El proyecto que el Gobierno busca convertir en ley el 27 de febrero genera opiniones encontradas. Mientras unos celebran la flexibilización, otros advierten que «favorecerá el cierre de empresas» y que sin crecimiento económico no servirá de nada. El cierre de Fate, en la mira de todos.
La reforma laboral está a un paso de convertirse en ley. El próximo 27 de febrero, el Senado votará el proyecto que ya tiene media sanción de Diputados, con una modificación clave: la eliminación del polémico artículo 44, que ahora garantiza el 100% del salario en casos de enfermedad grave. Pero mientras el oficialismo celebra, los economistas se trenzan en un debate que expone las grietas del modelo.
¿Impulso o retroceso? ¿Creación de empleo o fábrica de despidos baratos? Las posturas son tan antagónicas como el propio país. Según Noticias Argentinas.
Natalia Motyl: «La reforma favorecerá el cierre de empresas»
La economista Natalia Motyl no duda: el proyecto del Gobierno es una trampa. «Si vemos la literatura que muestra el impacto de una desregulación laboral sobre el mercado laboral, no es concluyente ni a favor ni en contra», dispara.
Pero su advertencia más fuerte apunta a otro lado: «No veo claro cómo se va a generar esa caída de informalidad o aumento del empleo. No hay incentivos hoy, inclusive para pasar de la informalidad a la formalidad en el margen».
Para Motyl, la reforma «favorecerá al cierre de empresas» que, con la apertura «apresurada» comercial, «dejaron de ser rentables». Y lanza una frase que resuena con el reciente cierre de Fate: «Muchas empresas no son rentables pero se sostenían porque el costo de cerrar era alto. Hoy les redujeron ese costo. Entonces uno puede pensar en deshacerse más fácil del costo variable».
Su diagnóstico es lapidario: la reforma «solo provocará una caída de la productividad y el empleo, con impacto posterior negativo en salarios reales y consumo».
Sebastián Menescaldi: «Sin crecimiento, la reforma queda en la nada»
Sebastián Menescaldi, director de EcoGo, coincide en el diagnóstico de fondo. Califica la reforma como «pro-capital» y no «pro-trabajador» , y advierte que «implicaría mayor contratación y mayor cantidad de despidos».
Pero su énfasis está en el contexto: «Hoy la economía no está creciendo. Sin una economía que crezca, la reforma laboral queda en la nada. En el mediano plazo puede ser positiva si la economía se normaliza. Ahora, en el corto, no veo un impacto muy importante».
El estancamiento, para Menescaldi, es el gran enemigo de la modernización laboral.
Marcelo Elizondo: «Hay que hacer todo a la vez»
Del otro lado del ring, Marcelo Elizondo se muestra optimista. Para él, la reforma «mejora las condiciones laborales». Pero también pone condiciones: «Se necesitan mejorar otros factores», como la tasa de inversión, la estabilización y la reaparición del crédito.
Elizondo es partidario de los shocks y no del gradualismo. «Esta reforma ayuda, pero no resuelve los problemas en soledad. Tiene que avanzar en conjunto con una reforma impositiva, estabilización macroeconómica, apertura de la economía y una desregulación. Todo debería ser coetáneo».
Para él, la reforma permite una mayor formalización y creación de empleo, pero «requiere inversión, mejora en el ámbito impositivo y una estabilización macroeconómica».
El fantasma de Fate: ¿anuncio de lo que viene?
El cierre de Fate, con 920 trabajadores despedidos y una conciliación obligatoria de por medio, se metió de lleno en el debate. Para Motyl, no es casualidad: «Esperaron el momento de desregulación para cerrar. No es anecdótico lo de Fate. Puede provocar una reacción en cadena».
Elizondo, en cambio, relativiza: «Es una empresa que tiene problemas desde hace muchos años. Venía teniendo problemas gremiales, sumado a los financieros».
Pero el fantasma ya está instalado. Si la reforma facilita el cierre de empresas, Fate puede ser solo el primero de una larga lista.
¿Qué viene ahora?
El 27 de febrero será clave. Si el Senado aprueba la ley, la reforma laboral será una realidad. Pero el impacto real en la economía, en el empleo y en la vida de los trabajadores recién empezará a verse después.
Mientras unos la celebran como el inicio de una nueva era de flexibilidad y crecimiento, otros la ven como una puerta de escape para empresas que ya no quieren o no pueden seguir operando en Argentina.
Lo único seguro es que el debate recién empieza.




