Los sectores industriales y de la construcción de la Argentina cerraron noviembre de 2025 con cifras preocupantes, confirmando un enfriamiento económico significativo y proyectando un horizonte sombrío para los próximos meses.
Mientras que la industria manufacturera completó su quinto mes consecutivo en caída, la construcción experimentó un frenazo marcado, con la mayoría de las empresas sin esperar mejoras en el corto plazo.
Según Noticias Argentinas, el Índice de Producción Industrial manufacturero (IPI manufacturero) registró una caída interanual del 8.7% en noviembre. Peor aún, en la medición mensual respecto a octubre, la actividad fabril se contrajo un 0.6%, evidenciando una tendencia negativa consolidada. A pesar de un acumulado anual aún positivo del 2%, este resultado es impulsado por un fuerte primer semestre que ya parece lejano.
El escenario es igualmente desafiante para la construcción. El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) cayó un 4.7% interanual en noviembre, marcando solo la segunda baja en todo 2025 pero, de manera más reveladora, se desplomó un 4.1% respecto al mes anterior. Este dato «desestacionalizado» sugiere un enfriamiento abrupto en la dinámica del sector hacia el cierre del año.
Un diagnóstico sectorial: la industria en rojo y la construcción con síntomas mixtos
El retroceso industrial es generalizado, con caídas que afectan a casi todos los rubros. Los sectores más golpeados fueron los textiles (-36.7%), los productos de metal (-18.6%), y la maquinaria y equipo (-17.9%). La emblemática industria automotriz también sufrió un duro golpe, con una contracción del 23% interanual en vehículos y autopartes. El único segmento que mostró un desempeño positivo fue la refinación de petróleo, con un crecimiento del 6.3%.
En la construcción, la historia se cuenta a través de los insumos. El consumo refleja una marcada divergencia: mientras materiales básicos para viviendas como los ladrillos huecos cayeron un 19.3% y el cemento portland retrocedió 4.7%, otros vinculados a obras de mayor complejidad, como los artículos sanitarios de cerámica (+33.2%) y el hormigón elaborado (+19.7%), mostraron alzas significativas. Esto sugiere que las obras de infraestructura o industrial mantienen cierto dinamismo, a diferencia de la construcción de viviendas tradicional.
Expectativas empresariales: cautela y reclamos por la carga fiscal
La perspectiva a corto plazo es de extrema cautela. La Encuesta Cualitativa de la Construcción realizada entre grandes empresas revela que, para el trimestre diciembre-febrero, el 68.5% de las firmas de obra privada prevé que el nivel de actividad no cambiará, y solo un 13% espera algún aumento. En obra pública, las expectativas son marginalmente mejores, con un 21.9% anticipando crecimiento.
Los empresarios identifican como principales obstáculos la caída de la actividad económica general y los altos costos de la construcción. Sus principales reclamos al gobierno apuntan a reducir cargas fiscales (27.7%) y garantizar la estabilidad de precios (22.4%) como claves para cualquier reactivación.
¿Qué se viene en 2026? Un año de interrogantes y posible transición
El sector constructor enfrenta 2026 con grandes interrogantes, aunque con algunas señales que podrían atenuar el pesimismo. Por un lado, el empleo registrado en el sector privado creció un 3.5% interanual en octubre, y la superficie autorizada por permisos de edificación aumentó un 4.1% en el mismo mes. Estos son indicadores «adelantados» que, con rezago, podrían traducirse en mayor actividad.
Además, el aumento sostenido en los costos de la construcción —que acumulan una suba del 94% desde octubre de 2023— podría impulsar una transición hacia sistemas alternativos como la construcción en seco, que se presenta como una opción entre un 12% y 15% más económica que la tradicional.
Las cifras de noviembre pintan un cuadro complejo para dos de los principales motores de la economía argentina. La industria parece encaminada a una recesión técnica, mientras la construcción, tras una recuperación en 2025, muestra signos claros de fatiga. La capacidad de respuesta del sector privado, sumada a políticas que alivien la presión fiscal y de costos, será determinante para saber si esta desaceleración es un tropiezo temporal o el inicio de una etapa más prolongada de estancamiento.




