El Gobierno de Javier Milei busca un equilibrio diplomático: respalda plenamente la intervención de EE.UU. en Venezuela, pero mantiene sus elogios hacia la líder opositora Corina Machado. Esta postura se da a pesar de las críticas públicas del presidente Donald Trump hacia la Premio Nobel de la Paz.
La intervención estadounidense en Venezuela y la posterior captura de Nicolás Maduro pusieron a prueba la diplomacia argentina. Según Noticias Argentinas, el Gobierno del presidente Javier Milei no dudó en alinearse con la administración de Donald Trump, aunque se mantuvo cuidadoso en no retirar su apoyo público a la líder opositora Corina Machado, ganadora del Premio Nobel de la Paz.
Esta delicada coordinación intenta navegar entre la sólida alianza con el aliado norteamericano y el reconocimiento histórico a una figura clave de la oposición democrática venezolana, cuyo prestigio internacional ha sido celebrado por Argentina en múltiples ocasiones.
El firme respaldo a la acción de Estados Unidos
La decisión de alinearse sin ambages con Washington fue tomada por el propio presidente Milei. En una entrevista previa con el periodista Andrés Oppenheimer, el mandatario argentino ya había ensayado una argumentación que justificaba la acción internacional. El sábado, tras conocerse la captura de Maduro, Milei la respaldó abiertamente, calificando el hecho como «la caída de un dictador, de un terrorista y narcotraficante que quiso aferrarse al poder».
Este posicionamiento refleja la piedra angular de la política exterior del Gobierno libertario: la alianza estratégica con Estados Unidos y el combate frontal a lo que considera regímenes autoritarios en la región. La administración Milei ve en la acción contra Maduro un triunfo en la lucha contra el «socialismo» y el narcotráfico de Estado.
Elogios mantenidos a Corina Machado, a pesar de Trump
La complejidad para la diplomacia argentina surgió cuando el presidente Donald Trump expresó reparos públicos sobre Machado. «Creo que le sería muy difícil estar al frente del país. No cuenta con apoyo ni respeto dentro de su país. Es una mujer muy amable, pero no inspira respeto», afirmó el mandatario republicano, quien además anticipó que Estados Unidos se hará cargo de los destinos de Venezuela.
Frente a estas declaraciones, desde la administración libertaria reafirmaron el alineamiento con los republicanos, pero no escatimaron elogios para la Nobel de la Paz. La senadora Patricia Bullrich, en representación del oficialismo, asistió a una concentración de venezolanos en Buenos Aires y destacó: “Quiero recordar a María Corina Machado, una líder de envergadura, una líder mundial, una líder de la paz, una líder que ha representado todo aquello que los venezolanos quieren”.
Una sintonía fina entre aliados e ideales
Este equilibrio no es casual. Bullrich también mencionó a Edmundo González Urrutia, otro referente opositor, sugiriendo que tendrá mayor protagonismo en el futuro de Venezuela. Estas declaraciones van en la misma línea de lo expresado por el propio Milei antes de que Trump hiciera pública su postura crítica.
Según los análisis recogidos por la Agencia Noticias Argentinas, desde la Casa Rosada (Balcarce 50) ahora evitan hacer alusiones directas al tema para no generar fricciones innecesarias con Washington. La estrategia parece ser la de respaldar la acción estadounidense en lo estratégico y de principios, mientras se mantiene un reconocimiento formal y de cortesía hacia los líderes opositores venezolanos que Argentina ha apoyado públicamente en el pasado.
El Gobierno argentino camina sobre la cuerda floja de una diplomacia pragmática: celebra la caída de Maduro al lado de su principal aliado, pero preserva sus gestos de apoyo a figuras opositoras que, hasta hace poco, simbolizaban la esperanza democrática para Venezuela.
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