Este sábado, en el Gran Teatro José Asunción Flores del Banco Central de Paraguay, se rubricó uno de los pactos comerciales más importantes del siglo.
Tras un proceso negociador que se extendió por más de un cuarto de siglo, los bloques del Mercosur y la Unión Europea (UE) sellaron el Acuerdo de Asociación Estratégica, creando formalmente una de las zonas de libre comercio más grandes del planeta. Según Noticias Argentinas.
La ceremonia no estuvo exenta de simbolismos y tensiones políticas, pero proyectó un mensaje contundente de ambas regiones en un momento de creciente proteccionismo global. El presidente anfitrión, Santiago Peña, afirmó que el acuerdo «envía una señal clara en favor del comercio internacional como factor de cooperación y de crecimiento». Mientras el presidente Javier Milei lo calificó como «el mayor logro del Mercosur desde su creación».
Un pacto monumental que crea un mercado de 720 millones de personas
La dimensión de este acuerdo es colosal. El tratado integra economías que, en conjunto, representan aproximadamente el 25-30% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y abarca un mercado de alrededor de 720 a 780 millones de consumidores. La esencia del pacto es la eliminación progresiva de aranceles para más del 90% de los productos intercambiados entre ambas regiones.
Esto significa que bienes europeos como automóviles, maquinaria, licores y vinos tendrán un acceso preferencial al Mercosur. A cambio, productos sudamericanos clave como carne, azúcar, miel, soja y arroz ingresarán más fácilmente al mercado europeo. Para la Argentina, el Gobierno estima que sus exportaciones a la UE podrían aumentar un 76% en los primeros cinco años.
Los mensajes y las ausencias que marcaron la ceremonia en Asunción
El acto de firma, celebrado en el mismo lugar donde en 1991 se fundó el Mercosur, fue un escenario de discursos cargados de significado geopolítico. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que con este acuerdo se elige «el comercio justo frente a los aranceles» y «la cooperación frente al aislamiento», en una clara alusión al contexto internacional. Por su parte, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, destacó que se manda «un mensaje claro al mundo» por la defensa del multilateralismo, en contraste con aquellos que «levantan barreras».
La ausencia más comentada fue la del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, uno de los principales impulsores del acuerdo en los últimos meses. Una fuente de la presidencia brasileña señaló que el evento se planificó inicialmente a nivel ministerial y que Paraguay envió invitaciones a los presidentes «a última hora». Lula, en su lugar, recibió a los líderes europeos en Río de Janeiro el día anterior.
El momento también dejó ver las conocidas tensiones políticas. Durante su discurso, el presidente Peña elogió en varias oportunidades el rol de Lula en la concreción del pacto. Observadores notaron que Javier Milei evitó aplaudir en esos instantes, dejando en evidencia la gélida relación bilateral actual.
Un camino largo por delante: la etapa de ratificación y los desafíos
La firma es un hito fundamental, pero no el final del proceso. Ahora comienza la compleja etapa de ratificación parlamentaria en cada uno de los países involucrados. Para agilizar la entrada en vigor de los beneficios comerciales, la UE estructuró el acuerdo en dos partes: un Acuerdo Comercial Interino, que solo necesita la aprobación del Parlamento Europeo, y el Acuerdo de Asociación Integral, que requerirá el voto favorable de los 27 parlamentos nacionales de la UE, un trámite que podría demorar años.
Este camino no será fácil. En Europa, sectores agrícolas de países como Francia, Irlanda y Polonia mantienen fuertes protestas, temiendo la competencia de productos sudamericanos. La UE introdujo estrictas cláusulas de salvaguardia para proteger a estos productores sensibles. En el Mercosur, industrias como la automotriz y la metalmecánica también han expresado preocupación por el impacto competitivo.
A pesar de los desafíos, la firma de este sábado marca un antes y un después. En un mundo fragmentado, el acuerdo entre el Mercosur y la UE busca consolidar una «tercera vía» basada en reglas claras, distanciándose tanto del unilateralismo como de las dependencias exclusivas. Como afirmó Santiago Peña desde Asunción, este pacto histórico representa «el camino del diálogo», un camino que, tras 26 años, finalmente comienza a transitarse.




