El financiamiento de los cuarteles de bomberos voluntarios volvió al centro del debate público en medio de una temporada marcada por incendios intensos y reiterados
Rubén Oliva, presidente de la Federación de Bomberos Voluntarios del Chubut, explicó el origen legal de los fondos, su distribución nacional y las dificultades económicas que enfrentan los cuarteles ante emergencias cada vez más frecuentes, según LA17.
Un sistema de financiamiento que existe hace más de 30 años
Oliva aclaró que los fondos que reciben los cuarteles no son nuevos ni discrecionales: provienen de una ley vigente desde hace más de tres décadas. El dinero se recauda a través de las aseguradoras —excepto los seguros de vida— y Nación cumple un rol administrativo, distribuyéndolo entre 1.062 asociaciones de todo el país.
La distribución es uniforme y no contempla criterios de riesgo, población o ubicación geográfica. “Todos los cuarteles reciben la misma cantidad”, remarcó Oliva, lo que genera tensiones en provincias como Chubut, donde los incendios forestales son recurrentes y de gran magnitud.
Incendios más frecuentes, costos más altos
El presidente de la Federación explicó que los cuarteles enfrentan gastos crecientes por su participación constante en incendios forestales. El desgaste de vehículos, herramientas y equipos de protección personal implica inversiones permanentes.
Entre los costos más elevados mencionó:
- Vehículos forestales, que pueden superar los 60 millones de pesos.
- Indumentaria ignífuga obligatoria, sin la cual los bomberos no pueden intervenir.
- Reparación y reposición de materiales, que se deterioran en cada operativo.
“Los cuarteles utilizan capital año a año para recuperar material que se va rompiendo”, señaló Oliva, subrayando que los montos pueden parecer altos fuera de contexto, pero son indispensables para operar con seguridad.
Condiciones extremas y desgaste humano
El escenario climático actual —altas temperaturas, sequedad extrema y vientos cambiantes— favorece reactivaciones constantes y aumenta la demanda sobre los cuarteles. “Lo seco que está todo es terrible”, advirtió Oliva, recordando que incluso tareas habituales pueden derivar en incendios por descuidos mínimos.
El desgaste físico y emocional también es significativo. Muchos bomberos son cuentapropistas y deben dejar sus trabajos durante días para combatir el fuego. “Hay gente que ha dejado de trabajar 10 o 12 días”, explicó, justificando la necesidad de relevos para evitar agotamiento y garantizar disponibilidad en toda la provincia.
El rol fundamental de las familias
Oliva destacó que detrás de cada bombero hay un sostén silencioso: “Sin la familia tampoco termina de funcionar un cuartel”. El acompañamiento ante ausencias prolongadas y la incertidumbre diaria es clave para sostener un sistema que se apoya, sobre todo, en el compromiso voluntario.
Mientras los incendios se vuelven más frecuentes y complejos, los cuarteles de bomberos enfrentan un financiamiento que no siempre acompaña la realidad operativa. La combinación de costos crecientes, desgaste humano y condiciones climáticas adversas vuelve indispensable revisar el sistema para garantizar la respuesta ante emergencias en todo el país.




