En la primera línea de combate contra los incendios, no solo están las máquinas y las herramientas. También están los cuerpos y las vidas de los brigadistas, que tras extensas jornadas luchando contra el fuego en Puerto Patriada, encuentran un refugio esencial en el Hospital Rural de El Hoyo.
Durante el repliegue del sábado, este centro de salud se convirtió en un punto neurálgico de contención, brindando asistencia integral a decenas de combatientes que llegaron con desgaste extremo, lesiones y secuelas de la exposición constante al humo. Según LA17, la atención no solo fue médica, sino profundamente humana, enfocada en «cuidar a quienes cuidan».
El operativo sanitario fue coordinado y abarcador. Médicos clínicos y una neumonóloga trabajaron en conjunto para evaluar a cada brigadista, con especial énfasis en las vías respiratorias y la detección de toxicidad por inhalación de humo. Se realizaron controles específicos, incluso sobre la ropa de trabajo, para medir los niveles de exposición y prevenir complicaciones futuras. Además de las consultas respiratorias, el equipo realizó lavados nasales y oculares, higiene de pies exhaustiva y revisiones generales que permitieron identificar y tratar lesiones como ampollas y heridas que, en medio de la emergencia, suelen pasar inadvertidas.
Un abordaje integral: desde lo respiratorio hasta el agotamiento muscular
La atención en el Hospital de El Hoyo demostró que el desgaste de los brigadistas es multifacético. Junto a los problemas respiratorios, el personal sanitario atendió numerosos casos de malestares gastrointestinales, como diarrea y molestias estomacales, síntomas comunes por estrés, deshidratación y cambios en la alimentación durante la emergencia. Para cada situación, se administró la medicación necesaria para estabilizar a los pacientes antes de que pudieran descansar o, en algunos casos, regresar al frente de fuego.
Uno de los servicios más valorados fue el área de kinesiología. Allí, los brigadistas recibieron masajes y tratamientos especializados para aliviar el intenso cansancio muscular acumulado, particularmente en piernas y espalda, tras horas de caminar y trabajar en terrenos escarpados e irregulares. Este espacio de rehabilitación física se volvió crucial para descomprimir los cuerpos y permitir una mínima recuperación que les permitiera continuar con su agotadora tarea.
La salud pública como pilar invisible del combate contra el fuego
Mientras los titulares se centran en las llamas y los recursos aéreos, el trabajo silencioso del Hospital Rural de El Hoyo revela un pilar fundamental, aunque a menudo invisible, de la gestión de catástrofes: la salud pública presente. El equipo sanitario trabajó «sin estridencias», con la clara lógica de que para sostener el esfuerzo colectivo en el campo, era imperativo cuidar la integridad física de quienes lo llevan a cabo. El hospital se transformó en un «espacio de pausa y reparación», donde la urgencia se medía en respiraciones más tranquilas y músculos menos tensos.
Esta labor no suele ocupar portadas, pero es indispensable. Mientras el incendio sigue activo en la cordillera, el profesionalismo y la vocación de servicio del personal de salud en El Hoya permiten que la cadena humana de combate contra el fuego no se quiebre. Su trabajo asegura que los héroes anónimos que enfrentan las llamas tengan, al menos, un lugar donde recuperar fuerzas y ser atendidos con el respeto y la dedicación que merecen.




