Los desplazamientos de tierra que mantienen en vilo a los barrios Médanos y Sismográfica no son una fatalidad climática, sino la consecuencia de décadas de urbanización en zonas con riesgo geológico documentado.
Expertos advierten que la ciudad está pagando ahora el precio de haber ignorado informes técnicos y estudios académicos que prohibían esas construcciones. Según La17.
La inestabilidad del suelo en Comodoro Rivadavia ha dejado al descubierto una realidad cruda y evitable. Los graves desplazamientos que afectan a los barrios Sismográfica y Médanos son el resultado directo de una política de ocupación territorial que, durante años, desoyó sistemáticamente las advertencias científicas. Según el análisis del geólogo Fernando Locci, se trata del caso paradigmático de la «urbanización de lo prohibido»: se construyó donde estudios del Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) y convenios con la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco ya indicaban un riesgo inminente .
Locci es contundente al afirmar que «todo lo que estaba prohibido se hizo, y ninguna de las sugerencias se respetó». La zona de Sismográfica, de hecho, fue utilizada durante décadas como un laboratorio a cielo abierto para estudiantes de geología, precisamente como el ejemplo perfecto de dónde no se debe edificar. La modificación del relieve para ampliar terrenos, sumada a la infiltración de agua por pérdidas en las redes, alteró el equilibrio natural del suelo, provocando el desastre actual.
La física simple y devastadora detrás del desastre
El fenómeno responde a una lógica física simple pero implacable. Al cortar el pie de una ladera para desarrollar proyectos inmobiliarios, se elimina el soporte natural que la sostiene. Si a esta alteración mecánica se le suma el ingreso de agua por filtraciones cloacales o riego, el terreno pierde fricción y comienza a desplazarse inevitablemente en busca de un nuevo punto de reposo.
Muchos vecinos convivieron durante años con pequeñas grietas en sus paredes, naturalizando un proceso lento de inestabilidad. Locci cuestiona incluso la calidad de obras públicas recientes, como la proyección de reservorios de agua en sectores ya identificados como inestables. «En lugares donde hay que evitar el ingreso de agua, se proyectaban reservorios. Eso demuestra que no se aprendió de los estudios previos», remarcó .
El escenario para el próximo invierno se presenta complejo. Las lluvias funcionan como un acelerador al lubricar las superficies de deslizamiento a través de las grietas ya existentes, pudiendo generar nuevos movimientos en sectores laterales que hoy parecen estables .
Un problema extendido y la necesidad urgente de un cambio de paradigma
La situación en Comodoro no es un caso aislado. El artículo señala que el caso del barrio Castelli, donde el suelo avanzó desde el patio hacia el interior de una vivienda, es solo un recordatorio de una problemática extendida en la ciudad. La crisis actual reaviva el temor de que otros puntos urbanos sufran procesos similares si no se cambia el enfoque.
Para los especialistas, la geología debe dejar de ser una consulta secundaria para convertirse en el eje central de cualquier planificación urbana. Esto implica dejar de otorgar permisos de construcción en laderas que, por su propia naturaleza, tienden al movimiento.
El futuro de las casi 200 familias evacuadas permanece en una zona de total incertidumbre. Su regreso dependerá de estudios geológicos detallados que determinen si es posible estabilizar el suelo o si la zona debe ser declarada definitivamente inhabitable.
Frente a un historial de incumplimientos, la recomendación técnica final es clara e insta a los ciudadanos a ser proactivos. Antes de invertir en zonas de ladera, deben solicitar estudios particulares para conocer la situación real de sus terrenos. «La geología es un condicionante fundamental. Ignorarla nos lleva, una y otra vez, a pagar costos muy altos», concluyó Locci. La emergencia actual, cuyas respuestas parecen estar en expedientes archivados hace veinte años, obliga a una revisión profunda de cómo se proyecta el Comodoro del futuro.




