La diputada de Unión por la Patria desconectó cables de las grabadoras durante la sesión de la reforma laboral y ahora enfrenta un pedido de expulsión. «Fue una respuesta al autoritarismo de Menem», justificó. Llamó «cosplayer» a Lilia Lemoine y desafió al oficialismo.
La sesión en la que Diputados aprobó la reforma laboral tuvo un protagonista inesperado: los cables de las grabadoras de los taquígrafos. La diputada nacional Florencia Carignano (Unión por la Patria) los desconectó en medio del debate y desató un escándalo que ahora le puede costar la expulsión de la Cámara. Lejos de arrepentirse, la legisladora santafesina redobló la apuesta: «Lo volvería a hacer».
Según Noticias Argentinas (NA) , el pedido de expulsión fue presentado por La Libertad Avanza (LLA) bajo el argumento de «inhabilidad moral» y vandalismo contra el patrimonio del Estado.
«Fue una respuesta al autoritarismo»
En declaraciones radiales, Carignano defendió su accionar como una reacción ante lo que consideró un manejo autoritario del debate por parte del oficialismo. Según la diputada, las autoridades de la Cámara, encabezadas por Martín Menem, violaron el reglamento al no respetar los tiempos para el quórum y limitar el uso de la palabra de la oposición.
«Nos achicaban los oradores y no nos querían dar la palabra. Intentaron acelerar el tratamiento de la ley de manera vergonzosa para evitar el debate profundo», afirmó.
Y sentenció: «La gente se va a dar cuenta cuando vaya a pedir vacaciones y les digan que no».
«Es una estupidez comparado con la ley»
Para Carignano, el escándalo por los cables es una anécdota frente a la magnitud de la reforma laboral que se aprobó. «Es una estupidez», lanzó, y redobló la crítica contra el oficialismo.
También apuntó contra la diputada Lilia Lemoine, a quien describió como una «provocadora» puesta en el recinto para filmar y no para legislar. «Es una cosplayer, no una periodista», disparó Carignano, en un cruce que promete continuar en las redes y en los pasillos del Congreso.
Pedido de expulsión y defensa
Los legisladores oficialistas solicitaron formalmente la expulsión de Carignano de la Cámara baja, alegando que su conducta atentó contra el trabajo de los taquígrafos y contra el patrimonio del Estado. Pero la ex directora de Migraciones ratificó que su rol es «defender a los laburantes» y que las formas utilizadas en el recinto fueron una consecuencia directa de la falta de reglas claras en la conducción de la Cámara.
«Lo volvería a hacer», insistió, dejando claro que no se arrepiente y que está dispuesta a asumir las consecuencias.




