La pregunta sobre si el Banco Central puede alcanzar un ritmo de compra de US$ 1.000 millones mensuales de reservas divide al mercado. Aunque el flujo de la cosecha y las nuevas reglas cambiarias facilitan el camino, el costo de la deuda y la liquidez ajustada ponen un límite a la meta.
El objetivo declarado por la autoridad monetaria es ambicioso: acumular entre US$ 10.000 y US$ 17.000 millones durante 2026, según la demanda de pesos que logre la economía. Los primeros días del año marcaron un ritmo prometedor, con compras que ya suman US$ 515 millones, incluyendo una adquisición de US$ 187 millones solo el miércoles pasado. Según Noticias Argentinas.
Este impulso inicial, sin embargo, se enfrenta a un escenario financiero complejo, donde las necesidades de refinanciación del Tesoro y un riesgo país en alza imponen sus propias reglas.
El doble desafío: comprar reservas y financiar al Estado
La estrategia del Banco Central para acumular dólares opera en paralelo a la apremiante necesidad del Tesoro de renovar su deuda. Este miércoles, el Ministerio de Economía logró un «rollover» del 98% de los vencimientos por $9,37 billones, pero a un costo elevado: la tasa de una letra a corto plazo rozó el 49.16% anual.
Este éxito en la refinanciación tiene una cara dual. Por un lado, evita una inyección masiva de pesos que presionaría el tipo de cambio, creando un entorno más estable para que el BCRA compre dólares. Por el otro, confirma que la liquidez en pesos es escasa y cara, una condición que podría limitar la futura demanda de moneda local necesaria para que el plan de acumulación de reservas se sostenga. Analistas consultados por Infobae coinciden en que el mercado prioriza la liquidez y flexibilidad en un contexto donde el principal condicionante es la falta de pesos.
Un escenario externo con luces y sombras
Varios factores externos jugarán a favor y en contra de la meta de reservas. Como señala un informe de la agencia EFE, una cosecha de soja con buen volumen proporcionará un flujo natural de dólares al mercado, facilitando las compras del BCRA. Además, el nuevo esquema de bandas cambiarias, que ahora se ajusta por inflación, ofrece un marco más predecible. Para fines de enero, se estima que el techo de la banda superior esté en $1.564, dando espacio para que el dólar se mueva sin forzar una intervención vendedora del Banco Central.
No obstante, el panorama se nubla con el riesgo país, que se ubica en 586 puntos básicos, su nivel más alto en un mes. Este indicador, que mide la sobre-tasa que paga Argentina para financiarse en el exterior, actúa como un termómetro de la confianza internacional. Un nivel elevado no solo encarece cualquier eventual financiamiento, sino que también refleja percepciones de riesgo que pueden frenar inversiones y flujos de capitales necesarios.
Un camino posible, pero condicionado
La pregunta inicial sobre la capacidad de comprar US$ 1.000 millones mensuales no tiene una respuesta simple. Sí es técnicamente posible, especialmente con el impulso estacional de la cosecha y en un mercado cambiario que, por ahora, se mantiene «calmo» dentro de las nuevas bandas. La información oficial detalla que el BCRA planea sus compras de manera prudente, limitándose a un máximo del 5% de la operatoria diaria del mercado libre de cambios para no distorsionar la cotización.
Sin embargo, el costo fiscal de la deuda y la estructura financiera doméstica, caracterizada por tasas volátiles y alta preferencia por plazos cortos, son limitantes poderosos. El gobierno enfrenta una «pared» de vencimientos en los próximos meses, que requerirá continuas licitaciones. Si para refinanciarlas debe seguir ofreciendo tasas reales positivas muy altas, el espacio para una expansión controlada de la base monetaria —el motor detrás de la compra de dólares— se reducirá.
En última instancia, la acumulación de reservas dependerá menos de la voluntad del BCRA y más de un equilibrio macroeconómico más amplio: la capacidad de la economía de generar y retener dólares genuinos mientras se ordenan las cuentas públicas.




