lo colectivo era más importante. Italia e Inglaterra tuvieron mayor tensión. Pero sabemos una cosa desde la gripe de 1918: hay reportes de Estados Unidos que muestran cómo en las regiones con buena unión política, el confinamiento fue más corto y hubo menor mortalidad. Un país necesita uniformidad en el sistema de datos. Eso es buena salud pública, sea para Covid como para cáncer, obesidad o hipertensión. Nada de esto se ha arreglado con desunión política.

-¿Por qué fallaron tanto las cuarentenas?

-Tenemos un sesgo, un sesgo psicológico. Estamos programados para la normalidad. Cuando te ocurre un choque en la vida, del tipo que sea, la mente quiere rápidamente volver a la normalidad. Que los ciudadanos quieran eso, se entiende, pero los decisores deben saber que ese sesgo es muy negativo para la toma de decisiones. El intento de volver a la normalidad, aunque sea por razones económicas, ha jugado en contra de nosotros. La lección para Argentina es no bajar la guardia como hicieron España y otros países. Seguir insistiendo en las medidas de higiene que ya conocemos todos. Eso, con confinamiento, funciona.

Fuente: Clarin 

 

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