Estados Unidos y Taiwán alcanzaron un importante acuerdo comercial que reduce aranceles e incentiva inversiones multimillonarias.
El pacto, confirmado este viernes 16 de enero, incluye una promesa de inversión de 250.000 millones de dólares por parte de empresas taiwanesas en suelo estadounidense y recortes arancelarios recíprocos, fortaleciendo los lazos económicos en un contexto de tensión geopolítica con China. Según DW.
La marca un avance significativo en la estrategia de Washington para diversificar la producción de semiconductores, componentes esenciales para la inteligencia artificial y la tecnología global. Mientras tanto, la isla reafirma su posición como potencia manufacturera dominante en este sector estratégico.
Un acuerdo que combina inversión, aranceles y seguridad estratégica
El núcleo del convenio radica en tres pilares fundamentales. En primer lugar, se compromete una inversión de 250.000 millones de dólares por parte de compañías taiwanesas en territorio estadounidense. En segundo lugar, Washington reducirá los aranceles a los bienes provenientes de Taiwán del 20% actual a un 15%, una medida recíproca que busca equilibrar el déficit comercial.
Finalmente, y quizás el aspecto más estratégico, el acuerdo busca «impulsar una reubicación masiva del sector de los semiconductores estadounidense», según declaró el Departamento de Comercio de EE.UU. El objetivo es aumentar la resiliencia de las cadenas de suministro globales, históricamente dependientes de la producción en la isla, ante la amenaza de un posible conflicto con China.
Taiwán asegura su dominio en la fabricación de chips para IA
Frente a la presión por descentralizar la producción, las autoridades taiwanesas salieron a reafirmar su liderazgo. El ministro de Economía de Taiwán, Kung Ming-hsin, declaró ante la prensa que «Taiwán seguirá siendo el productor más importante del mundo de chips para inteligencia artificial».
Las proyecciones oficiales detallan que, para 2030, la capacidad de producción de estos chips avanzados se dividirá en una proporción de 85% para Taiwán y 15% para Estados Unidos. Para 2036, se espera un rebalanceo leve hacia 80%-20%, consolidando a la isla como el centro neurálgico de esta industria crítica. Este dominio tecnológico, a menudo llamado «Escudo de silicio», es un factor clave que disuade acciones hostiles contra la isla.
La oposición inmediata de China y el panorama geopolítico
La reacción de Pekín no se hizo esperar. El gobierno chino, que reclama la soberanía sobre Taiwán, alegó «oponerse sistemática y rotundamente a cualquier acuerdo que tenga implicaciones en materia de soberanía o carácter oficial». Esta postura subraya la delicada línea que atraviesa el pacto comercial, visto por Beijing como un paso hacia un reconocimiento formal de la isla, lo que considera una violación de su política de «Una sola China».
El acuerdo, por lo tanto, trasciende lo económico. Se convierte en una herramienta de política exterior estadounidense para fortalecer a un aliado democrático en una región de alta tensión, asegurando al mismo tiempo el acceso a una tecnología que es el corazón de la economía digital y la competencia estratégica global.




