Alan Bopp tenía 21 años cuando fue apuñalado en Puerto Madryn por dos delincuentes que querían robarle su gorra. El autor material, Juan Colemil Navarro, fue condenado a 22 años. Su cómplice, Nicolás Hammond, recuperó la libertad tras cumplir 5 años y ya volvió a ser detenido por robar con inhibidores de señal. La familia de la víctima vive una pesadilla sin fin.
La tragedia comenzó una madrugada de Pascuas, en abril de 2020, y aún no termina. Alan Bopp, un joven de 21 años, salió a pasear a su perro junto a un amigo por el barrio Comercio IV de Puerto Madryn. Nunca imaginó que esa caminata sería la última.
Dos sujetos los interceptaron. Hubo una pelea. Uno de ellos, Juan Colemil Navarro, sacó un cuchillo y apuñaló a los dos jóvenes. El amigo de Alan sobrevivió con una herida en la espalda. Alan recibió un corte en el cuello y murió en el acto.
El móvil del crimen fue tan absurdo como brutal: robarle la gorra que llevaba puesta. Según ADNsur.
La condena y la libertad del cómplice
La investigación fue contundente. La gorra de Alan apareció en la casa de Nicolás Hammond, el cómplice. Las pruebas de ADN confirmaron sangre de la víctima en la ropa de Colemil. En 2022, el tribunal condenó a Colemil a 22 años de prisión por «homicidio en ocasión de robo». Hammond, en cambio, aceptó un juicio abreviado y recibió una pena de 5 años como partícipe secundario.
En junio de 2025, Hammond recuperó la libertad. Pero la reinserción no llegó nunca.
La reincidencia: robos con inhibidores y una nueva detención
Apenas dos meses después de salir de la cárcel, Hammond volvió a ser noticia. En agosto de 2025, fue detenido junto a otro sujeto por robar con inhibidores de señal en plena vía pública. La modalidad: bloquear el cierre de los autos para sustraer objetos del interior.
Las cámaras de seguridad los atraparon. Y la fiscal Melina Leiva no dudó: pidió prisión preventivapara Hammond, argumentando «peligrosidad procesal» y la necesidad de «prevenir la reiteración de hechos delictivos». La jueza María Alejandra Hernández hizo lugar al pedido.
Hammond, que había matado a Alan sin dar una puñalada pero acompañando a quien la dio, volvió a la cárcel. Esta vez, acusado de hurtos agravados.
La familia de Alan: vivir con el dolor y la indignación
Mientras la justicia sigue sumando capítulos a esta historia, la familia de Alan Bopp intenta mantener viva su memoria. Pero cada nueva noticia sobre Hammond es un golpe más.
«Es un dolor que no termina», repiten. El crimen por una gorra, la condena del asesino, la libertad del cómplice y su rápida reincidencia. Una rueda que no para y que impide el duelo.
Un sistema que no logra reinsertar
El caso deja preguntas incómodas sobre la capacidad del sistema penal para lograr una reinserción genuina. Hammond pasó 5 años preso y salió dispuesto a seguir delinquiendo. Su paso por la cárcel no cambió nada.
Mientras tanto, Alan sigue siendo recordado como el joven que murió por una gorra. Y su familia sigue esperando que la justicia, al menos, evite que esto vuelva a pasar.




